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15 de Marzo de 2019

Humildad: Un requisito de la sabiduría

Por  Vilma Mata de Méndez

"Con los humildes está la sabiduría; la sabiduría está con los humildes con la humildad viene la sabiduría." (NTV) Proverbios 11:2b

 

¿Qué es la humildad?

Cada uno de nosotros tiene una definición de lo que es ser humilde y de lo que es ser sabio. Muchas veces vemos a alguien ser amable, cordial, comportarse con sencillez, amabilidad, hablar con los de condición económica más baja, compartir con sus empleados y con los que están bajo su autoridad y concluimos inmediatamente: “¡Qué persona más humilde!”

Otras veces vemos a una persona, exigente, demandante, y concluimos que es una persona orgullosa o arrogante. Y aunque puede haber algo de cierto en esto debemos preguntarnos cuál es el parámetro para determinar si una persona es humilde y sabia. La Biblia, en Proverbios, hace una distinción entre el necio, el sabio, el escarnecedor y el simple, y también habla del soberbio, arrogante, orgulloso y el humilde.

 

¿Qué es la sabiduría?

Proverbios 8:5 nos invita a adquirir sabiduría:

“Oh simples, aprended prudencia; y vosotros, necios, aprended sabiduría”.

La sabiduría es el temor a Jehová, apartarse del mal y escoger el bien; se aprende, no viene por la experiencia ni los años, hay personas mayores y no son sabias.

 

¿Cuál es la relación entre humildad y sabiduría?

Aunque el principio de la sabiduría es el temor a Jehová, la humildad es un requisito indispensable para ser sabio. Sin un carácter, y un espíritu humilde y enseñable, es imposible, aprender o ser instruido.

La Palabra nos dice en Prov. 9:8-10: “Reprende al sabio y te amará. Da instrucción al sabio y será aún más sabio, enseña al justo y aumentará su saber”. TODA enseñanza trae  instrucción, corrección, o reprensión, esto es disciplina. Una de las señales inequívocas de una persona humilde, es el aprendizaje, qué tan enseñable es. Cómo reacciona ante la instrucción, la represión, la crítica, las sugerencias, y las correcciones. 

Para recibir la Palabra hay que ser humilde. El humilde recibe la instrucción y reprensión y desecha o rechaza las sugerencias de su corazón que es perfecto y que todo lo que hace está bien.

Durante muchos años, sentía terror por mis profesores y maestros, y el que me llamaran la atención provocaba lágrimas en mis ojos. El perfeccionismo era parte de mi vida, por ende aunque era responsable y obediente, y parecía externamente humilde, no lo era. Quería hacer todo tan bien que no me llamaran la atención. Todo esto está íntimamente ligado al orgullo que es opuesto a la constante advertencia de Dios: “oye hijo mío, escucha, considera…”

Otro aspecto que resalta si una persona es humilde o no, es nuestra reacción a la crítica. Estudié arquitectura, y para enseñarnos debíamos colocar nuestros trabajos en un mural  a la vista de todos los compañeros, la evaluación de los profesores era en público, y muchas veces no era lo que esperaba, la crítica  me aplastaba, la crítica destruye o construye y corresponde a una persona sabia recibirla con humildad o rechazarla, tener la habilidad de examinar si hay algo de cierto en lo que se nos señala.  

El ser humilde no tiene nada que ver con tu nivel económico, ni con el temperamento introvertido, ni con ser melancólico, ni tu nivel de educación, una prueba a la humildad es cómo recibimos la crítica. A menudo la sabiduría tiene mucho que ver con el hablar y se muestra al abrir nuestra boca. “Si no, escúchame; calla, y te enseñaré (aquí es donde entra la humildad) sabiduría”. (Job 35:16)

Un tercer punto para examinar nuestra humildad es la forma en que reaccionamos a la corrección. Cuando una falta es señalada por nuestros padres, por nuestro cónyuge, maestros, líderes, pastores… ¿Cómo reaccionamos? La mía inmediatamente es a defenderme, a no ver la viga que está en mi ojo, a excusarme, a acusar a otro, a buscar las faltas en el que está señalándolas, a llorar, pero nunca a pensar que segundos pensamientos son mejores que los primeros. ¿Tiene razón esta persona en lo que me señala?

Recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas. Santiago 1:21

La Sabiduría en el hijo De Dios  es un asunto de tiempo, de madurez, de experiencia. Para ser sabia debo rechazar lo malo, el pecado y escoger lo bueno. Como vemos en la Escritura, Dios es quien da las dos cosas: “porque Dios le ha hecho olvidar la sabiduría, y no le ha dado su porción de inteligencia”. Job 39:17

 

¿Cómo vemos humildad en otros?

Asimismo, vosotros los más jóvenes, estad sujetos a los mayores; y todos, revestíos de humildad en vuestro trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. 1 Pedro 5:5

Reconocer y aceptar nuestros propios errores, faltas y pecados puede resultar duro y difícil, es una convicción que requiere tener un correcto entendimiento de quién es Dios y quiénes somos nosotras. ¿Quién reconoce sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. La Palabra nos invita a no tener un concepto más alto de nosotras mismas de que debemos tener. Es parte de la humildad conocer quiénes somos , cuál es nuestra identidad, cuáles son nuestros dones, cuál es nuestro llamado. También es parte de la humildad conocer lo que no somos, cuáles no son nuestro dones, ni nuestros talentos, ni llamado y lo que no estamos capacitadas para hacer.

En cuanto a nuestra relación con los demás, es un aspecto esencial de la humildad reconocer los dones de otros; afirmar, reconocer y celebrar la gracia de Dios en otras personas, celebrar lo que Dios les ha dado, animarlas y entusiasmarlas.

 

Consideraciones finales

El camino directo para encontrar humildad y sabiduría es buscar al Señor, dicha búsqueda en sí misma es un acto de humildad. Y la razón por la que podemos hacer ambas cosas es a través de nuestro Señor y Salvador Jesús, quien nos dejó un camino perfecto que imitar.

1. Jesús mostró humildad cuando tomó la condición de hombre. Dejando Su trono de gloria con el Padre. Cristo es el ejemplo por excelencia de humildad. Siendo Dios, se encarnó en un bebé y duró 9 meses en el vientre de una mujer. Teniendo la capacidad de hablar a la madera y ordenar que se hiciera una silla o una mesa, aprendió con paciencia a cortar, serruchar, clavar y medir.

2. Jesús se humilló en obediencia. La aprendió, se humilló voluntariamente, se ofreció a morir como un criminal.

3. Jesús sirvió con humildad. Los esclavos, los siervos eran quienes lavaban los pies y Él tomó esa posición en servicio a Sus discípulos.

Finalmente te invito a revestirse de humildad, soportando a los otros en amor y esperar en Dios y en Sus recompensas.

 

 

Vilma Méndez

Esposa del Pastor Luis Mendez, sirven en El ministerio de Consejería de la IBI.

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