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31 de Octubre de 2018

Casada con un hombre como Salomón para la gloria de Dios

Por  Noelia de Leites

Serie: Viviendo la Palabra en tu matrimonio

 

“Así dice el Señor:

No se gloríe el sabio de su sabiduría,

ni se gloríe el poderoso de su poder,

ni el rico se gloríe de su riqueza;

mas el que se gloríe, gloríese de esto:

de que me entiende y me conoce,

pues yo soy el Señor que hago misericordia,

derecho y justicia en la tierra,

porque en estas cosas me complazco —declara el Señor.”

(Jeremías 9:23-24)

Al estudiar la vida del Rey Salomón, el más sabio de todos los hombres, no puedo dejar de conectar estos versos de Jeremías con el consejo que el Rey David le dejó a su hijo antes de morir:

“Guarda los mandatos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios, conforme a lo que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.” (1 Reyes 2:3)

Las glorias eternas que verdaderamente tienen valor y complacen al Señor son entenderle y conocerle.

Durante esta serie hemos visto cómo las mujeres de Salomón desviaron su corazón hasta el punto de que este sabio rey que amaba a Dios cayó en el pecado de adorar y levantar altares a falsos dioses y que eventualmente llevó a la división de Israel (1ª Reyes 11:4-14).

“Pues sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre.” (1ª Reyes 11:4)

El pecado del rey Salomón llevó a la división de Israel.  Todos los reyes fracasaron y no pudieron guiar al pueblo de Dios.  Israel necesitaba un rey verdadero, ¡un mejor rey! ¡Un Rey Perfecto! A través de la familia de David, Dios traería a Su propio Hijo, Jesucristo, para que fuera Rey sobre el pueblo de Dios para siempre.  Jesús llevaría al pueblo de regreso a Dios. ¡Que gloriosa promesa!

Una esposa que vive la Palabra de Dios, y la abraza con todas sus fuerzas, la pone en práctica y hace de ella su estilo de vida, ejerce una poderosa influencia sobre su marido y los de su casa, trayendo la más dulce gloria a Dios.

Ella camina junto a su esposo persiguiendo acumular, no glorias temporales (éxito, dinero, poder, etc.) sino… “Tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mateo 6:20-21)

¿Qué necesito para conocer y entender a Dios?

Las promesas vacías que vienen de este mundo caído nunca nos podrán satisfacer de la manera en que sí lo hace, conocer a Dios. Y Jesús dijo “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3)

En realidad, debemos entender que, debido a nuestro pecado, somos incapaces de conocer verdaderamente a Dios. Su Palabra nos revela que todos somos pecadores (Romanos 3:11-20) y que nadie alcanza el estándar de santidad requerido para tener comunión con Dios. “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Nada es más importante que entender esta verdad cuando se trata de conocer a Dios.

Jesús vino a darnos vida al ofrecerse como sacrificio, para que así nuestros pecados no nos privaran de conocer a Dios. En la cruz Dios satisfizo Su propia ira, extendió misericordia y dio gracia en abundancia: nos perdonó, nos adoptó y nos hizo herederas juntamente con Su Hijo Jesús.  Una vez que hemos aceptado esta verdad podemoscomenzar la jornada de conocer a Dios de una manera íntima y glorificarlo en todas las etapas de nuestra vida.  ¿No es esto maravilloso?

¿Soy una esposa que vive la Palabra y trae gloria a Dios?

Como esposas somos llamadas a ser de bendición para nuestros cónyuges, a respetarlos, a amarlos, a atender sus necesidades saliendo de nuestra comodidad. Somos llamadas a someternos como una expresión de la llenura del Espíritu Santo que mora en nosotras, sin importar que él sea un alto gobernante, un pastor o líder piadoso, un empleado promedio, un joven estudiante que apenas inicia su historia laboral, un prominente ejecutivo, un adulto mayor jubilado o si, por la providencia de Dios, está postrado o inhabilitado por una enfermedad, o aun si no es creyente.

El apóstol Santiago nos exhorta con estas palabras:

“Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.” (Santiago 1:22-25)

Esto me recuerda el carácter de aquella mujer de Proverbios 31 que describía la madre del Rey Lemuel, cuya bendición no radicaba en su belleza física, ni en sus habilidades, talentos ni estatus social.  Ésta era una mujer sabia porque temía a Dios en primer lugar. Todos los días le traía bien a su marido y sus hijos la llamaban ‘Bienaventurada’.

Seamos realistas… Hay días cuando el tiempo no alcanza, el trabajo no termina, los conflictos no parecen tener solución; días en los que nace una herida profunda, días duros, de enfermedad, de pérdidas, de desilusiones; en fin, días tristes:

a) Quizás pienses ‘lo que tengo es un esposo que no llena mis expectativas, no es merecedor de mi amor, traicionó mi confianza y persigue al mundo más que a Dios, cuando antes se deleitaba por Cristo y me amaba con locura’;

b) Puede que no reconozcas que en la aflicción tu alma se ha desviado ante otros dioses o tesoros temporales (compras compulsivas, comida, lujos, personas, entretención).

Pero aun si te encuentras allí:

1. ¡Te animo a que te humilles ante la poderosa mano de Dios! Echa sobre Él toda tu ansiedad, porque Él tiene cuidado de ti (1ª Pedro 5:6-7). ¡Es el lugar más seguro dónde estar! Su gracia es suficiente. Corre a Él.  ¡Jesucristo basta!

2. Ora por tu esposo, preséntalo ante el trono de la gracia;  

3. No desmayes ni te enfríes en la búsqueda de Dios;

4. Recurre a buenos consejeros aprobados y líderes de tu iglesia local o amistades cristianas maduras que te puedan acompañar en la prueba. 

5. Recuerda las promesas de Dios.  Él es poderoso para salvar, sanar, restaurar y liberar a los Suyos (Oseas 11:1-4) 

¿Dónde está tu corazón hoy? ¿Cómo has resuelto vivir la vida que Dios te ha dado junto a tu esposo animándolo y apuntándolo a Cristo?

 

 

Noelia de Leites

 

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