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18 de Enero de 2018

La iglesia y yo (3ra Parte)

Por 

(Continuación de la segunda parte sermón pastor Héctor Salcedo)

¿Te animas a comentarnos cómo esta serie ha ido impactando tu vida? ¿Cuáles resoluciones has tomado con lo aprendido? ¿Cómo te ha movido a orar por algunas áreas de tu vida?

¡Tu testimonio puede edificar a muchas!

En los artículos anteriores de esta serie aprendimos cuál podría ser la definición de Jesús de qué es la iglesia, basada en sus propias afirmaciones de Mateo 16:13-18 y Mateo 18:15-20 (lee los textos para una mejor comprensión):

Un grupo de personas redimidas por Cristo, propiedad de Cristo, y llamadas por Cristo a ser diferentes al mundo que tiene una garantía de victoria por encima de todo, con el deber mutuo de velar los unos por los otros en su caminar de santidad.

Además, algunas metáforas bíblicas sobre la iglesia e iniciamos a revisar cómo luce una mujer cristiana comprometida con la iglesia de Cristo cuando se involucra con la misma.

¿Te evaluaste a ti misma?

¿Cómo estuvieron tus resultados?

¿Qué piensas hacer con los mismos?

¿Cuáles pasos el Señor te ha indicado que debes dar? 

Recuerda que cada vez que el Señor te muestra un área donde no has estado andando bien no es para que te quedes allí culpándote sino porque te está extendiendo Su amorosa mano para que salgas del lugar donde te has estancado. ¿Le confesarás tu pecado, tomarás Su tierna mano y seguirás adelante con Él?

Sigamos ahora con nuestra autoevaluación para saber cómo luce nuestro nivel de compromiso con la amada de Cristo, Su Novia, la iglesia de la cual somos parte y donde tenemos un rol que jugar.

2) Pertenecer formalmente a la iglesia

  1. a) ¿Has formalizado tu membresía en la iglesia?
  2. b) ¿Sabes que perteneces a ese cuerpo? ¿Actúas como si así fuera?
  3. c) ¿Cuál es tu nivel de participación en la vida de la iglesia?
  4. d) ¿Conoce la iglesia quién eres?
  5. e) ¿Saben tus pastores y líderes cómo ministrar correctamente a tus necesidades?
  6. f) ¿Estás esperando hasta encontrar la iglesia perfecta?
  7. g) ¿No quieres comprometerte?
  8. h) ¿Compartes tu caminar con otros creyentes?
  9. i) ¿Crees que formalizar tu membresía en la iglesia no es bíblico? Lee los versículos que se mencionan más adelante.

La iglesia no es un evento para espectadores; es un caminar donde nos acompañamos, requiere que visite más allá de los domingos, pero también una disposición de conocer, de darme a conocer, de compartir mi vida.  “Amaos los unos a los otros”, “perdonaos los unos a los otros” donde primero se practica es en la iglesia, se aprende, pero también se pone en práctica. Responsabilidad mutua de ayudarnos a crecer los unos a los otros. Eso no se logra quedándonos en la periferia.

Formalizar esa pertenencia no es un simple papel, es una declaración de compromiso frente a ese cuerpo de Cristo, de dar y darme a esa iglesia local. Dar me hace bien, pues,

Indicaciones en la Palabra de que sí había un registro o conteo de personas en las iglesias (Hechos 2:41, Hechos 4:4), en Romanos 16 Pablo escribe recomendando a Febe para que la reciban en la iglesia del lugar donde se iba a mudar; así mismo lo vemos en 2ª Corintios 3:1; en 1ª Timoteo se habla de la lista de viudas, en Hebreos 13:17 se habla de que los pastores deben dar cuentas de las ovejas; pero ¿cómo van a dar cuenta de alguien si no saben quiénes son?  ¿cómo pueden saber por quién orar, si nos mantenemos en anonimato?

Testimonio de María Luisa Pedemonte

Durante años pospuse hacerme miembro de la iglesia y me mantuve asistiendo como si se tratara de buscar una orden en la ventanilla de comida para llevar; solo recibiendo del Señor. Al integrarme a grupos pequeños de estudios bíblicos de mujeres, fui conociendo otras hermanas mientras el Señor me impulsaba a darle la prioridad a Él, pues, ya que tengo vida por Él, debo vivir para Él.

Algunas razones por las cuales te invito a integrarte formalmente en tu iglesia local:

  1. a) ¿Por qué solo asistir como si la iglesia fuera un restaurant de comida para llevar, sin preocuparme cómo camina Su obra? No estamos aquí solo para ser servidas sino para servir. Por la salvación en Cristo ya soy miembro de Su cuerpo, no integrarme me convierte un miembro disfuncional; permanezco como un adorno mientras al cuerpo de Cristo le hace falta lo que puedo dar; soy una pieza en ese rompecabezas y debo ocupar mi lugar cumpliendo el propósito para el cual Dios me ha llevado allí.
  2. b) El dolor por malas experiencias anteriores no debe impedirte formalizar tu participación en una nueva iglesia de sana doctrina;
  3. c) No tengas miedo de desterrar los ídolos que no quieres dejar y pon al Señor en primer lugar; vence el miedo al compromiso, a formar parte y a tener que conocer personas de la iglesia.

Y tú, ¿pudiste identificar cuál es tu excusa a la falta de conexión con tu iglesia o para no formalizar tu participación en tu iglesia local,?

 

 

EZER

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