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21 de Abril de 2020

Fe en tiempos de Pandemia

"Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo"

(2 Pedro 1:5-8)

Viendo el mundo y el giro que ha dado con esta pandemia provocada por el virus COVID-19, que nos ha arropado trayendo dolor, enfermedad y muertes, es un panorama que desalienta y entristece con lo que acontece. Ver las noticias, oír las notas de voz, conocer la cantidad de muertos, el número de personas infectadas y la proyección del virus, todo eso ha abrumado y cargado nuestra mente. Muchas, en algún momento, hemos tenido reacciones diversas como consecuencia de nuestras emociones alteradas, tanto de pánico, como de desesperanza, ansiedad, depresión y tristeza, características propias del ser humano, pero que, si les damos rienda suelta, se transformarían en un monstruo que podría destruirnos sin darnos cuenta, tanto nuestra salud mental como la espiritual y física.

Tengo que admitir que hubo  momentos al inicio de esta situación mundial, que yo misma tuve que apelar al versículo 5 de 2 Corintios 10 para derribar argumentos que se querían levantar,  trayendo temor ante una situación que no escapa de la perfecta voluntad de nuestro Dios, e inmediatamente el Espíritu de Dios trajo convicción a mi vida, y llevé cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, porque dándole cabida se abren puertas para que esa información controle mi mente y quite mi mirada de Cristo y dé paso a la incredulidad (falta de fe), lo cual no podemos permitir. Hermanas, cuando el Señor nos ha prometido estar con nosotras dondequiera que vayamos, innumerables veces se menciona en la Biblia que no temamos a nada porque Él cuida de nosotras, que no nos desamparará, no importa por el valle que estemos atravesando, y que por nada debemos estar afanosas, antes bien sean conocidas nuestras peticiones ante el trono de la gracia.  Y esto no quiere decir que no veamos el acontecer del mundo, pero sí que debemos entender que nuestra forma de verlo tiene que ser a través de la palabra de Dios. Ver todo con los ojos de la Fe y la Esperanza puesta en Jesús, manifestando así nuestra madurez cristiana.

Pedro enumera en 2 Pedro 1:5-8, las virtudes que debe cultivar un creyente para que sea espiritualmente vencedor y productivo delante de Dios. La afirmación “poniendo toda la diligencia” demuestra que los creyentes debemos ser prontos en sujetarnos y participar activamente en nuestro crecimiento en Cristo”. Las que hemos sido redimidas por su sangre debemos esforzarnos por añadir a nuestra fe las siguientes cualidades virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, fraternidad y amor, trabajando en equipo con el Espíritu Santo para lograrlo.

¿Reconocen aquellos alrededor nuestro que caminamos con Cristo?

¿Da evidencias nuestra vida de que Dios la ha transformado? ¿Qué tan comprometidas estamos en reflejar a Cristo? ¿Testifican mis familiares, amistades y nuestro  entorno que somos cristianas genuinas?, Hebreos 2:1 nos advierte que es necesario “que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”,  razón por la cual el autor de Hebreos le pone suma importancia a la superioridad del Hijo de Dios y su revelación, e inculca a los que han recibido la salvación, que deben tomar muy en serio el testimonio y la doctrina de Cristo. Entonces hablaremos de 3 características esenciales que debe tener una hija de Dios para que sea de testimonio a su entorno y modele su madurez cristiana.

1. Frutos. Jesús dijo en Mateo 7:16 que “Por sus frutos los conoceréis”; en ese entonces hablaba de los falsos maestros, pero actualizándolo al tema que nos ocupa, ¿qué definición tendría la palabra “frutos”?  Serían las cualidades que muestran el carácter de Cristo. Esas cualidades son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5:22-23) Es necesario hacer una retrospección en nuestro interior y ver si nuestra vida es el reflejo de esas cualidades o si solo somos oidoras o lectoras olvidadizas y no hacedoras de su Palabra. ¡Procuremos fructificar apegadas a la fuente que es nuestro Señor Jesús, su Palabra y la guía del Espíritu Santo!   Como leemos en Hebreos, la tierra que fructifica, es bendecida por Dios (Hebreos 6:7).

2. Fe. Para confiar en la Palabra de Dios y descansar en ella debo tener Fe en Dios, creer que es Inmutable, Todopoderoso, Soberano, Creador del Cielo y de la Tierra. Una pregunta sencilla: ¿Qué mostramos al mundo? ¿Una Fe circunstancial o una Fe segura en un Dios que todo lo puede? ¿Cómo reaccionamos ante las circunstancias difíciles? ¿Lo hacemos con temor, miedo e inseguridad, o con una Fe que no se limita a lo que estamos viendo o viviendo por doloroso que sea?  ¿Es una fe que está puesta en las promesas y no en las circunstancias que nos llenan de temor y confusión?  ¿Podemos decir que somos cristianas que no reflejan incredulidad sino, que CREEN en lo que Dios ha dicho, y NO lo que nos ha dictado el mundo?

3. Paz. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). Esa es la paz que sobrepasa todo entendimiento, la cual solo puede dar el Dios de los cielos. En un mundo muerto de miedo, los hijos de Dios se mantienen en paz; esa que no se explica porque descansamos sabiendo que nuestro Padre está en control de todo virus que azota el mundo. Amadas, no sucumbamos ante la incertidumbre, porque nuestro Dios ha prometido guardar en completa paz aquel cuyo pensamiento en Él persevera; depositemos todo lo que nos perturba ante nuestro Gran Sumo Sacerdote Jesucristo porque Él traerá refrigerio a nuestras vidas.    

Que nuestra fe cuando sea sometida a prueba, y que a través del fuego sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo (1 Pedro 1:7). Es por eso que por nada debemos estar confundidas, ansiosas ni temerosas; antes bien, depositemos con   acción de gracias nuestras peticiones a Dios, y Él nos dará Paz y aumentará nuestra Fe en Él. Aprovechemos este tiempo de cuarentena para buscar a Dios en su Palabra, rendirnos en oración y pedirle que nos transforme y nos avive, para dar frutos que evidencien que nuestro caminar le pertenece, y que nuestro deseo siempre será buscar primeramente su reino, fijando nuestra mirada en lo eterno.  No olvidemos que la santidad es un proceso que se da al obedecer al Señor y su Palabra, caminando en fe, con paciencia, avanzando en nuestro crecimiento, donde nuestro Dios nos está moldeando el carácter a través de su Espíritu Santo hasta alcanzar la imagen de su Hijo Jesucristo.

Perseveremos, pues, en fe, en paciencia, con la esperanza puesta en Jesús, quien nos prometió vida y salvación, ancladas en sus promesas, que son fieles y verdaderas.

Sigamos en amor, sirviendo con reverencia al Señor y también a nuestros hermanos en la fe; y de su propia mano recibiremos bendición. Así leemos la exhortación hecha a los hebreos:

“porque Dios no es injusto como para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido, y sirviendo aún a los santos. Pero deseamos que cada uno de nosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que mediante la fe y la paciencia heredan las promesas”

(Hebreos 6:10-12)

Julissa García

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