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10 de Agosto de 2018

Crónicas Misioneras - Esperanza para Colombia

Luego de 18 días en Colombia sirviendo a jóvenes de cultura urbana, indígenas, pastores, repartiendo más de 70 libros, estableciendo lazos ministeriales, dando consejería, visitando 4 ciudades y una zona selvática. Todo esto con el apoyo de hermanos que estuvieron orando, ofrendando, alojando, proveyendo alimentos, comunicación, transporte y logística, tanto en República Dominicana como en Colombia; creo que no es aventurado decir que las misiones y la obra de Dios en general se hacen con el apoyo de los dones y talentos que nuestro Señor ha dado a su pueblo.

La Gran Comisión (Mateo 28:18-20) es una tarea de dimensiones descomunales que no puede ser hecha de manera individual. Hacer discípulos de Jesús en todas las naciones (etnias, razas), enseñándoles a obedecer todo lo que Cristo dijo, hasta que el mundo se acabe. Definitivamente por su alcance, tarea y duración, no es factible hacerlo solo.

Por eso nuestro Señor nos ha dicho que nos acompañará, que contamos con su poder como alguien que tiene autoridad, potestad sobre todo lo creado, y que ha dado dones a sus hijos para que juntos podamos ser de bendición y edificación mutua en esta tarea (1 Corintios 14:12, Efesios 4:12).

Estos pensamientos fueron de gran bendición, consuelo y esperanza cuando tomábamos el avión de regreso a casa. En el aeropuerto seguíamos compartiendo con hermanos sobre cómo expandir el Reino de Dios en su ciudad, cómo hacer alianzas, proyectos futuros, simplemente soñando, esperando grandes cosas de Dios e intentando grandes cosas para Él.

Atrás quedaban falsos maestros muy activos, movimientos que en las estadísticas pueden aparecer como “cristianos” pero que realmente están muy lejos de las enseñanzas de Cristo y son contrarios a su ejemplo de vida. Quedaban personas heridas pero rescatadas del engaño, la manipulación y la explotación, progresando en su restauración emocional y espiritual. Quedaban líderes y hermanos cristianos con el deseo de unir fuerzas y aprender más sobre cómo hacer la obra de Dios.

Quedaba un pueblo que había ganado su independencia del imperio español con la sangre y el esfuerzo de llaneros, criollos, ingleses, venezolanos y otros ciudadanos de la Gran Colombia. Pueblo con años de luchas entre liberales y conservadores, con indígenas y con los recuerdos de Gaitán, los escritos del Gabo, y las obras de Botero, con vallenatos y cumbia, con paisajes variados y hermosos. Quizás esta mezcla de contrastes y alianzas sea la clave para preservar lo que queda del verdadero Evangelio en esas tierras. Son tiempos de unidad en la diversidad por el amor a nuestro Señor. Seguimos orando por Colombia, amándola y deseándole lo mejor para su porvenir en Cristo.

 

¡Un abrazo!

Enrique Crespo

 

“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20)

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