IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

16 de Mayo de 2018

Viviendo el diluvio para Su gloria

Por  Karen Llibre de Ramirez

Serie: Viviendo la Palabra cuando estás casada con un Noé

Diluvio y tormenta usualmente vienen de la mano, y con frecuencia usamos el término para asociarlos a atravesar momentos difíciles. Si hay alguien que conoció lo que es vivir en medio de estas circunstancias sería la esposa de Noé.

Por las descripciones que el relato nos revela, Noé obedeció la instrucción de Dios y su esposa siguió el liderazgo de su marido, aparentemente no puso estorbo, sino que le apoyó, esta actitud forma parte fundamental e importante en la zapata que Dios ha diseñado para la relación de matrimonio en cuanto al rol de las esposas. Seguir el diseño, glorifica y exalta al Diseñador:

  • Parecería que la esposa de Noé tuvo fe y creyó en la palabra que Dios le había dado a su esposo pese a que la tierra sería destruida, según Génesis 6.13, y que también ella esperó pacientemente todo el tiempo necesario en la construcción de un arca porque caería lluvia, ¡algo totalmente desconocido para ella!
  • Ella obedeció a Dios sometiéndose y apoyando el liderazgo de su esposo sin cuestionar ni reclamar.
  • Es probable que la familia sufriera burlas y rechazos de todo el pueblo aun de sus propios familiares y amigos que tenían creencias y prácticas diferentes, sin embargo, ella estaba siendo bienaventurada cuando la vituperaban por Su causa.
  • La esposa de Noé debe haber tenido un sentido de libertad de las ataduras de opiniones del mundo terrenal, obedecer a Dios fue lo más valioso.
  • Aceptando la voluntad de Dios con humildad y mansedumbre entraron en el arca bajo la orden divina y vieron entrar cada animal con su pareja para flotar sobre las aguas durante 150 días. 

Con toda certeza la gracia de Dios le fue concedida, para estar encerrada con siete personas y cientos de animales por más de un año, trabajando incansablemente, dando alimento a todo animal, imaginemos la suciedad y el olor, falta de comodidades, estrechez, oscuridad. Solo una valentía poco común, podía llevarla a enfrentar lo que vio desde las montañas de Ararat donde el arca quedó: ¡la transformación total del mundo con sus recordatorios fósiles, de muerte y destrucción! Ella pudo hacerlo al ser una esposa  y madre piadosa.

  • ¡Cuando por fin bajan del arca! Reconocieron la mano poderosa de Dios, Su guía, compañía, provisión, y protección en todo tiempo y GLORIFICARON al Dios grande y temible ofreciendo holocausto, Génesis 8:20.

Nosotras, al igual que la esposa de Noé, hemos pasado días de diluvio y tormentas internas; y hemos visto las manos del Soberano obrar y sacarnos a un nuevo amanecer. Su gran amor, cuidado, poder y guía han estado a nuestro lado en todo tiempo. Hemos alabado y bendecido Su nombre dándole la gloria y honra que solo El merece.

Aún así, repetidas veces desenfocamos nuestras miradas de lo eterno, y colocamos nuestras miradas en lo terrenal y pasajero, i) en las modas y viajes que vemos y no tenemos, ii) en todas las actividades sociales que deseamos asistir que muchas veces nos hacen restarle tiempo y entrega a nuestros hogares, iii) en la cosas del mundo que ponemos en primer lugar desplazando el tiempo de oración, lectura y estudio de la Palabra.  

Efesios 1:5-6 nos dice que: “en amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo para alabanza de Su gloria”, hemos sido redimidas para dar gloria a Su nombre, ésa es la realidad más hermosa que debemos abrazar de que nuestras vidas existen para glorificarle.

Génesis 6:11 nos dice que “la tierra estaba llena de corrupción”, y aunque esta similitud no es un consuelo a nuestros tiempos, sí nos trae empatía en cuanto a la forma en que vivió la esposa de Noé para alcanzar un admirado sitial. Él nos creó para Su gloria, y la esposa de Noé se la dio.

¿Cómo podemos glorificar a Dios en medio de un mundo extremadamente pecador, lleno de vanidades, y de mentiras que nosotras muchas veces creemos, y en las que otras tantas veces nos sumergimos y dejamos arrastrar aun cuando sabemos que estamos llamadas a no conformarnos a los patrones de este mundo?

Si el motivo por el cual existimos es para glorificarle, nuestro mayor anhelo y motivación debe ser procurar glorificarle en toda nuestra manera de vivir.

La Biblia nos muestra la forma en cómo Dios es glorificado, Juan 15:8 nos señala: “En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos”.

Y éste es el fruto del Espíritu, Gálatas 5:22-23 “más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio, contra tales cosas no hay ley”.

Probar que somos Sus discípulas es andar como El anduvo, de eso se trata glorificarle, de exaltar Sus atributos: Su santidad, fidelidad, misericordia, gracia, amor, majestad, soberanía y poder, por nombrar unos pocos, recordándolos una y otra vez en nuestras mentes y contándole a los demás a través de nuestro testimonio de vida diaria acerca de la extraordinaria naturaleza de la salvación que El ofrece.

La Biblia revela que glorificar a Dios implica más que exaltarle con nuestras palabras, incluye también honrarle con todo lo que decimos, hacemos y pensamos cada día. (1ª Corintios 10:31)

Estamos llamadas a glorificarle por medio de nuestra relación con nuestros esposos y familia. Como hijas de Dios, tenemos la responsabilidad de difundir el mensaje del Evangelio, y demostrar con nuestra conducta cómo Dios obra y transforma la vida de una persona.

La responsabilidad de glorificar a Dios descansa sobre cada creyente. Cuando el Señor dio las últimas instrucciones a Sus discípulos (Juan 13:17), se puso a Sí mismo como ejemplo de alguien que glorificaba al Padre por Su plena obediencia a Su voluntad (Juan 17:4).

Imitar el ejemplo del Señor puede parecer imposible, pero Él no nos dejó solas para que nos resolviéramos por nuestra propia cuenta. Su Espíritu vive en nosotras, enseñándonos a orar conforme a Su voluntad, fortaleciéndonos para andar en obediencia y pureza, y transformándonos con el fruto de Su Espíritu.

Glorificar a Dios es una búsqueda de toda la vida que no tiene que ser obstaculizada por el diluvio ni el sufrimiento. Si reaccionamos a las “pruebas de fuego” confiando en Dios, no solamente Le glorificamos en el presente, sino que también seremos glorificados con Él para la gloria venidera.

Nuestra única manera de glorificar a Dios es mediante la comprensión de lo Alto y Exaltado que Él es, y de lo humilde que es nuestra condición, y que como Pablo podamos decir “porque de Él, por El y para El son todas las cosas. ¡A Él sea la gloria para siempre! Romanos 11:36

¡Amén y amén!

 

Karen Llibre

 

 

Otros artículos de esta serie:

La esposa de Noé: ¿Una mujer conforme al corazón de Dios?: http://laibi.org/component/k2/item/1434-la-esposa-de-noe-una-mujer-conforme-al-corazon-de-dios

Visto 780 veces