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11 de Septiembre de 2018

¿Qué le digo a mi adolescente enamorada?

Por  Charbela ElHage de Salcedo

Hace un tiempo me tocó hablarle a un grupo de adolescentes acerca del noviazgo. Desde que entré al salón podía ver las mejillas sonrojadas de aquellas niñas. Había mucha emoción. Las extrovertidas del grupo se dejaron sentir, sentadas todas en primera fila, cuchicheando intensamente. Las introvertidas, con su quieto sentar y sus miradas fijas en mí, lo decían todo sin una palabra.

Hablar con adolescentes no es fácil. ¿Cómo les explico? ¿Cómo conecto con ellas? Esa charla era mi única oportunidad para llegar a esos corazones y dejarles algo.

Comencé por hacerles algunas preguntas: ¿Qué es el noviazgo? ¿A qué edad puedes tener novio? ¿Para qué necesitas un novio? Las respuestas variaron; desde “ser novios es tomarse de las manos”, “puedo tener novio ahora mismo”, “los novios son para darle cariño”, hasta respuestas más sensatas como “el noviazgo es tener un compromiso con un varón”.

Pero a pesar de haber recibido algunas buenas respuestas, me di cuenta de que muchas de estas adolescentes no tenían instrucción adecuada sobre el significado real del noviazgo.

Lo que Dios piensa, no lo que yo pienso

Lo primero que hablé con ellas fue acerca de lo que Dios tiene que decir sobre el noviazgo.

El noviazgo es una etapa de la vida que deben de cruzar aquellos que buscan casarse y, como cristiana, mi anhelo debe ser glorificar a Dios en ella. Los novios no son dos personas que se agarran de la mano, ni dos personas con derecho a darse un beso, ni son dos personas que hablan mucho por teléfono.

Les expliqué que un noviazgo no debe empezar porque quiero sentirme amada o valorada. Todo eso es egoísta. El noviazgo es una relación de dos personas con miras al matrimonio, para amar y cuidar uno del otro.

Aunque la Biblia no da instrucciones específicas para una relación de noviazgo, sí da lineamientos morales y arroja sabiduría divina para manejarnos en esta etapa. Aunque no contiene relatos de relaciones de noviazgo como las vemos hoy en día, sí se nos describen relatos de personas comprometidas para matrimonio.

Por ejemplo, en Apocalipsis 19:7 se nos habla de una “novia” que se convertirá en “esposa”.  El versículo dice: “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a Él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado”. Por supuesto, Apocalipsis es un libro profético y este versículo está hablando de la futura boda de Cristo y la Iglesia, pero aun así puedo aprender algo de cómo Dios ve la relación del novio y la novia. La frase que llama mi atención es, “y su esposa se ha preparado”.

El noviazgo es un tiempo de preparación que precede a la boda. La novia ya está “preparada”; no dice “se ha preparado” o “se va a preparar”.

Para ayudarlas a meditar en esto, le pregunté a las jóvenes qué profesión les gustaría ejercer en el futuro. Una de ellas me dijo que quería estudiar medicina. Yo le dije, “Como tienes ese deseo, mañana te llevaré al hospital para que comiences a ejercer tu labor como médica”. La chica no tardó en abrir sus ojos con asombro y responder, “¡No puedo!”. Le pregunté, “¿Y por qué no? Tú quieres hacerlo; es algo genuino y bonito; no tiene nada de malo ser doctora”. Ella respondió, “No puedo, no estoy lista; no tengo lo que se necesita”.

Aproveché su respuesta para decirle que eso mismo pasa con el noviazgo. Aunque quieran hacerlo, aunque el amor sea algo genuino y bonito, para ellas todavía no era el tiempo.

Para que una mujer esté lista, considero que hay tres áreas donde debe de experimentar formación: académica, emocional, y —la más importante— espiritual.

Formación académica

La academia ocupa mucho tiempo y esfuerzo, y el noviazgo también. Para que las relaciones puedan florecer necesitamos invertir tiempo en ellas. Si le quito tiempo y concentración a la academia para invertirlo en el noviazgo, seguramente no estaré haciendo con excelencia lo que el área académica requiere. Habría que conocer cada caso para conocer cuán apropiado y en qué momento sería prudente iniciar una relación de noviazgo, pero con toda probabilidad en la adolescencia no se tiene la madurez necesaria para manejar estudios y noviazgo.

Formación emocional

En un noviazgo habrá roces, se requerirá mucha tolerancia y dominio propio (sobre todo para los límites en la parte física). Se necesitará perdonar y tener paciencia. Ciertamente la sabiduría no la dan los años, pero es indudable que el paso de estos contribuye con mi almacenamiento de sabiduría. El apóstol Pedro manda a las mujeres a que cultiven el “yo interno” (1 Pe. 3:4), y nos dice que lo “precioso” en una mujer es su espíritu tierno y sereno. Construir eso necesita tiempo.

Formación espiritual

Amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma, y mente (Mt. 22:36-37) es el más grande mandamiento que Jesús nos dejó. ¿Estás cerca de esa meta? Si hoy Dios no está en el centro de tu vida, cuando venga el novio o el esposo, es muy probable que el trono en tu corazón lo ocupe él. La Biblia dice que nadie puede servir a dos señores (Mt. 6:24) y que la mujer que teme al Señor será alabada (Pr. 31:30).

En las relaciones interpersonales —y mucho más en las de noviazgo—, el carácter es como una maleta de herramientas. Si el novio pide paciencia, buscas en la maleta y sacas esa herramienta; si la relación requiere dominio propio, debes de ir a buscarlo ahí dentro también. La maleta con todas esas herramientas no la venden ni se adquiere de un día para otro… ni siquiera de un año para otro. El tiempo y la profundización en el conocimiento del Dios santo es lo que nos permite obtener esas herramientas, en la medida que avanzamos en nuestra santificación personal. Entre más “llena” esté mi maleta de herramientas, mejor podré manejar la relación.

Ciertamente, Dios nos hizo seres emocionales. Somos personas con sentimientos y deseos de relacionarnos con otros. La atracción hacia el sexo opuesto es parte del diseño de Dios. Pero, como todo, tiene su tiempo.  Si somos seres sexuados y desde los 12 años hay niñas que pueden físicamente tener un hijo, ¿es este el momento adecuado para tenerlo? Claro que no. Dios mismo a través de Su creación nos revela que aunque “se pudiera”, aún no es el tiempo.

El porqué de la falta de instrucción de los padres 

No podemos esperar un razonamiento agudo de este tema de parte de un adolescente. La misma inmadurez de la etapa en la que se encuentran no les ayuda a tener un pensamiento objetivo. Muchas veces el adolescente no puede ver la importancia de poder entenderlo de esta manera; para ellas lo que importa es la emoción del momento. Por eso, en esta etapa la instrucción directa del padre es vital.

Pero muchos padres han ignorado la importancia de tener una posición formada y pensada sobre el tema. Quizá no saben por dónde comenzar o no creen que tienen la moral para hacerlo, porque a su edad tuvieron novio y no les fue tan mal. A otros les pasa que no se enorgullecen de su pasado y por vergüenza no quieren tocar el tema. Hay algunos más que simplemente no lo ven como algo demasiado serio; lo ven como una emoción que pronto pasará y como ya prohibieron tener novio a esa edad, no va a pasar de ahí.

Si tu razón de no abordar este tema con tus hijos es una de las anteriores, quisiera decirte algo. Primero, el hecho de que a ti te fue bien no quiere decir que a tu hijo le vaya a ir igual. Debemos aplicar lo que es sabio y bíblico; las excepciones las hace Dios. Si el problema son tus errores del pasado, entonces esta es una excelente oportunidad de hablar con nuestros hijos de nuestra necesidad de la cruz. Es el momento perfecto para compartir de cómo el Señor perdona, sana y limpia mis pecados, y redime mis malas decisiones. Finalmente, si tu razón es que no entiendes que es importante, evalúa las razones descritas anteriormente y convérsalo con tu líder espiritual.

Debes ayudar a tu adolescente enamorada a no ver a Dios como un ser masoquista que le da el deseo y no quiere que lo disfrute. El Señor es el inventor de todos los deseos, pero cada uno de ellos hay que disfrutarlos dentro de los parámetros que Dios ha diseñado. Él nos hizo y Él sabe lo que es mejor para nosotros.

Instruye a tu adolescente a manejar esos sentimientos. Dirígela a, como dice Filipenses 4:8,  pensar en todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Enséñala a poner todos sus pensamientos cautivos a los pies de Cristo (2 Cor. 10:2).

Motívala a creer que llegará el día donde podrá ver hacia atrás y decir, “qué bueno que no perdí mi tiempo”. Motívala a que “afine su piano”. ¿Sabes el trabajo que da afinar un piano? Un piano desafinado es mejor ni tocarlo, suena horrible. Afinar el piano es un trabajo, requiere ir cuerda por cuerda… y un piano tiene 218 cuerdas. Es muy aburrido a veces, pero una vez afinado, ¡la canción suena perfecta!

La vida de tu adolescente —su carácter y su mente— está siendo afinada por Dios para que pueda hacer música impecable. No detengas el afinamiento ni lo retardes, ocupando tu mente y tu tiempo en otras cosas.

Usain Bolt es el corredor más rápido del mundo y ha ganado varias medallas de oro en los juegos olímpicos. Pero algunos podemos recordar que el corredor más rápido del mundo, en una ocasión, perdió una carrera importante solo por “salir a destiempo”, y esa derrota está en su récord. Te toca a ti como padre entrenar el oído de tu hija para que pueda comenzar a correr después de que haya sonado el silbato. Que Dios les llene de sabiduría.

 

 

Charbela ElHage de Salcedo

(Publicado originalmente en Coalición por el Evangelio)

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