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03 de Enero de 2019

“Más allá del significado literal”: ¿Estudiamos la Biblia para que Dios nos forme a la imagen de su Hijo?

“Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así anda en Él; firmemente arraigados y edificados en Él y confirmados en vuestra fe, tal como fuisteis instruidos, rebosando de gratitud” (Colosenses 2:6-7)

 

Vemos en estos versículos que Pablo está exhortando a los colosenses acerca de la firmeza de la fe en Cristo; versos más arriba Pablo les dice que ha orado por la consolidación de esa firmeza, para que entiendan que no hay dos maneras de ir por el camino de la salvación: por fe en la justificación y por obra en la santificación. Tanto la justificación como la santificación es por fe, lo único es, que en la santificación es donde se producen las buenas obras, que son el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22; Efesios 2:10).

Particularmente me impresiona la oración de Pablo por el pueblo, es conmovedor leer estos versos; permítanme, por favor, escribirlo de la NTV:

“Quiero que sepan cuánta angustia he sufrido por ustedes y por la iglesia en Laodicea y por muchos otros creyentes que nunca me conocieron personalmente. Quiero que ellos cobren ánimo y estén bien unidos con fuertes lazos de amor. Quiero que tengan la plena confianza de que entienden el misterioso plan de Dios, que es Cristo mismo. En él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento.

Les digo esto a ustedes para que nadie los engañe con argumentos ingeniosos. Pues, si bien estoy lejos, mi corazón está con ustedes. Y me alegro de que viven como deben hacerlo y de que su fe en Cristo se mantiene firme” (Colosenses 2:1-5).

Pablo expresa tanto emociones de angustia como de gozo, como buen líder está preocupado por las amenazas de los falsos maestros de ese tiempo. Al igual hoy día, como creyentes lavadas por la sangre de Cristo, debemos estar preocupadas por las falsas filosofías de este tiempo y combatir en unidad junto con nuestros líderes en la dura batalla contra las herejías, mantenernos firmes en nuestra posición del reconocimiento de la suficiencia en Cristo, rogando siempre al Señor para que a través del Espíritu Santo nos ayude a comprender el misterio de Dios en Cristo, “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3). Así nadie nos podrá engañar con razonamientos persuasivos y huecas filosofías humanas.

Tomemos en cuenta que los herejes siempre están prometiendo “progresos espirituales” a través de dudosos métodos, en los que Cristo es relegado a un segundo plano, negando los principios básicos del cristianismo. Por eso es la exhortación de Pablo; y por tal razón es que nosotras, cada día, al leer nuestra Biblia debemos mirar muy bien y preguntarnos: ¿Qué nos está diciendo Dios hoy?

Debemos dejar que la Biblia nos lea a nosotras más que nosotras leerla ella, la palabra de Dios es siempre nueva, es un presente continuo para la vida del creyente, y debemos guardar Su palabra y regirnos por ella como lo ha mandado Jesús:

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho (Juan 15:7). “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor (Juan 15:10). La bondad y fidelidad de nuestro Señor Jesucristo, además del mandato nos da grandes y poderosas promesas.

Dios envió a su Hijo en “la plenitud del tiempo…” a morir por cada una de nosotras para redimirnos y recibir la adopción de hijas: "Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre!” (Gálatas 4:6). ¿Acaso no es esto algo maravilloso? Debemos estudiar la Biblia para que Dios nos conforme a la imagen de su Hijo, por esa razón lo envió a morir por nuestros pecados, para redimirnos y presentarnos ante El mismo, cuando llegue el tiempo, puras y sin manchas.

Así que, somos exhortadas: “Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo Jesús el Señor, así andad en Él”; (Colosenses 2:6). Y “andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo” (Colosenses 4:5).

Sabemos que la voluntad de Dios para con nosotras es nuestra santificación, ¡seamos agradecidas!

 

¡Dios les bendiga!

María del Carmen Tavarez C.

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