IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

13 de Junio de 2018

Creyendo Sus promesas

Por  Maribel Espinosa

Serie: Viviendo la Palabra cuando estás casada con un Abraham

 

En el libro de Génesis encontramos la historia de Sara, esposa de Abraham, descrita como una mujer entregada a su esposo, dispuesta a hacer cualquier cosa por su marido.  El ser mujeres virtuosas, que cumplimos nuestro rol, no quiere decir que no vendrán dudas a nosotras, igual que cualquier otra mujer sentiremos miedo y dudas hasta de la voluntad de Dios. Por ejemplo, Sara vivió en carne viva ese sufrimiento al saberse estéril, por esto decide darle a Agar su esclava egipcia como mujer para que Abraham pudiera concebir con ella. (Génesis 16: 1-4, RVR1960).  

Cuando Sara se entera sobre la promesa de Dios para con ellos, su reacción fue sonreír - imagino que, con desconfianza, ya que pensaba que para ella esto era imposible:

Y Sara se rió para sus adentros, diciendo: ¿Tendré placer después de haber envejecido, siendo también viejo mi señor? Y el Señor dijo a Abraham: ¿Por qué se rió Sara, diciendo: “¿Concebiré en verdad siendo yo tan vieja?” ¿Hay algo demasiado difícil para el Señor? (Génesis 18:12-14)

En adición a esta desventura de Sara está el desprecio de su sierva, Agar una vez logró concebir. Cuántas veces nos toca sufrir al igual que Sara por decisiones que tomamos, las cuales, en su momento, entendíamos que eran las más certeras o movidas por la voluntad del Señor, pero luego nos damos cuenta de que fueron fruto de nuestros pensamientos o acciones. Aun cuando Abram, en Génesis 16, deja que Sarai proceda con Agar en última instancia no se estaba haciendo la voluntad de Sarai sino la de Dios. Esto se puede ver más adelante cuando Dios recalca Su Pacto por medio de Isaac, pero le promete bendecir a Ismael:

Y en cuanto a Ismael, te he oído; he aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran nación. Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el cual Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene. (Génesis 17:20-21)

A veces nos enojamos con nuestros esposos porque pensamos que ellos no ven los grandes sacrificios que hacemos por ellos, por nuestros hijos y por sus ministerios. Entendemos que nosotras tenemos que dejar de lado una vida activa, ya sea a nivel profesional, social o ministerial por atender también a sus necesidades o a sus responsabilidades. Creemos que podemos ejercer mejor que ellos el rol de cabeza del hogar, de ministro en su iglesia porque lo único que podemos ver son sus errores o sus malas acciones sin saber sin darnos cuenta de que estas acciones son parte del plan de Dios para sus vidas, y, en consecuencia, para la nuestra, para que Cristo pueda forjar Su carácter en nuestros esposos, y en nosotras por medio de ellos, influyendo así en su ministerio y en nuestro hogar. No debemos mal entender y pensar que someternos y dejarlos que cumplan su rol impide darles un consejo sabio para ayudarlos a retomar el camino correcto en momentos que pierdan el horizonte.

Sara entendía que estaba haciendo lo apropiado por medio de su obrar con su esposo dando a Agar como mujer sin pensar ni esperar la voluntad de Dios para su vida; quizás por su enojo, o tal vez una gran amargura, sentía que había sacrificado tanto sin recibir nada, no entendía por qué Dios la había hecho estéril, pues desconocía que el tiempo de Dios no es el nuestro.

Y tú ¿cuántas veces has sentido que Dios no ha sido justo contigo, que has dejado todo para que tu esposo pueda cumplir su rol y su propósito para con Dios, y has quedado en un segundo plano, que tus planes de vida no se han completado? ¿Con sinceridad, puedes afirmar que asumiste tu ministerio como compañera idónea con amor y devoción?   ¿Sigues orando para que Cristo continúe realizando su obra sobre y por medio de tu esposo con el mismo amor, entusiasmo y fe como en los primeros años de matrimonio o quién sabe, de noviazgo? Te haré una pregunta más simple… en realidad, ¿sabes realmente cuáles son los planes de Dios para tu vida?

Los planes de Dios son perfectos, Sus promesas son eternas, no debemos dudar ni por un segundo que la obra que Él comenzó la terminará. Esto fue lo que vivió Sara; más adelante en Génesis 17: 15- Dios afianza su pacto con Abraham, ahora utilizando a Sara como instrumento: "Dijo también Dios a Abraham: A Saraí tu mujer no la llamarás Saraí, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella…’’ (RVR1960). El Señor nunca apartó Sus ojos de Sara, nunca la hizo a un lado, para Él, Sara era de gran valor, vemos que en la Palabra le pide Abraham que cambie su nombre de Saraí a Sara, el cual significa ‘’Princesa’’, la hizo madre de las naciones.

Estamos conscientes de que no es tarea fácil mantenerse firme aun en las adversidades, orar por una persona que nos falla, que creemos que muchas veces no cumple con lo que se necesita para llevar a cabo el plan de Dios, pero ¿estamos llamadas nosotras a tomar estas decisiones? Nuestras vidas fueran más sencillas si comprendiendo el plan de Dios para nuestras vidas asumiéramos el rol que nos corresponde en nuestro hogar. En 1ª Corintios 11: 3 nos dice: "Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo." (RVR1960).   

Para Dios no hay coincidencias, todo tiene un tiempo, un plan, un propósito, somos la ayuda idónea para nuestros esposos, esto no quiere decir que seamos menos valiosas para Dios que ellos, ni tampoco quiere decir que debemos adelantarnos a las decisiones de nuestros esposos porque pensemos que ellos no son capaces de tomarlas solos.

En un mundo donde la mujer se cree autosuficiente, quiere ser la cabeza del hogar y de los negocios, se nos olvida que debemos orar sin cesar, mantenernos firmes buscando hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas y que Aquel que tiene el control de todo nos sostendrá, guiará a nuestros esposos como cabeza del hogar y nosotras estaremos ahí para cumplir la parte que nos corresponde. En 1ª Pedro 3:1-2 nos dice claramente: "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa." (RVR1960)

Es difícil aceptar que Dios tiene el control de tu vida, que tu esposo sea la cabeza del hogar, es desesperante verle cometer errores o, caer en pecado. Cuando la Palabra te llama a que te sometas a tu esposo no es a no hacer nada, la Palabra te llama a ser ayuda idónea, a interceder por tu esposo, por tu hogar, por tus hijos, a creer en Dios y en Su Palabra, a tener la completa certeza de que igual como Dios cumplió Su promesa a Abraham por medio de Sara, tú también puedes ser esa ayuda idónea para tu esposo, instrumento para Dios y para Su iglesia.

 

 

Maribel Espinosa

Visto 582 veces