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07 de Diciembre de 2018

Esperanza a pesar de mí

Por  Cornelia Hernández de Matos

1ª Juan 2:1-6 Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.Y en esto sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos.El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él;pero el que guarda su palabra, en él verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos que estamos en Él.El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.

2:1 “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis…”“Hijitos míos”, frase que expresa afecto sincero. Juan es un hombre anciano en este momento, y aunque con frecuencia los ancianos se desesperan con los más jóvenes, no parecer ser el caso de Juan. Les escribe para corregirlos, pero lo hace con ternura.

Juan escribe enfatizando dos aspectos: i) si has conocido a Dios, si eres cristiano debes obedecerle: conocimiento y obediencia dos caras de una misma moneda; y, ii) El que permanece, el que está unido a Cristo debe imitarlo, andar como Él anduvo (2:6). Les escribe para que no anden en pecado. No jueguen con eso, no crean que, porque han sido salvos, tienen licencia para vivir como quieran. El que tengamos acceso al perdón de Dios por medio de la sangre de Cristo cuando confesamos, no nos da permiso a pecar continuamente. El pecado debe ser eliminado de nuestras vidas.

Es frecuente ver en la consejería que estamos desenfocadas en nuestro caminar. En dos sentidos:

  • Minimizar nuestras actitudes pecaminosas. “No hay quien pueda mantener el control con mis hijos”, “Lo que pasa es que a mí no me gusta que me hablen mal y por eso respondo enojada”, o “Dios me entiende”.
  • Justificar tu pecado con el pecado de otros. “Es que mis hijos son terribles”, “Mi mamá es complicada”, “si mi papá no fuera tan bocón, yo pudiera tratarlo diferente…”, o “Tú no conoces a mi esposo…”

El problema está dentro y es profundo. Todas las situaciones que se producen a tu alrededor, Dios las permite para que descubras donde se encuentra el problema.

El problema está dentro. El mundo nos dice que está afuera: “Si arreglas lo de afuera te sentirás muy bien por dentro” (por ejemplo, la apariencia física, selfies) “si eso luce bien, estarás bien por dentro”. ¡Mentira! El Evangelio es completamente lo contrario. Cristo vino a cambiarnos por dentro. Lo de afuera es un reflejo de lo que eres dentro. El Evangelio ilumina tu interior, saca a luz tu pecado y te da esperanza al confesar y ser limpiados en Su sangre. ¡Entonces luces bien por fuera!

El selfie debería ser del corazón y no de la cara. Si tomáramos una foto a nuestro corazón, ¿cómo quedaría? ¿Lo publicarías? Buscar el problema afuera te hace sentir mejor, te alivia temporalmente, pero, poco a poco te desgasta, porque vuelves a pecar una y otra vez…y si no reconoces que tienes que arrepentirte y asumir tu responsabilidad, tu vida espiritual se irá secando.

Una mujer cristiana debe iluminar, proyectando la luz de Dios. ¿Cómo? Viviendo, guardando Su Palabra; por tanto, obedeciendo. Ése es el resultado de conocerle a Él. Al conocerle, al conocer Su amor, Su gracia y Su misericordia me hacen amarle. Es como si Su amor me hiciera amarle. ¡Le amamos porque Él nos amó primero! Al conocer Su amor por nosotras la respuesta natural, racional es amarle, vivir para Él. Hacer menos que eso es una ingratitud injustificable.

Si Lo conoces, Lo amas, cuando descubres Su amor ¡le obedeces! Y sin embargo… pecamos. Y, a pesar de nuestro pecado, de nuestra desobediencia, ¡Dios nos da esperanza por medio de Su Hijo!

Dios ha provisto para nuestras faltas. Cuando el pecado te acusa, Él mismo es nuestro Abogado. No tienes que vivir agobiada, ni victimizarte por tu culpa, Cristo ya pagó. Tu esperanza no depende de tus esfuerzos, ni de tu obediencia, nuestra obediencia es incompleta.Tu esperanza está en Jesús, Él pagó con Su vida, conoce todo el expediente y está listo para defender tu causa.

Su maravillosa gracia y misericordia nos dan esperanza a pesar de nosotras, a pesar de mí, a pesar de mi expediente de deudas. Él nos salvó de la muerte segura, nos sustituyó en la condena y nos entrega nueva vida en Él. ¡Bendita esperanza!

Dios espera que no tengamos un estilo de vida pecaminoso. “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis.” Si se hubiera acabado ahí el texto, estuviéramos perdidas…, pero agrega: “Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.”

Entonces ¿Qué hacemos cuando pecamos y pensamos que ya se acabaron los chances y que ya no hay esperanza? Hebreos 4:15-16 nos recuerda “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado”. Si pecamos, tenemos donde ir. Cristo pagó.

Cristo se compadece de nuestras flaquezas. Él nos comprende porque Él ha estado ahí. Cristo vivió y experimentó tentaciones, no solo iguales a las nuestras, sino superiores. El enemigo sabía que Jesús era Dios, así que se empleó a fondo para tentarlo, pero Cristo nunca pecó.

¿Estás cargada por tu pecado, por el dolor de esta vida? ¿estás cansada de estar cansada? Si sientes que ya no puedes más, quiero que sepas lo siguiente: ¡Cuando se terminan nuestras esperanzas, las de Dios apenas comienzan!

1ª Juan 1:9 empieza el camino de la esperanza: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.

Él ha venido a traer esperanza eterna si te arrepientes. ¡A pesar de ti, a pesar de mi pecado Él es Fiel y Justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad! ¡No hay esperanza fuera de Él!

Por tanto, acerquémonoscon confianzaal trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. Hebreos 4:16

¿Necesitas gracia y misericordia? ¡Acércate sin miedo! Es un trono de gracia, tu Abogado pagó con su vida, ¡no hay argumentos, ni condenación contra ti! Si te has cansado de vivir en tus fuerzas y sientes que Dios está lejos. ¡Acércate! ¡Acércate con confianza, con esperanza, a Su trono de gracia!

 

 

 

Cornelia Hernández de Matos

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