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11 de Abril de 2018

Palabras de gracia que provienen de un corazón manso

Por  Sharmille Fabián de Ariza

Serie: Historia de dos reinas. Viviendo la Palabra casada con un Asuero.

 

Asimismo, vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que, si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres. 1ª Pedro 3:1

¿Cuántas de nosotras hemos leído este versículo en 1ª Pedro y nos hemos preguntado, ‘cómo es posible esto’? ¿Me quedaré todo el tiempo, muda en casa, viendo a mi esposo hacer cosas que me duelen? Pues, si alguna vez te has hecho esa pregunta, o conoces una amiga/hermana cristiana o no, que esté pasando por una situación así, este artículo es para ti.

La vida cristiana tiene su base en la obediencia a Cristo por medio de Su Palabra, todo cuánto debemos hacer, la forma como nos conducirnos está escrito en este libro, pero, la Biblia no es sólo para los cristianos, es el libro más importante para todo ser humano, pues es un libro inspirado por Dios, el cual nos creó, para Su gloria y cada palabra que está plasmada ahí es verdad. Dicho esto, es fácil concluir que el versículo anterior es verdad, y como es una verdad, puede cumplirse en nosotros.

“Pero ¿cómo puedo hacer este versículo parte de mí?, ¿cómo puedo aplicarlo a mi vida?, sí en la medida que pasan los días el desprecio, las heridas, los engaños, indiferencias, son el pan de cada día en mi hogar, en ocasiones puedo llegar a pensar que mi respiración es molestia para mi esposo” … si este es tu sentir, quizás no tan extremo o tal vez mucho más, lo que sigue a continuación también es para ti.

Por si en algún momento se nos olvida, o si nunca nos hemos enterado, en Génesis 3 hay un relato muy conocido por todos, es el relato de un matrimonio, Adán y Eva, los cuales desobedecieron a Dios y pecaron, esto hizo que esa desobediencia y las consecuencias de ese pecado (muerte espiritual y física), cayeran sobre todos los que han sido concebidos sobre la tierra, basado en esto, concluimos que tanto tu esposo como tú, son pecadores al igual que todos, y como pecadores hacemos cosas ofensivas, que nos hieren, que traen consecuencias. “Después, cuando la pasión ha concebido da a luz el pecado y cuando el pecado es consumado, engendra muerte” Santiago 1:15.

Pero, seguimos pensando… ¿hay alguien que pueda ganar un esposo viviendo así? ¿Para qué o para quién gano a mi esposo? ¿Cómo puedo ganar a mi esposo?

Contestando la primera pregunta, la respuesta es ¡SÍ!, hay incontables testimonies de mujeres comunes y corrientes que han ganado a su esposo de la forma que habla 1ª Pedro 3:1.

Lo Segundo es, ¿con qué finalidad o para quién lo estás ganando? Lo estamos ganando para Cristo, para que Su Nombre sea exaltado, para glorificarlo y para que tu esposo sea transformado por Su poder.

Ahora, ¿cómo puedo ganar a mi esposo para Cristo?

Continuaré contándote la historia que iniciamos la semana pasada

Entre el año 486-465 a.C. reinaba en Persia un rey llamado Asuero, quien tenía una segunda esposa llamada Ester (Ester 2:17), ésta tenía unas características que no acompañaban a las demás mujeres, era una joven prudente, obediente, sabia, valiente, observadora, sumisa, lo que hizo que el rey Asuero quien era mujeriego, lujurioso, bebedor, arrogante, orgulloso e inconverso cayera ante Ester; y nos dice la Palabra: “que la amó más que a todas las otras mujeres”.

Aunque el libro de Ester no hace referencia a que el rey Asuero se convirtió a Dios, sí nos permite ver Su fidelidad para con Ester y de cómo ésta halló gracia a los ojos de su esposo por su comportamiento, llegando a concederle cosas que estaban prohibidas, como, por ejemplo, presentarse delante del rey sin ser llamada por él. (Ester 2:20; 4:4-5; 5:2-3; 8: 3-5; 9: 12-14).

Ester asumió con valentía el propósito para el cual Dios la había llamado (Ester 4:16), fue una mujer sabia, que supo buscar buenos consejos para agradar a su esposo (Ester 2:15), una joven prudente, que supo callar y hablar cuando debía (Ester 2:10; 7:3-4), obediente, a pesar de que estaba casada con el rey, siempre guardó respeto por su tío Mardoqueo (tipo de Cristo), (Ester 4:4-5; 2:20), y siendo la esposa del rey no escatimó el tener comodidades y lujos, sino que en momentos de necesidad y angustia acudió y convocó al ayuno (cap. 4:16).

Todas estas características de Ester son aplicables a nuestras vidas si examinamos nuestros corazones a la luz de la Palabra, y procuramos perdonar, así como Cristo nos ha perdonado; pero, si aún no has sido perdonada por Cristo, regocíjate, pues la Salvación, el regalo de gracia te llama al arrepentimiento de tus pecados y la entrega de tu vida a Cristo, para cambiar una vida de esclavitud del pecado a una vida de obediencia y libertad en Él.

Al mostrar el amor de Cristo en tu hogar, con mansedumbre y humildad, el gozo será retribuido, quizás tu esposo no cambie; pero, como ya no te debes a los hombres y ni siquiera a ti, sino a Cristo, el agradarle a Él a través del servicio a tu esposo es el mayor de los deleites y Él, es decir, Cristo, se agrada en que amemos a los demás.

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley? Y El le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el Segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mateo 22:36-40) LBLA

Orando al Padre para que este articulo sea para Su gloria y edificación de quien lo lee.

 

 

Sharmille Fabián de Ariza

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