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11 de Enero de 2019

La verdad absoluta

“Santifícalos en la verdad; tu Palabra es verdad. Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Juan 17:17, 19).

“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).

 

“En esta oportunidad se me ha asignado reflexionar sobre la siguiente pregunta: ¿Tenemos la certeza de que todo lo que nos dice la Biblia es verdad absoluta? Y quisiera que te detengas por un momento, antes de continuar la lectura, a pensar si esto está siendo una realidad en tu vida. En primer lugar, deberíamos empezar por determinar si creemos en la Biblia y en el Dios que la inspiró. Y luego, asegurarnos si creemos que TODAS y cada una de las palabras que dice la Biblia son ciertas.

Y si me hicieras estas preguntas a mí, puedo decirte en este momento de mi vida, que creo profundamente que la Biblia es la verdad absoluta. Pero también puedo decirte que, por mucho tiempo, aun teniendo conocimiento de ella, habiendo leído muchos pasajes, visitado muchas veces la iglesia y escuchado muchos testimonios, me rehusaba a creer, y a confiar el curso de mi vida simplemente a lo que la Biblia me decía. Pensaba que mis planes y opiniones eran más confiables. Seguía caminando en la vida haciendo caso omiso a los versículos 5 y 6 de Proverbios 3, que dicen: "Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas." Y el resultado de andar bajo mis propias reglas y bajo mis propias decisiones, fue simplemente recolectar una serie de tropiezos y errores, al punto de llegar a sentir que mi vida se había vuelto un laberinto. Y por más que buscaba una salida no lograba encontrarla. Planeaba y planeaba cómo resolver las situaciones en las que me encontraba, pero el resultado que obtenía era más confusión.

¿Puedes imaginarte estar inmerso en un laberinto? En una oportunidad fui a un parque de diversiones, y había una atracción que era un laberinto de espejos. Estuve allí por más de media hora y nunca logré encontrar la salida. Al final, ya desesperada de dar vueltas, tuve que llamar al encargado para que me sacara de allí. Pues, te digo, que de esa misma manera fue que logré salir del laberinto de mi vida, el cual era tan igual al que te estuve contando en el párrafo anterior: Llamé a aquel que me había dicho que confiara en Él con todo mi corazón y que le reconociera en todos mis caminos. ¿Y sabes que hizo? Justo como lo promete en su Palabra, Él enderezó mis sendas. Cuando me abandoné en Él, y le pedí ayuda, Él se encargó de poner todas las cosas en su sitio.

El Salmo 37:5 dice "Encomienda al Señor tu camino, confía en Él, y El hará." En ese momento, confiar en el Señor representaba dejar todo lo que yo valoraba, cerrar los ojos y arrojarme a sus brazos. El precio para mí era muy alto y difícil de aceptar. Pero hoy puedo decir que, aunque fue, humanamente hablando, muy difícil, fue posible gracias a su Gracia y misericordia. Así como en el laberinto de cristal pedí ayuda al encargado para salir, de igual manera pedí ayuda al Encargado del universo, al Rey de reyes, a mi Padre Eterno, y Él, con su amor, hizo lo que prometió.

Desde ese instante todas sus promesas se cumplieron una a una, Él restauró mi vida de una manera que sólo Él podía hacer, y una muestra de ello es que hoy esté escribiendo de su amor eterno y fidelidad. Sólo su amor pudo redimir a esta pecadora, y hoy, usarla para su Gloria.

Si me preguntas cómo llegué a creer que la Biblia es la verdad absoluta, te puedo decir que creí porque se hizo evidente en mi vida. Pero esto solo se logra dando el paso de fe, creyendo que si nuestro Padre Celestial “no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros”, también nos dará con él todas las cosas, como dice Romanos 8:32. Él nos ama, y tiene planes de bien para nuestras vidas; así nos lo dice en Jeremías 29:11 “porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros un futuro y una esperanza”.

Pero vivimos en una época donde se nos invita a vivir por lo que vemos, y a dejar de lado la fe; en la era del “lo quiero todo aquí y ahora”. Quizás estemos pasando por un período donde no vemos que pueda llegar el cumplimiento de las promesas del Señor. Quizás no veas ni las más remotas señas del trabajo que esperas, del hijo que anhelas, del esposo con el que siempre has soñado, o que tu salud no mejora. Y me dirás: ¿cómo puedo creer que la Biblia es la verdad absoluta, si todo lo que espero no se ha cumplido, y todo lo que el Señor ha prometido no ha llegado?   Cobremos ánimo, y cómo dice Hebreos 10:23 “Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió”. Quizás la respuesta tarde en llegar, o llegue de una manera diferente a nuestra expectativa, pero podemos tener la certeza de que Él va a responder (2 Corintios 1:20; Números 23:19; 1 Reyes 8:56; Santiago 1:17).

Y si aún no conoces al Señor íntimamente, te animo a que le pidas ayuda y dirección para tu vida. Lee la Palabra, y pídele que ella ilumine tu camino, y que te deje verle actuar sobre ti de una manera sobrenatural, y que te permita ver cómo su Palabra se cumple en ti. Él nos dice en Jeremías 33:3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces”.

Que esta época de fin de año y comienzo del nuevo, en la que a muchas de nosotras nos gusta fijarnos metas, es mi oración que una de estas sea conocerle más a Él y que crezcamos más en el conocimiento de su toda suficiente y absoluta verdad. Que oremos junto con el salmista:

“No quites jamás de mi boca la Palabra de verdad, porque yo espero en tus ordenanzas. Y guardaré continuamente tu ley, para siempre y eternamente. Y andaré en libertad porque busco tus preceptos” (Salmos 119:43–45).

 

 

Aurita Gómez

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