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11 de Octubre de 2017

La iglesia local necesita mujeres

Mi esposo y yo hemos comenzado una nueva jornada después de haber servido por años dentro de la Iglesia local donde fuimos enseñados e instruidos en la Palabra de Dios desde nuestra niñez y adolescencia, y por supuesto donde nos conocimos, nos enamoramos y nos casamos.  En nuestra iglesia hemos compartido alegrías y tristezas, abundancia y escases, ganancias y pérdidas, ellos se convirtieron en verdaderos hermanos, nuestra familia en la fe.

Mi esposo fue nombrado como pastor a tiempo completo en el 2010, por la gracia de Dios. Empezamos a caminar esa etapa con el deseo de agradar a Dios por sobre todas las cosas y en segundo lugar bendecir al pueblo de Dios dentro de nuestra Iglesia local. Amábamos nuestra Iglesia, y deseábamos servir con diligencia frente a cualquier necesidad.

Como mujer y esposa de pastor tenía mi mente llena de buenas ideas, propuestas innovadoras para implementar en diferentes áreas de la vida de la Iglesia; un apasionado deseo de servir y mejorar lo que pensaba que debía ser cambiado. No había nada malo en todo esto, la necesidad de implementar proyectos era imperante a mis propios ojos, pero no a los ojos de Dios. La idea de ser la esposa del pastor, me abrumaba, pensaba que yo debía estar ministrando o sirviendo porque esa posición me lo demandaba. En medio de todas mis inquietudes, sabía que Dios podía usar mi vida como mujer dentro de mi Iglesia.

Esto fue lo que aprendí por 7 años como esposa de pastor:

1- Eres esposa y madre: el primer ministerio que toda mujer casada tiene es el de amar a su esposo y sujetarse a él y si es madre de amar a sus hijos. Independientemente del ministerio que ella desempeñe dentro de su iglesia local, toda mujer ha sido llamada a servir primero en su casa. Agradezco a Dios por haber abierto mi entendimiento acerca de este mandato al mostrarme por las Escrituras su voluntad para mi vida como esposa y madre.  “Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte, no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien, que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadoras de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.” (Tito 2:3-5)RVR. El apóstol Pablo le escribe estas palabras a Tito a quien considera su hijo en la fe en cuanto a lo que debe enseñar como líder a las mujeres. También Pablo  escribió en la carta a los Corintios: “Hay así mismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.” (1Co 7:34), y también escribe a la iglesia en Éfeso: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos como al Señor.” (Ef 5:22) Cuando una mujer,  se envuelve en muchas actividades, proyectos y ministerios dentro de la iglesia local puede poner en peligro su primer llamado y ministerio como esposa y como madre. No es correcto pensar que la esposa del pastor debe involucrarse en todas las actividades que se lleven a cabo, porque al igual que otras mujeres  no debe descuidar su primer llamado como esposa y madre. Dios se glorifica cuando obedecemos sus mandamientos. El estar pendiente de las necesidades de mi esposo y de mis hijos fue una prioridad en mi vida y confío que Dios me ayudará a depender de El para servir a mi familia como mi primer ministerio.

2- Eres parte de un cuerpo espiritual, la Iglesia local. La esposa del pastor también ha venido a ser parte de un cuerpo espiritual que es la iglesia de Cristo. Así lo dice el Apóstol Pablo: “Vosotros, pue, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” 1 Co 12:27  (RVR). El Apóstol Pablo relaciona a la iglesia con un cuerpo, donde todos los miembros permanecen unidos con un objetivo aunque no todos son iguales y tienen diferentes funciones. Conocer esta verdad fue de ánimo para mi corazón pues entendí que el título de esposa de pastor no me ubica en una posición alta o baja, simplemente Dios en Su gracia me dio dones (como lo ha hecho con otras mujeres) diferentes a los de mis otras hermanas pero todas somos valiosas dentro de la Iglesia. Nuestras funciones serán diferentes pero el propósito final al colaborar y servir juntas debe ser glorificar a nuestro Dios. “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos.” 1Co 12:4-6  (LBLA). Como esposa de pastor fui muy desafiada al ver la labor de muchas mujeres dentro de mi iglesia mientras ejercitaban sus dones con gracia para bendición  dentro del cuerpo de Cristo. Servir junto a ellas me permitió entender esta gran verdad de la que el Apóstol Pablo habló a los Corintios, cada miembro se une para un bien común, con un solo propósito, exaltar el nombre de Cristo.

3- Eres bendecida al estar bajo autoridad. Todo miembro de una iglesia es puesto bajo autoridad y esto es una bendición. La principal autoridad es Cristo, El es la cabeza del cuerpo, Efesios 5:23 “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo.” (LBLA) Sin embargo en el orden perfecto y sabio de Dios ha establecido pastores y líderes, autoridades designadas por El para el engrandecimiento de Su reino.  El escritor de Hebreos dice: “Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros.” (Heb 13:17 LBLA) Toda mujer dentro de su iglesia debe considerar como una bendición estar bajo autoridad, la esposa del pastor no es la excepción. No siempre fue fácil para mi someterme gozosamente a las autoridades que Dios estableció en Su soberanía dentro de mi iglesia, pero puedo decir que Su gracia es suficiente para ayudar a todos Sus hijos quienes con humildad le piden ayuda para someterse a Su voluntad. La rebelión es el pecado que como mujeres heredamos de Eva, somos propensas a desafiar la autoridad constantemente, pero Dios quiere mostrarnos Su gracia en nuestra debilidad y así glorificarse a través de nuestras vidas.

4- Sirve a las personas no a un título o a una posición. La esposa de pastor puede ser tentada a servir a los demás desde una posición en vez de vivir con ellos la vida cristiana. Aunque el llamado de pastorear la iglesia es para el hombre, la esposa del pastor tiene una gran oportunidad de bendecir al cuerpo de Cristo con los dones que Dios le ha dado. Ella es otra mujer dentro de la iglesia que necesita ser instruida y debería instruir a otras, ella no es mejor que las otras mujeres, ella debe vivir en la libertad que Dios le ha dado mostrando sus debilidades y pecados delante de los demás. Ella no debería pretender tener toda su vida ordenada y arreglada, si lo hace puede caer en hipocresía viviendo una vida basada en recompensas y buenas obras. Como esposa de pastor fue un deleite experimentar la gracia del Señor levantándome día a día cuando mi pecado me hacía fallar. Mi esposo me ha visto pecar, mis hijos, mi familia y todos aquellos que me rodean también.  Creo que a esto el Pastor John Piper le llamaría “no desperdicies tu vida como esposa de pastor”. ¿Cómo se puede desperdiciar? Olvidando servir a otros, como Cristo lo hizo con sus discípulos. Él los amó, los ayudó, les enseñó, los soportó, hizo largas caminatas con ellos, navegó con ellos, comió con ellos y se entregó por ello. En Efesios 5:1-2 dice: “Sed pues imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (RVR) Este es el deseo de Dios para todos sus hijos independientemente de su ministerio, que imiten el servicio sacrificial en amor como Cristo. No tuve ministerios exitosos ni de renombre, pero más que eso Dios me bendijo rodeándome de mujeres espectaculares dentro y fuera de mi iglesia. Dios me concedió  ayudar a mujeres jóvenes solteras, lloramos, reímos y oramos juntas. También mis amigas contemporáneas con quienes batallamos en la carrera de la maternidad, ellas oraban por mí y me levantaban los ánimos cuando me encontraba débil, me ayudaron a levantar mis ojos al Señor, también me exhortaron en amor cuando veían una falta en mí, son mis compañeras de batalla y ahora las extraño.  Aunque parece extraño hoy en día dentro de las iglesias, fui privilegiada al tener amigas mayores (Ancianas), ellas me escucharon y yo también a ellas. Fui edificada al conocer sus luchas y temores, esto me ha ayudado a comprender que la vida cristiana es una verdadera carrera, la cual terminará hasta el último día de nuestras vidas en esta tierra o hasta que cristo venga por segunda vez. Estar cerca de estas mujeres permitió que pudiera crecer en humildad, amor y servicio sacrificial. Cristo dejó Su trono, dejó su posición de Rey y se hizo como uno de nosotros, dejo su principal deleite: estar cerca de Su Padre, pero se humilló y fue obediente hasta la muerte. Dios me mostró que yo debía hacer lo mismo, baja de tu posición y sirve a otros, deja tu comodidad y entrégate en amor dando gracia a todos los que te rodean. He tomado estas palabras de Nancy Leigh DeMoss para mi propia vida: “¿Qué es lo que la gente más recordará acerca de mí? ¿Recordarán que pude hacer muchas cosas a la vez? ¿Qué puedo hacer todo tipo de tareas y trabajos? ¿Recordarán que fui una gran oradora? ¿Que fui una autora? ¿Recordarán que fui líder en Aviva Nuestros Corazones? ¿Recordarán que tuve muchos talentos y habilidades o que podía lograr muchas cosas? ¿Sabes cómo quisiera que todos me recuerden? Nancy fue una sierva humilde y amorosa. Ella limpió mis zapatos. Ella se ensució las manos. Ella se involucró en mi vida. Ella ministró de forma práctica a mis necesidades. Me amó. Ella dio. Ella sirvió. No fue egoísta. Ella fue una sierva. ¿Que recordará la gente de ti? ¿Recordarán que fuiste una sierva? ¿Que recordarán tus padres, jovencita, cuando te vayas a la universidad? ¿Recordarán que les serviste? ¿Te extrañarán porque eras tan buena sierva en tu casa? ¿Que recordará la gente de ti, mamá, abuela? ¿Que fuiste una sierva? Que cada persona use el don que Dios le ha dado para servir a otros como buenos mayordomos de la gracia de Dios. El que sirve, hágalo por la fuerza que Dios provee, que en todo, Dios sea glorificado a través de Jesucristo”. (Nancy Leigh DeMoss)

Ahora ya no tengo el título de esposa de pastor, ahora soy la esposa de un estudiante de seminario (Sem-Wife), y le pido a Dios que me siga llenando de Su gracia para “no desperdiciar mi vida como esposa de estudiante de seminario”, sino que pueda vivir la vida cristiana conforme a las Escrituras, siguiendo el ejemplo de Cristo, puestos mis ojos en el galardón que es eterno. Sin olvidar que la Iglesia sigue necesitando mujeres llenas de gracia, que puedan extender gracia a otros. Así como Pablo escribió a los Filipenses: “Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil 3:13-14) LBLA. Tenemos un llamado supremo en Cristo, nuestro llamado no es a posiciones o títulos terrenales, sino a entregarnos en servicio a otros por amor a Él. 

 

 

Magali de González

Doctora en Medicina y ama de casa. Su país de Origen es El Salvador.  Actualmente vive en la ciudad de Minneapolis, Minnesota, con sus hijos René (9), Alicia (8) y su esposo René González quien está cursando sus estudios de Maestría en Divinidad en el Bethlehem College  and Seminary.

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