IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

12 de Marzo de 2018

Bondades de que Dios intercepte tus anhelos de mujer

Por  Pamela Mirabal

A propósito de la celebración del día internacional de la mujer la semana pasada (antes llamado Día Internacional de la Mujer Trabajadora debido a la decisión de la Organización de las Naciones Unidas de institucionalizarlo), en todas partes nos felicitan… y si les pasa como a mí, quizás ni sepan cómo responder. Una celebración que conmemora la lucha de la mujer por su participación en la sociedad, en pie de igualdad con el hombre y en su desarrollo íntegro como persona[1].

En días como éste, recuerdo la manera en que Dios misericordiosamente ha tratado conmigo con quién soy en El, con mis anhelos, con mi feminidad, con ser esposa, con ser madre, ser doctora. Dios me hizo mujer y esto no implica solo que tengo dos cromosomas de X, dando una configuración de XX, o que fenotípicamente tengo características femeninas, sino que en mi interior puso anhelos más allá de un esposo.

Fue luego de un sermón sobre el diseño de Dios para el hombre y la mujer cuando el Señor me habló claramente, fui muy confrontada respecto a cuál sería mi decisión. Ya era una hija de Dios, esposa, doctora y estaba en el proceso de decidir una especialidad. Fue ese día cuando empecé a ver un presente en el que debía empezar a tomar decisiones para un futuro no tan lejano. Me comprometí a vivir por la causa de Cristo, rendir mi vida y a entregarle a Él, todos y cada uno de mis anhelos:

1. Deseaba ser madre, pero al mismo tiempo quería cumplir mis metas profesionales para ser reconocida laboralmente, y ¿por qué no? disfrutar de los beneficios económicos resultados de mi profesión…al igual que mi esposo quien también es doctor.  

2. Quería ser madre, no sabía en qué momento ni de cuántos, pero sí sabía que quería tenerlo todo, mientras tanto estaba despertando a la nueva idea de que no podría tener todo lo que en ese tiempo era de gran valor para mí.

3. Fue ahí cuando empezó un proceso de importantes decisiones, una tras otra, de las cuales hasta el día de hoy estoy observando sus frutos. Tenía muy claro que debía agradar al Señor en cada una de mis decisiones, recordaba lo que nos dice Marcos 12:30 “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con toda tu fuerza”, para mí no había puntos grises.

4. Entre éstas, decidí menguar en cuanto a mis prioridades profesionales y apoyar en todo a mi esposo, lo que quizás implicaría una serie de confrontaciones conmigo misma y con las figuras importantes en mi vida.

5. Estas decisiones trajeron tiempos diferentes a nuestro matrimonio; hoy me asombra ver cómo Dios se glorificó, nos guardó y proveyó.

6. Empezaron a llegar nuestros hijos, uno detrás de otro. ¡Hoy somos una familia de cinco!

7. Dios fue preparando mi corazón con cada pequeña decisión por Él, por priorizar ser una mujer conforme a Su Palabra.

8. Ahora, al considerar cualquier labor me detengo a analizar mis motivaciones, frente a Su Palabra “que es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino” según Salmos 119:105.

Me encantaría decir que cada día resulta más fácil, pero engañoso es mi corazón y pecadora redimida sigo siendo cada día. Si no miro la cruz, a mi Gran Salvador, dejo de reconocer la gran pecadora que soy.

Mi sueño de ser madre se cumplió, pero para serlo de una manera que responda a lo que el Señor espera de mí, muchos NO han tenido que salir de mi corazón:

  1. a) Limitar mis horarios de trabajo;  
  2. b) Dejar de asistir a actividades de capacitación, congresos, charlas;  
  3. c) Suprimir casi a cero nuestros gastos fuera de lo básico y necesario;   
  4. d) Despertar mucho más temprano de lo que quisiera; o, dormir poco para no quitarles a mis hijos el tiempo que les corresponde (esto ha sido retador);

Por la gracia de Dios he podido ver Su bondad cada día. Como ocurre cuando escucho a mi segunda hija responder que cuando sea grande ¡quiere ser mamá! Mi corazón salta de alegría, no por que quiera ser abuela, sino porque experimento reafirmación de parte del Señor al escucharla. Como si Él dijera a mi oído: Sierva buena y fiel, en lo poco (¡son mi gran tesoro!) me has sido fiel, en lo mucho te pondré, entra en el descanso de tu Señor.  A veces, ella quiere ser princesa, maquillista, secretaria, otros días, doctora también, pero cuando dice quiero ser mamá para cuidar a mis hijos, me recuerda que para Dios cada cambio de pañal, cada lavada de ropa y limpieza de la casa no ha sido en vano, ha sido buena. El mundo está mirando, mis hijos me están mirando. 

Él me está haciendo una mujer conforme a Su corazón, quien antes de querer ver Sus bendiciones, quiere conocerlo y amarlo más; conocer Su Palabra y dedicarme a ella ha sido fundamental en este proceso.

No todos los días es fácil amarlo cuando sentimos que nuestras manos están llenas, todo nuestro tiempo también está lleno, así como nuestro espacio (literalmente ningún espacio con privacidad. 

Pero necesitamos entender que nuestras manos están llenas de Sus bondades, de Su misericordia cada nuevo día, día y noche, momento a momento, y por eso debemos escoger descansar en Cristo. Esto es lo que significa atesorar a Jesús, no importa si tenemos un hijo o media docena.

Gracias al Evangelio, como mujeres podemos regocijarnos en encontrarnos con las manos llenas, y ver allí, bendiciones en Jesús, porque conocemos Su gracia.

Nuestras manos están llenas de un préstamo. Esta maternidad es más que nueve meses de embarazo, más que lactancia, más que poco dormir, más que cansancio, más que dudar si estamos (o no) haciendo lo correcto:

  1. a) Es discipular y pastorear el corazón de mis hijos cada día.
  2. b) Es presentarles el Evangelio en cada oportunidad que se nos presente.
  3. c) Es estar pendientes de mi andar y de mi pecado porque mis hijos están atentos a cada una de mis reacciones, correcciones y reprensiones.

Dios nos ha dado una grandiosa oportunidad de servirle con nuestra maternidad.

Pamela Mirabal


Visto 814 veces