IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

07 de Junio de 2018

Un espejo en medio del campo

“Pero él dijo: No, no sea que al recoger la cizaña, arranquéis el trigo junto con ella. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega; y al tiempo de la siega diré a los segadores: “Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla, pero el trigo recogedlo en mi granero”

(Mateo 13:29-30).

 

Estuvimos estudiando la parábola del Trigo y la Cizaña, y en la historia hay un sembrador, que claramente es Cristo. Un campo, que es el mundo donde vivimos. Un enemigo, el diablo. Luego hay personajes y elementos que Jesús en su explicación, identifica como personas:  Dos tipos de semilla (una buena, el trigo, y una mala, la cizaña) y Dos tipos de siervos (los segadores, identificados explícitamente como los ángeles, y unos trabajadores, quienes se percatan de la existencia de la cizaña, pero que no son identificados en la explicación posterior).

Al leer la parábola, es seguro que te identificas rápidamente con el trigo; Al menos yo lo hago. Jamás se nos ocurriría pensar que estamos en el lado oscuro de la historia. Sin embargo, la Biblia dice que lo se ha escrito ha sido para nuestra enseñanza (1 Cor. 10:11 / Rom. 15:4), así que no pasemos por alto la oportunidad de auto-evaluarnos y exploremos qué tenemos en común con los personajes y elementos que la parábola nos plantea para ver dónde estamos paradas.

 

¿PODRÍAS SER CIZAÑA?

Empezaremos por aquí, pues es con lo que no nos queremos identificar, pasándolo por alto rápidamente, y colocando a cualquier otro grupo de personas en esta categoría, menos a nosotras mismas.

En su etapa de crecimiento, el trigo y la cizaña, son muy similares en su exterior, y solo los expertos pueden distinguir entre uno y otro. La cizaña es muy semejante al trigo y en eso radica su peligro. La cizaña no es simplemente poco nutritiva o inútil, es tóxica para el consumo humano; una confusión resultaría fatal. Así que Cristo podría estar advirtiéndonos de un peligro real aquí. No sólo del peligro que pueden ocasionar aquellos que se disfrazan de piedad, sino del peligro personal que podríamos estar corriendo. 

Antes de continuar, pararemos aquí para aclarar que no intentamos crear un significado extra a la parábola. Jesús fue claro en su explicación: la cizaña son los hijos de maldad que sembró el enemigo en el mundo. Estamos reflexionando en cómo podríamos aplicar las palabras del Maestro a nuestro diario vivir, por lo que sería sensato explorar la posibilidad de que estemos siendo auto-engañadas por nuestra falsa piedad.

¿Cómo podría suceder esto?

Si estamos acostumbradas a vivir en un campo con mucho trigo a nuestro alrededor, recibiendo el abono del trigo, y viendo nuestras similitudes externas con el trigo (ir a la iglesia, leer la Biblia, servir a la comunidad, hacer actos de misericordia…) iguales a la de aquellos trigos verdaderos, puede que resulte difícil notar la naturaleza malvada de nuestro corazón.

No sería desacertado evaluar nuestro corazón y nuestra fe, ya que el mismo apóstol Pablo nos exhorta en 2 Corintios 13:5a, “Poneos a pruebapara versi estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos.”

La realidad que nos plantea la Biblia es que somos POR NATURALEZA hijas de ira (Ef. 2:3), hijos de Satanás, hasta que Cristo con su gracia nos intercepta abriéndonos el entendimiento y quitando la ceguera que el pecado nos provoca, a fin de que podamos ver lo horrendo de nuestro pecado ante la santidad majestuosa de Dios, de forma que podamos arrepentirnos corriendo hacia Él como único Salvador.  Solo así podemos pasar a ser hijas de la Luz. Así que esto es serio: o estamos de un lado o estamos del otro. No es tan simple como decir las palabras correctas o actuar de la forma correcta, pues las similitudes internas son las que determinan la verdad, y estás no son tan evidentes ante los ojos. No es sencillo ver nuestra propia maldad y nuestras falsas motivaciones.

 

“Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?”

(Jeremías 17:9).

 

Pero el versículo siguiente a ese pasaje tan conocido nos da esperanza al decirnos que Dios puede ayudarnos en esa tarea:

 

“Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos,   para dar a cada  uno según  sus caminos, según el fruto de sus obras.”

(Jeremías 17: 10).

 

Así que pidamos a Dios sabiduría y entendimiento para examinar nuestros corazones a fin de ver si lo que se está produciendo al exterior son conductas adoptadas, o es fruto genuino de una semilla redimida por el gran agricultor, Cristo.

 

¿ERES TRIGO?

Si has examinado tu corazón y has comprobado que recibiste la buena semilla del Evangelio de Gracia, convirtiendo a Jesucristo en tu Señor y Salvador, eres una buena semilla de Trigo. Te invitamos a amar el proceso de crecimiento y a no desmayar. En cada historia relacionada a la siembra, Jesús nos ayuda a ver que la productividad de la semilla no depende de su calidad intrínseca (no somos buenas y nunca lo seremos por nosotras solas), sino que depende de quién la siembra y la calidad del terreno (y él hace que el terreno sea fértil). Esto debe traer gozo y paz a nuestras almas, además de un peso extraordinario de deuda y gratitud hacia nuestro buen agricultor, en quien podemos descansar para dar fruto a su tiempo. Él nos da seguridad de que Él hará germinar su buen fruto.

 

¿QUÉ HAY DE LOS TRABAJADORES?

Es curioso que en la parábola del sembrador Jesús tome la iniciativa de explicar a los discípulos el significado de la historia sin ellos haber preguntado nada, mientras que en esta otra historia vemos que la curiosidad de los discípulos fue cautivada por la historia, provocando que quisieran indagar sobre el significado.  Es como si pudiéramos ver la escena de una pintura donde el amoroso Sembrador, Jesús, habla con sus semillas de trigo, los discípulos, dándoles a conocer los misterios del reino.  Hoy nosotras somos beneficiadas de este dulce momento ya que podemos conocer el significado de la parábola sin tener que realizar suposiciones o interpretaciones subjetivas.

Repasando la historia, hemos visto al sembrador, a su enemigo, hemos evaluado las dos semillas que pudiéramos ser, e incluso sabemos que a su tiempo los ángeles realizaran la siega por orden del dueño del campo. Sin embargo, nos queda un grupo por estudiar: los trabajadores. Estos no son identificados.   ¿Se le habrá escapado a Jesús mencionar qué grupo era este? Son ellos los que llaman la atención del agricultor sobre la existencia de cizaña en medio del campo. Ellos son los que cuestionan al agricultor sobre el tipo de semilla. Son ellos los prontos a servir para la limpieza del campo. Es a ellos a quienes el agricultor explica el tiempo de la siega. ¿Cómo se le puede haber escapado el grupo cuya voz es activa en la historia? ¿Será que el cuadro que veíamos del sembrador conversando con sus semillas de trigo es en realidad uno del Sembrador conversando con sus trabajadores?

Es posible que hayamos encontrado una razón para que Jesús no revelará la identidad de los trabajadores. Es posible que estos trabajadores fueran los mismos oyentes de la explicación, y la falta de identidad tuviera la intención de que ellos, al igual que nosotras hoy, pudiéramos colocarnos en el puesto vacante. Es posible que hayamos encontrado el espejo en medio del campo. ¿En qué llegamos a parecernos a aquellos trabajadores? ¿Si el mensaje final es para ellos, que nos está diciendo Jesús a nosotras?

La parábola cierra con la respuesta del sembrador ante la pregunta de los trabajadores sobre si pueden ir a recoger la cizaña de entre el trigo.

 

“No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la sieg  yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.”

(Mateo 13:29-30).

 

¿QUÉ NOS ENSEÑA EL HECHO DE QUE JESÚS CONCLUYERA DE ESTA FORMA?

Asumir un rol que no nos corresponde, incluso con buenas motivaciones, tiene consequencias devastadoras. Nos muestra que al igual que aquellos hombres podemos estar queriendo velar por el crecimiento del pueblo de Dios con celo y atención, pero asumir roles que no nos corresponden, poniendo en peligro la salud del trigo verdadero.  Los trabajadores fueron llamados a servir en el campo, no a segar. El sembrador tiene designado una tarea a cada siervo de su campo.

La diferenciación entre el trigo y la cizaña será certificada en el tiempo de la siega, no antes. La actitud de los trabajadores, así como el mensaje correctivo del sembrador nos enseña que en nuestra vida cristiana tendemos a olvidar que alguna vez fuimos una semilla que requirió tiempo y cultivo para dar fruto. Lo olvidamos especialmente a la hora de medir el crecimiento de nuestros hermanos y somos prontas para concluir antes de que Cristo lo haga.

El sembrador es soberano. Como humanas podemos ser prontas para cuestionar las circunstancias, incluso llegamos a cuestionar la agudeza del Sembrador al mirar la cizaña a nuestro alrededor, olvidando quién está en control. La realidad es que independientemente de lo que podamos ver, el sembrador tiene cuidado de su cultivo, y sabe lo que es mejor. No es ajeno a la maldad que existe y quién la provoca, pero sus pensamientos son más altos y extraordinarios que los nuestros. Él tiene paciencia y nosotras no.

El sembrador es misericordioso. Hermanas, es difícil vernos en el espejo de la Palabra de Dios, pero esa misma Palabra también nos reconstruye. Oremos para que el Señor transforme nuestros corazones dados al juicio y la condenación, por uno que sea manso, paciente y lleno de misericordia como el del dueño del campo.

 

 

Karenny Gùílamo

Visto 601 veces