IBI top movil

bienvenido

donde estamos

En vivo

Sermones

Clases y Recursos

Vida en la IBI

La IBI ora

vision

Lo que ensenamos

Equipo Ministerial

Nuestra historia

11 de Julio de 2018

Una sola carne con mi esposo en el sufrimiento

Por  Vilma Mata de Méndez

Serie: Viviendo la Palabra casada con un Job

Toda mujer creyente y no creyente, anhela ser feliz, casada o soltera, es un anhelo muy intenso en el corazón de toda mujer. Nuestro sueño es tener un esposo bueno, fiel, proveedor, protector, que conozca su rol dentro de la masculinidad bíblica que Dios le encomendó.  

1. Cuando tu esposo es mejor creyente, más espiritual y tiene mejor relación con Dios que tú:

Job era un varón intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1:1)

Y si a esto (ser mejor creyente y más crecido espiritualmente) le añadimos otras características, como que es un líder espiritual, un hombre piadoso, y temeroso de Dios, ¿Qué sucede en este caso, si tu esposo es más espiritual que tú? Hace sus devocionales, acude a la iglesia, escucha sus sermones, es un hombre de oración. ¡Busca poner sus dones espirituales al servicio del Señor en la iglesia local! ¿No es esto el sueño de toda esposa? ¿no es esto lo que oramos y buscamos? ¿no es esto lo que nos gustaría?  

Job hacía ayuno y oración, ofrenda por cada uno de sus hijos por si acaso alguno hubiera pecado (no solo por pecados visibles): Job 1:5. Y si esto era por sus hijos, ¡cuánto más por su esposa! con quien era uno, carne de su carne y huesos de sus huesos… Ser esposa de un hombre así, como Job, debió ser un gran reto, y un gran privilegio.  

Job conocía el propósito y llamado del Señor, ni la fama ni el poder ni la riqueza ni la belleza, ni los placeres le distraían de lo verdadero. La vida, el carácter, la integridad de este hombre debía ser un gran reto para su esposa. Ella no era como él. No tenía la fe de él ni la confianza en Dios, ni la gracia.  Él era más maduro - espiritualmente hablando- que ella. Él estaba lleno de la Palabra y era un hombre de oración. ¿Cómo ser una ayuda, o apoyo a un hombre cuya esperanza es Dios? ¿cómo lo ayuda su esposa? ¿cómo lo anima? ¿Cómo lo estimula? La medida, la barra está demasiado alta para ella, parece inalcanzable. ¿Qué le digo a mi esposo que no sepa? ¿Cómo le llevo consuelo? ¿Cómo lo llevo a Dios?

2. El dolor, amargura y enojo de esta esposa contra Dios expresados hacia su esposo, por el sufrimiento y pérdida de sus hijos:

¿Cómo reaccionaríamos si nos llegara la noticia de que hemos perdido no uno ni dos, sino nuestros 10 hijos?

¿Qué pasaría con nuestro débil, dependiente corazón de madre?

Y ¿si de la noche a la mañana, perdemos nuestro ingreso, propiedades, etc.?

Nuestra fe es puesta en duda, se nos ataca por donde más nos duele. Tenemos dos opciones: o actuamos en temor a Dios, o reaccionamos en incredulidad.

No estamos excusando a la esposa de Job, quien reaccionó como nos dice el versículo 9 del capítulo 2: Entonces su mujer le dijo: ¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete. Pero él le dijo: Como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal? En todo esto Job no pecó con sus labios.

Aun los hombres piadosos, fuertes en la fe y espirituales necesitan una esposa con una lengua sabia, misericordiosa, compasiva y llena de discernimiento y sabiduría.

Ya algunas mujeres deben haber dejado de leer este artículo pues pueden estar diciéndose a sí mismas ‘¡no soy así!’ ‘esto es muy difícil de recibir’, ‘¡están exagerando!’ ‘¡No es posible que alguien sufriera de esa manera!’ O quizás, ‘la gente no sufre tanto, un hombre así no existe con tanto sufrimiento’.

Hubo otro y es Jesús, Varón experimentado en quebranto, Varón de dolores, de Quien escondimos el rostro, pues ¡no había atractivo en Él para que lo deseáramos! (Isaías 53).

A algunas mujeres no les gustaría tener un esposo sufriendo como Job, aunque otras (muy escasas y pocas) mujeres desearían ser la esposa de Job (temeroso de Dios), pero Él les ha colocado en un lugar donde deben animar a su esposo, aunque éste no tema a Dios.

Las solteras podrían estar pensando: ‘no es cierto’ o mejor aun preguntando ‘¿Dime dónde encontrar ese hombre?’ Proverbios 20:6 dice “Hombre de verdad, ¿quién lo hallará?” Hay hombres reales como Job que buscan al Señor de mañana, se esfuerzan por agradar a Dios, son temerosos, odian el pecado, lloran y se duelen… no perfectamente, pero luchan con su carne, contra las tentaciones, para proveer, salen a la calle a darlo todo por sus familias, por ser líderes en sus casas, por proteger y levantar su familia.

3. Soberanía de Dios en el sufrimiento: Él escoge, manda y ordena que un hombre piadoso sea afligido:

Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? …Respondió Satanás al Señor: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados?

Pero esperen ¿Dios pone a Satanás a fijarse en Job?

Dios es soberano, ¡Él gobierna y controla el sufrimiento en nuestra vida! ¿Qué pasa si este hombre espiritual, piadoso, creyente y temeroso de Dios, es visitado por una gran aflicción? ¿Está pasando por una prueba, por adversidad, por un momento de gran sufrimiento en su vida? Tal vez perdió su trabajo, o quizás ha caído en alguna discapacidad o enfermedad terminal, rara y repugnante. ¿Qué tal si tal vez ha perdido toda su herencia y le ha venido ruina repentina, ¿no tiene como proveer para él mismo y mucho menos para otros? Tiene deudas, el seguro no le pagó la pérdida de su coche, de su empresa… ¡está en ruina!

4. La esposa de Job tienta a su esposo a que maldiga a Dios usando las mismas palabras de Satanás:

Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara.  Job 1:11 (ver Job 2:8-10)

La historia no habla del pensamiento, ni de la reacción de la esposa de Lot, pero se requiere la fe de Abraham para escuchar que en un solo día perdiste a tus 10 hijos, todas tus posesiones, y que tu esposo enfermara. El dolor es indescriptible, ella también está sufriendo, el llanto, los gemidos… No debemos tomar en cuenta las palabras de dolor, angustia en un creyente en un momento crítico, de sufrimiento.  Pero por sus palabras concluimos que la necedad y el escarnecimiento provocaron que ella atacara la vida espiritual de su esposo añadiendo al sufrimiento.  

Si algo así sucede a mi familia, matrimonio, ¿continuaré creyendo? ¿Seguiré teniendo fe? ¿Continuaré guardando mis votos matrimoniales? “Yo______ te tomo a ti como mi legítimo esposo para ayudarte y respetarte, prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza, y en la pobreza, te seguiré ayudando y todos los días de mi vida, amarte y respetarte, hasta que la muerte nos separe.”

O, ¿Abandonaré al compañero de mi juventud?

O, ¿Lo seguiré amando, ayudando, apoyando, animando, seré su fan #1, o su más grande animadora?

¿Seguiré a su lado hasta que la muerte nos separe?

¿Le seré fiel en las alegrías y las penas; en la salud y en la enfermedad?

Job dijo: El Señor dio y el Señor quitó, bendito sea el nombre del Señor. ¿No son éstas, palabras gloriosas?

¿Qué sucede si estoy llena de enojo con Dios por quitarme mis hijos y mi posición social, mis pertenencias? ¡Estoy llena de amargura, y no me agrada la vida que Dios me ha colocado! Ha llegado la estrechez económica, mientras mis amigas y vecinas, conservan todo.  Como su esposa y ayuda idónea, completa y exacta para él, mi papel es animarlo, estimularlo, apoyarlo. ¿De dónde saco esta fuerza? ¿De dónde viene esta ayuda para hacer algo de lo que no soy capaz ni me siento con deseos de hacer?

5. Respeto al esposo en lo que decimos y en el tono en que lo decimos:

Job 2:3-4: Y él todavía conserva su integridad, aunque tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa… ¡Piel por piel! Sí, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Sin embargo, extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne, verás si no te maldice en tu misma cara

Llagas malignas, de pies a cabeza.

Job 2:9: Maldice a Dios y muérete.

Job 2:10-11: como habla cualquier mujer necia, has hablado. ¿Aceptaremos el bien y no aceptaremos el mal?

¿De dónde voy a sacar fuerzas para curarlo, limpiarlo, levantarlo, alimentarlo, cuando el olor y aspecto es tan horrible, y me da asco aun verlo o tocarlo? ¡De Dios!  Él es el Dios Proveedor, Sanador del enojo, de la amargura, de las heridas.   Hay mujeres como la esposa de Job, que por el desaliento y desánimo, lo negativo y el pesimismo están en su boca, sus palabras son como golpes de espada, palabras de irrespeto, su tono los despedaza y hace que la iniciativa de su esposo como líder se vea truncada.  

¡Maldice a Dios y muérete! Es lo que decimos muchas veces como esposas. La murmuración a su espalda o en nuestro intento del corazón, el irrespeto frente a nuestros hijos y demás amigos, familiares y a veces hasta empleados.  

Para para poner un debido balance, hay padres, esposos, que son todo lo contrario: No tienen temor de Dios en su corazón, viven en ignorancia, y ceguera espiritual, de espaldas a Dios.  Éstos también, merecen nuestro ánimo, estímulo, apoyo. Oremos que Dios los atraiga hacia Él, los levante de la muerte espiritual por medio de una conducta respetuosa.

Pero ¡ay! de aquellas esposas que, en lugar de ayudar, animar, apoyar a sus esposos los alejamos, obstaculizamos su crecimiento, su entrega y servicio a la obra de nuestro Señor y Rey.

Muchas esposas arrastramos a nuestros esposos a la banalidad, a trabajar hasta el cansancio por exigencias sociales y mundanales.  En lugar de acercarlos a Dios y a la Palabra los traemos a la boca y garganta de la idolatría. Queremos que ganen más, que provean más, que produzcan más, para gastar en nuestras pasiones y deleites.  Queremos que sirvan al vientre y al entretenimiento. No oramos, ni gemimos por ellos en nuestras rodillas delante del Señor.

La respuesta: ¡Como mujer fatua has hablado! ¿Espero la mujer de Job ver las bendiciones? ¿Permaneció con él? ¿lo abandonó? ¿no aguantó? ¿no resistió la prueba? ¿proveyó Dios otra esposa? O, ¿cambió el corazón de su antigua esposa?

Debemos esperar la recompensa de la aflicción y sufrimiento: Dios reparó el sufrimiento, con la misma esposa o quizás con otra, luego de la muerte de la primera (Matthew Henry).

Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado… “Escucha ahora, y hablaré; te preguntaré y tú me instruirás.” He sabido de ti sólo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza. (Job 42:2,4-6)

El Señor aumentó el bienestar de Job…al doble.

v. 10-11: Entonces todos sus hermanos y todas sus hermanas y todos los que le habían conocido antes, vinieron a él … se condolieron de él y lo consolaron.

v.12-14: El Señor bendijo sus últimos días más que los primeros. Tuvo siete hijos y 3 hijas.  

¿Fue con la primera esposa? O, ¿no?

Job vivió 140 años, vio a sus hijos, nietos hasta 4 generaciones. Murió lleno de días.

 

 

Vilma Mata de Méndez

Vilma Mata de Méndez es consejera, maestra de Estudios Bíblicos, coach, colaboradora de CONECTADAS PARA SU GLORIA. Es esposa del pastor Luis Méndez—quien es Pastor de Consejería Bíblica en la Iglesia Bautista Internacional—madre de 3 hijos y 2 yernos. Vilma colabora con el ministerio de mujeres EZER y Conectadas para Su Gloria; también sirve junto a su esposo en el ministerio de matrimonios Juntos y Unidos.Su misión y visión es ayudar a las mujeres a estar apasionadas por Dios y Su gloria.

Visto 596 veces