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09 de Mayo de 2018

La esposa de Noé: ¿Una mujer conforme al corazón de Dios?

Por  Juana Florentino de Morillo

Antecedentes de una mujer sin nombre

 

Dios hará vivir en paz a quienes le son fieles y confían en él,

Dios es nuestro refugio eterno”.

Isaías 26:3-4 (TLA)

 

Génesis 6-10 narra la mayor catástrofe mundial que atravesó la humanidad, el diluvio. Allí encontramos una pareja de esposos que fueron los continuadores de la raza humana. La Biblia dedica cinco capítulos (Génesis 6 - 10) al diluvio y a Noé.   En contraposición, solo en cinco ocasiones se refiere a la esposa de Noé y no por algo que ella haya hecho o dicho. La esposa de Noé es como una computadora de la cual no tenemos clave de acceso, pero podemos ir conociéndola por las evidencias bíblicas y el ministerio de su esposo Noé. Ella solo fue contada como uno de los ocho sobrevivientes del mayor desastre natural del mundo.

A partir del registro bíblico conocemos algo acerca de la esposa de Noé y es que vivió en tiempos terribles donde la maldad y la violencia eran como las noticias de hoy en día, toda la cultura estaba dañada, a Dios le dolió en el corazón haber hecho al hombre (Gn. 6:6). La gente no estaba preocupada por la prédica de Noé, es muy posible que ni siquiera caso le hacían, que le tuvieran como un loco, un ridículo.  Sabemos también que la señora de Noé era casada, eso es obvio y su identidad estaba ligada a su esposo, ella era conocida por él. En adición, esta mujer era madre de tres varones, lo cual le daba un punto extra en esa cultura; también podemos presumir que fueron bien criados por ella, pues parecería que no se dejaron intimidar por las continuas críticas de sus vecinos, es decir que no se conformaron al mundo (Ro. 12:2), y los tres, junto a sus esposas entraron al arca.  Asimismo, sabemos que debió haber sido una mujer resiliente que se repuso de una pérdida mayúscula - sus bienes, su hábitat, sus parientes, vecinos, amigos, su comunidad, lo que ella había conocido, la vida que ella y Noé tanto se esforzaron por construir- todo desapareció.

A pesar de todo eso, podría entenderse que la esposa de Noé fue una mujer excepcional, sumisa, respetuosa, virtuosa, comprometida con el llamado que Dios le hizo a su esposo; aparentemente fue una mujer que siguió al líder como cabeza de su hogar. Honró el pacto matrimonial, mantuvo su conducta sin protestar aun a sabiendas de las innumerables horas que estuvo Noé construyendo el arca, en esos momentos de soledad que atravesó, no podía más que levantar sus manos a Dios, clamar en su presencia, intercediendo por su esposo y familia, porque no sabía con certeza qué sería de ellos, o cuál sería su final.  Sin embargo, se apegó al mandato de Dios de que su esposo construyera un arca, suponemos que le apoyó respetuosamente, a pesar de no estar ahí cuando Dios habló con Noé.

Creemos que no se dejó llevar por sus sentimientos humanos, por ejemplo, por pensar que su marido estaba loco al verlo construir un arca, en un mundo donde hasta ese momento no había caído lluvia, a pesar de lo que pudieron haber sido las burlas de sus vecinos y los comentarios negativos, simplemente parecería que decidió ayudar a su esposo, siendo una Ezer apoyándolo en todo su llamado.

Cabe preguntarnos ¿será que todavía existen esposas así? ¿fieles, dedicadas y lo suficientemente valientes para pasar por las dificultades al lado de su marido, sin dudar, sin juzgar, sin reclamar "por qué a mí", solo confiando en él, en la misión que Dios le dio?

¿Cuántas veces nuestros esposos nos han presentado entusiasmados algún plan o proyecto que piensan realizar y en lugar de apoyarle hemos actuado neciamente?, o, quizás con indiferencia; en otras ocasiones lo recibimos con expresiones derrotistas. Lo ridiculizamos, tal cual hicieron los antediluvianos con Noé. Muchas de nosotras podemos ser de bendición y ayuda idónea o podemos ser portadoras de desaliento y derrota; escojamos ser mujeres auxiliadoras y sabias (Pr. 14:1).

 Tomemos el ejemplo de la esposa de Noé que no necesitó estar al centro, no quería brillar, no quiso estar al frente, sino que fue todo el soporte para que su marido pudiera obedecer a Dios. A veces queremos llevar la antorcha en nuestros hogares y solemos ser estorbo para la realización de la obra de Dios, produciéndose así un atraso en Sus bendiciones.

Adorando Juntos

Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios (Gn. 6:9). Esa relación continua con Dios, día tras día, es la que distingue al hijo de Dios de todos los demás, a los ojos de Dios él era justo y perfecto, cualidades que los hombres de Dios adquieren gracias a una íntima comunicación con El. Es la segunda persona que la Biblia declara que “andaba con Dios”, esto implica una intimidad, compañerismo y unidad profundas que todo hijo de Dios debe buscar. 

Ahora bien, ¿qué puede recordarnos la esposa de Noé?

1. La esposa de Noé nos recuerda que no necesitamos un lugar en el púlpito, ni siquiera un lugar especial, sino una esquina de la habitación, ahí mismo de rodillas intercediendo por nuestro esposo. Con la certeza de saber que cualquiera que sea la tarea que enfrentemos, la llevaremos como sí la hiciéramos para el mismo Jesús, ¡pues al fin y al cabo es para Él!

2. El ministerio de la esposa de Noé me recuerda que no necesito que la gente me conozca o reconozca (aunque el hecho en sí mismo no es pecado), sino que lo hermoso, es la satisfacción de saber que hice lo que se me encomendó, que he servido a los propósitos de Dios para mi generación, que he levantado los brazos de mi Noé (esposo) cual Caleb y Josué, en cada batalla que él ha enfrentado, he corrido la carrera, he guardado la fe sólo me queda la corona que me dará el juez justo mi Señor. Aunque mi trabajo parezca invisible o insignificante, puedo estar segura y confiada en Dios que he realizado el rol para el cual fui creada, soy ayuda idónea de mi esposo, soy su complemento, somos uno, podemos arrodillarnos y adorar juntos, puedo levantar sus manos.

3. La esposa de Noé me recuerda la mujer de Proverbios 31, quien tampoco tiene nombre; pero a diferencia de la esposa de Noé son muchos los atributos que se dicen de ella e innumerables las cosas que hace como mujer y esposa. En lo particular, siempre he deseado que de mí se diga lo que dicen sus hijos y marido en Proverbios 31: 28-29, sus hijos y marido se levantan y la alaban; sin embargo, no ha sido así, porque a Dios no le ha placido. En una época, esta situación de poco reconocimiento trajo mal humor y quejas hacia mi esposo, ya que entendía que era merecedora de ese reconocimiento por mi trabajo y esfuerzo “parecido al de la mujer de Proverbios”. El Señor trató conmigo en esa área, me recordó no es necesario que aquí en la tierra me reconozcan, lo importante es que Él me conoce, para que la gloria sea solo de Dios y que el galardón será en los cielos, porque Dios no comparte Su gloria con nadie. En Filipenses 4:3 Pablo menciona a un grupo de personas que ayudaron en la propagación del Evangelio y solo dice: “...y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida”, no menciona sus nombres, así mismo, a veces nos pasa a nosotras como esposas, no somos mencionadas por nombre o por algo que hayamos hecho, solo sale a relucir lo que hizo mi esposo, o solo me conocen como la esposa de ….

4. Creo que la esposa de Noé oraba, le daba aliento y esperanza ya que un ministerio de esa magnitud, como el de Noé solo es posible con una esposa que ora. Las oraciones de una madre por un hijo, en realidad son fervorosas, pero cuando un hombre se casa, deja a su padre y a su madre y se vuelve uno con su mujer (Mateo 19:5). Ellos son un equipo, una unidad, unidos en espíritu. La fortaleza de un hombre y su esposa, unidos en la presencia de Dios es mucho mayor que la fuerza de cada uno de ellos de forma individual.

Nadie sabe cómo fue la relación con Dios de la esposa de Noé, pero esta pregunta es una que ella debe contestar. ¿Estuvo de parte de sus vecinos o con su esposo? No había terreno intermedio, ¿estuvo a su lado sin protestar, apoyándole como líder, a pesar de que su familia era ridiculizada? Parecería que siempre siguió al líder, confió en la promesa de Dios y no miró atrás como la mujer de Lot, la cual por la vanidad y los deseos pasajeros de este mundo menospreció la gracia de Dios.

Como mujeres debemos pedirle a Dios que afine nuestro olfato espiritual hacia nuestros esposos para discernir sus altas y bajas ya que hasta el más grande siervo de Dios tiene sus momentos de depresión, porque el liderazgo del hombre puede ser una posición solitaria, pero Dios nos llama a estar al lado de ellos en sus batallas y a compartir sus cargas; Dios nos equipó para estar en la primera fila cuando se trata de fortalecer espiritualmente a nuestros esposos.

Cabe preguntarnos: Cuando tu esposo está de rodillas desanimado y turbado dependiendo de Dios, ¿estás de rodillas a su lado? ¿Estás intercediendo junto a él y por sus luchas? Una cosa es clara que, si no estamos con ellos, el trabajo será más pesado para ambos y en consecuencia para toda la familia, sin embargo, si nos ponemos a su lado dando aliento y esperanza, la carga será más ligera porque juntos nos situaremos frente al mundo.

Que el amor y lealtad a Dios y hacia nuestros esposos sean tan reales que nos hagan vivir la plenitud en nuestros matrimonios.

 

 

Juana Florentino de Morillo

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