IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

11 de Septiembre de 2017

La respuesta que pone fin a todas las preguntas

Mi hijo Jude hace muchas preguntas. Según he aprendido, es algo común en niños que han sido adoptados en la medida en que ellos crecen, y lo entiendo perfectamente. Un nuevo país. Un nuevo idioma. Nuevos padres. En esa situación, yo también haría muchas preguntas.

Estoy contenta de responder lo mejor que puedo, las preguntas de Jude sobre su nuevo mundo. Ocasionalmente, me pregunta acerca de cómo funcionan algunas cosas (y mi respuesta suele ser, ¡no tengo ni idea Jude, pregúntale a papá!) o como en aquella ocasión cuando me preguntó por qué las personas usan esa horrible decoración de Halloween: “Honestamente, Jude, ésa es una grandiosa pregunta, hijo; pero ni siquiera yo misma logro entenderlo!”

En la medida en que queremos satisfacer la curiosidad de Jude sobre su nueva vida, también queremos enseñarle que puede confiar en que nosotros, sus padres, satisfaremos fielmente sus necesidades. Por eso, en algunas ocasiones en que hace la misma pregunta una y otra vez, o quiere conocer detalles insignificantes que él mismo descubrirá en unos minutos, le doy la misma respuesta que mis padres me daban “Ya verás”.

“Mami ¿qué vamos a cenar?”

“Ya verás.”

“Mami ¿a cuál tienda vamos después?”

“Ya verás.”

“Mami ¿cuántos minutos faltan para tener mi tiempo libre?”

“Ya verás.”

Nos hemos esforzado para ser consistentes y predecibles en nuestra crianza; así, aunque imperfectos como somos, Jude sabe que le daremos su cena, que siempre regresaremos a casa, y que (casi) siempre tomaremos un tiempo de descanso de las clases, a media mañana.

Pero mientras trato de enseñar a Jude que puede confiar en nosotros, he empezado a ver, tristemente, cuán poco confío en mi Salvador, a veces.  Las incesantes preguntas de Jude son entendibles para un niño de ocho años que solamente tiene nueve meses de haber iniciado una nueva vida, pero con cuánta frecuencia asedio a mi Padre Celestial con preguntas ansiosas, sin tener ninguna excusa como la de Jude.

“¿Qué vas a hacer ahora, Señor?”

“¿Adónde me estás llevando?”

“¿Cuándo terminará esto?”

Y no Le hago estas preguntas solo una vez; y las repito una y otra vez, y otra vez y otra vez. Y con mucha frecuencia, Dios me responde con la misma respuesta que doy a Jude, “Ya verás”.

Siendo honesta, no me gusta esa respuesta, así como sé que no le gusta a Jude. Y aun así, cuando me quejo de la respuesta de Dios, me pierdo de ver la abundante misericordia que yace detrás. “Ya verás” ¡es una promesa! Una promesa gloriosa, ¡asegurada para mí en la cruz! ¡Ya veré! Porque he sido adoptada en la familia de Dios, a través de la muerte expiatoria de Jesús a mi favor, ¡un día veré a Dios!

“Mirad cuán gran amor] nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos. Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a El porque le veremos como Él es.” (1 Juan 3:1-2).

Puede que hoy no lo vea todo. Pero puedo ver el amor del Padre. Y tengo esta esperanza segura y confiada de que un día Lo veré tal como Él es. Y seré como Él es. Debido a que he sido adoptada, yo veo. Y debido a esa misma adopción, yo veré. ¡Qué gozo!

Por eso oro que un día mi hijo, Jude, vea el amor del Padre y se regocije en Su respuesta a todas nuestras preguntas “Ya verás”.  

 

Nicole Whitacre

 

Traducido con permiso de girltalkhome.com

Visto 23 veces