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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

11 de Febrero de 2018

De rebelde a predicador

Este domingo el pastor Miguel Núñez continuó con la serie “Hasta los confines de la tierra” predicando el sermón “De rebelde a predicador”. El texto, Hechos 9:1-19, narra la historia de la conversión más importante de los últimos 2000 años de la historia cristiana: la de Saulo de Tarso quien conocemos como el apóstol Pablo. No hay lugar a dudas de que estos cambios en el mundo los hizo Dios a través de Pablo.

A través del libro de Hechos se ve que Saulo era un judío que respiraba amenazas y muerte contra los discípulos del Señor. Como otros perseguidores de los hijos de Dios, Saulo creía estar sirviendo a Dios, mientras que daba muerte a aquellos que eran siervos de Dios. Saulo, específicamente, era extremadamente religioso (Filipenses 3: 5-6); creía en Jehová, pero tenía su confianza depositada en su habilidad de complacer a Dios cumpliendo la ley. Por eso es que Pablo dice que el pecado lo engañó y lo mató (Romanos 7:11) lo cual es la expresión extrema de la rebelión que existe en el corazón de cada ser humano.

Si la rebelión es la inclinación natural del corazón humano, la misericordia es la inclinación natural del corazón de Dios. Mientras el corazón rebelde de Pablo salió a perseguir a los creyentes, el corazón misericordioso de Jesús salió a perseguir a Pablo. Jesús interceptó a Pablo cuando este iba camino a Damasco en búsqueda de más cristianos. Como fruto de este encuentro con Cristo, Saulo quedó ciego temporalmente; aun así, Cristo lo instruyó a que continúe su camino hacia Damasco. Ahí se encontró con un discípulo de Jesús a quien Dios había preparado para ese día: Ananías.

Ananías tenía dudas acerca de Saulo por lo que había oído de él y le expresa esa duda al Señor. Como respuesta, el Señor no se enojó con Ananías, sino que le explica Su propósito a Saulo (v. 15-16).La elección soberana de sus instrumentos siempre ha sido la manera natural De Dios llevar a cabo la evangelización del mundo. De aquí en adelante Saulo fue el principal instrumento de Dios para llevar el Evangelio ante lo gentiles, Reyes y aún ante los hijos de Israel.

Alguien pudiera objetar y decir, ¿Cómo es posible que Dios llame a un hombre a trabajar en aras del reino y al mismo día que lo llama, le informa que el llamado es doble: uno a ser instrumento en las manos de Dios y el otro a sufrir como instrumento del mismo Dios? Cuando sufrimos por causa de Cristo, nuestro sufrimiento se convierte en un mensaje poderoso a favor de la gracia de Dios.

Ananías fue instruido que para que fuera a la calle llamada Derecha y que entrara a la casa de Judas donde se estaba quedando Saulo. Él está allí orando y mientras orabavio“en una visión a un hombre llamado Ananías, que entra y pone las manos sobre él para que recobre la vista.” Saulo recobró la vista, fue llenado por el Espíritu, bautizado y en seguida se puso a predicar a favor de Cristo. En un solo día, Saulo pasó de rebelde a predicador y de un hombre perdido a un hombre salvo. 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó con la serie “Hasta los confines de la tierra”, predicando el sermón “La evangelización bajo la dirección del Espíritu” basado en Hechos 8: 26-40. Este texto nos habla de Felipe, todavía en su tarea de evangelización, pero en esta ocasión ya no evangelizando a multitudes, sino evangelizando a una sola persona. Aquí vemos varios actores principales: Felipe, un eunuco, y Dios. De los tres, es obvio que Dios es el protagonista, no solo porque es Dios, sino porque Él es quien está dirigiendo el drama.

En el versículo 26, un ángel del Señor le habla a Felipe, ordenándole: “levántate y ve hacia el Sur, el camino que desciende de Jerusalén a Gaza.” En este camino desierto, Felipe se encontró con un eunuco etíope. Notemos como Felipe es continuamente dirigido por Dios y como no hay resistencia de parte de Felipe ni cuestionamiento e incredulidad. Él pudo haber objetado a irse porque estaba en medio de un avivamiento en Samaria del cual era la figura principal. Sin embargo, Dios lo saca de ahí para que le dedicara tiempo especial a un solo hombre que iba camino a Etiopía. Este eunuco era un alto oficial de la reina de los etíopes porque él estaba encargado de todos los tesoros de la Reina. De varias maneras, vemos a Dios dirigiendo todo: Él movió a este oficial de la Reina a ir a Jerusalén y regresar justamente durante el avivamiento en Samaria. También envió a un ángel del Señor a hablarle a Felipe y darle instrucciones de levantarse para encontrarse con este hombre.

El versículo 28 nos dice que el etíope venía leyendo una porción del profeta Isaías lo cual es significante porque, en ese tiempo, solamente personas de mucho dinero podían adquirir un rollo. El próximo versículo (29) vemos que el Espíritu dirige a Felipe a percatarse de lo que el eunuco estaba leyendo. Evangelista al fin, Felipe le pregunta si entiende lo que lee. El eunuco responde diciendo, “¿cómo podré, a menos que alguien me guíe?”, invitando a Felipe a que se sentara con él. El eunuco no entendía lo que estaba leyendo porque el hombre que no conoce a Cristo no entiende las Escrituras. Él está muerto espiritualmente y su mente está en oscuridad. La Biblia claramente nos dices que el incrédulo es incapaz de responder a la verdad del evangelio (1 Corintios 2:14).

El pasaje de Isaías que estaba leyendo era Isaías 53 que habla del sacrificio de Cristo. El eunuco no sabía a quién se refería el pasaje a lo cual Felipe le responde anunciándole el evangelio (v.35). Con toda probabilidad, Felipe le compartió el texto completo de Isaías 52 y 53 que hace referencia al sacrificio de Cristo. Este texto habla del rechazo de Jesús por parte del pueblo judío y del tremendo dolor y aflicción por el cual Él atravesó. En los versículos 36-38 vemos que el eunuco después entendió el pasaje de Isaías y recibió convicción de pecado. Romanos 10: 17 dice, “la fe viene por el oír y el oír por la palabra De Dios,” pero si el Espíritu de Dios no toma esa palabra y la aplica al corazón y a la mente del incrédulo, es imposible creer. La Palabra por sí sola no es lo que produce la fe; es el Espíritu que da vida, entendimiento y fe por medio de la Palabra. La efectividad en el evangelismo, no depende de nuestras habilidades, sino del trabajo del Espíritu. Si el Espíritu no aplica lo dicho al corazón del otro, no habrá frutos (Zac 4:6). 

Entendido el texto, convicto de pecado, el eunuco pone su fe en Cristo e inmediatamente expresó su deseo obedecer y ser bautizado, algo que la Palabra presenta como una obligación si creyó con todo su corazón y se arrepintió de sus pecados. Cuando Pedro predica su segundo sermón apostólico, él le dice a la multitud “arrepentíos y convertíos para que tiempos de refrigerio puedan venir a vosotros.” Consiguientemente, ambos descendieron al agua y Felipe bautiza al eunuco.

En los versículos 39 a 40 se puede notar como el Espíritu de Dios sigue Su tarea dirigiendo la evangelización del mundo. El Espíritu de Dios se llevó a Felipe de manera sobrenatural a otra ciudad de nombre Azoto. El texto explica que por donde quiera que Felipe pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades hasta que llegó a Cesárea. La realidad es que Felipe solamente estaba haciendo aquello para lo cual Dios nos salvó: ser testigos de Él. El espíritu de Dios vino para dar testimonio de Jesús y para empoderarnos a ser exactamente la misma cosa (Juan 15:26-27).

Serie: Vida de iglesia

¿Recuerdas en qué consiste el nuevo mandamiento que Jesús dio a Sus discípulos en Juan 13:34-35?  Y que aplica a nosotras hoy en día, también.

Te invitamos a leer esos versículos y compartir tu respuesta debajo.

En el capítulo “La iglesia de ‘los unos y los otros’” el pastor Miguel Núñez nos ayuda a entender que lo “novedoso” del mandamiento es que no solo se les llamaba a amar el prójimo como a sí mismos, sino “como Jesús los había amado”.

¿Cómo amó Jesús a Sus discípulos? ¿Debido a que ellos eran perfectos? ¿Hacían todo lo que les mandaba? O ¿no se equivocaban? ¿Nunca le fallaron?

¿Qué pasó con Tomás según Juan 20:24-31?

¿Y con Pedro, conforme registra Marcos 14:66-72?

¡Los amó hasta el fin! Según Juan 13:1.

Continúa refiriendo el pastor que para amar como Jesús nos ha amado (de manera incondicional) es necesario haber nacido de nuevo pues solo con Su amor en nuestros corazones por la morada de Su Espíritu en nuestro interior somos capacitadas a amar como Cristo ama.

Es decir, si me he arrepentido, confesado mis pecados y reconocido a Cristo como mi Salvador, ¡no tengo excusa para no amar a los miembros del cuerpo de Cristo!  ¿Te preguntarás por qué hacemos esa afirmación de manera tan categórica? 

Leamos juntas a Romanos 5:5: “…porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.

Entre otras, ésta puede ser una de las razones por las cuales el pastor expresa lo siguiente: “El hombre carnal no conoce ese amor, no sabe cómo hacerlo y tampoco puede crearlo. La única manera de poder amar de manera incondicional es si disfrutamos la llenura de Su Espíritu. Cuando tenemos problemas en amar a una de las ovejas de Dios de esa manera, el problema no es tanto la falta de amor, sino falta de llenura del Espíritu”.

¿Seguirás evitando integrarte, pertenecer, servir en tu iglesia porque te resulta difícil amar a los miembros de Su cuerpo?

De acuerdo con la conclusión del pastor en el párrafo anterior ¿qué estamos llamadas a hacer si nos encontráramos en tal situación? Lee el mandato de Efesios 5:18, refiriéndose a este versículo dice el pastor John MacArthur: “Lo que Pablo está diciendo aquí es, literalmente: ‘Permitan al Espíritu de Dios que ya está en ustedes que los llene continuamente’… Ser lleno del Espíritu significa únicamente dejar que el Espíritu de Dios, que ya se encuentra dentro de usted, lo controle”. 

Testimonios:

Los grupos pequeños de estudio bíblico y oración es uno de los instrumentos de Dios para enseñarnos a amar a los miembros de Su familia: 

Cristina Incháustegui

1. Crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios en un ambiente de confianza donde se pueden hacer preguntas.

2. Cultivar relaciones con mujeres que enriquecen y ayudan a la formación del carácter de Cristo en mí, como mujer.

3. Tener un tiempo a la semana para orar las unas por las otras y compartir nuestros retos en el caminar cristiano para poder ser discutidos a la luz de la Palabra.

Jannette Acevedo

1. Es una oportunidad para conocernos mejor, ya que nuestra iglesia es muy grande y a veces ni podemos vernos.

2. Es un espacio donde poder expresar con más confianza nuestras dudas y temores

3. Es un instrumento de consuelo en tiempos de tribulación, porque nos permite acompañar, o que nos acompañen más de cerca en momentos difíciles.

Claudia Humeau

1. Nos ayuda a crecer espiritualmente.

2. Es un medio de gracia por el cual somos acompañadas y acompañamos a otras en nuestro caminar cristiano, aportando lo que sabemos y nutriéndonos de lo que saben las demás.

3. Consolidamos lazos de amistad para la gloria de Dios, lo cual se hace posible por ser un grupo pequeño.

4. Somos consoladas, confrontadas, aconsejadas, guiadas, amadas, oramos las unas por las otras, lloramos, reímos y nos gozamos juntas de ser hijas del Todopoderoso, Rey, Hermoso y Santo Padre, nuestro Padre.

¡No desperdicies la oportunidad de amar y ser amada en tu grupo pequeño! Y sobre todo, recuerda las palabras de Jesús en Juan 13:35 “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros”.

 

 

Ministerio EZER

15 de Enero de 2018

Modestia... ¿Qué es eso?

"Si usted es ciego, o de otro planeta, pudiera haber pasado por alto el hecho de que la modestia ha sido enterrada." - Bárbara Hughes

Uno de los diccionarios consultados dice que la modestia es “una virtud que modela, templa y regula las acciones externas”; por tanto, ella debe servirnos para frenar nuestras acciones pecaminosas. Lamentablemente, esta virtud, como le llama el diccionario, ha comenzado a desaparecer, no solamente en la forma de hablar, sino también en el sentido de decencia en cuanto al vestir y a la conducta misma.

La generación actual se encuentra ante un problema multifactorial. Podemos observar que hay una desensibilización por parte del pueblo ante las conductas inmodestas del resto de la población. Cuando hablamos de desensibilización, nos referimos al proceso de pérdida paulatina del pudor y la pérdida progresiva de nuestra capacidad para reaccionar ante las cosas que en un tiempo atrás nos hacía ruborizar. Recordemos las palabras de Jeremías 6:15, “¿Se han avergonzado de la abominación que han cometido? Ciertamente no se han avergonzado, ni aun han sabido ruborizarse; por tanto caerán entre los que caigan; en la hora que yo los castigue serán derribados–dice el SEÑOR”.

Esa desensibilización resulta evidente en la vulgaridad que escuchamos en los famosos “talk shows”, en la lírica de las canciones populares; en la manera como las telenovelas y las películas sensuales son llevadas al interior de los hogares, aún en horarios cuando los niños están despiertos. Vemos el mismo fenómeno en los anuncios que llegan hasta nosotros, vía la televisión y los periódicos; y, finalmente, por la forma agresiva en que la pornografía y todo tipo de sensualidad llega a nosotros a través del internet.

En el mundo de hoy, es frecuente escuchar la afirmación de que no hay absolutos para juzgar el sentido de la modestia. Y así dentro del mundo evangélico, comenzamos a escuchar que no importa lo que hagas, porque Dios solo juzga la motivación del corazón, y por tanto “tú no puedes juzgarme porque solo Dios es capaz de conocer mi corazón”. Yo creo que en ambos casos estamos frente a situaciones que amenazan la misma zapata de la iglesia. Otros justifican su inmodestia alegando que si no podemos citar un capítulo y un verso de la Biblia que prohíba directamente la acción en la que están incurriendo, entonces no tenemos derecho a llamarles la atención. Yo creo que este razonamiento suena espiritual, pero no es bíblico. El argumento más débil de todos es el argumento de silencio, ya que existen un sin número de situaciones no mencionadas específicamente en la Biblia, pero que sí tienen su asidero en la palabra de Dios. La biblia puede no contener un pasaje específico para cada una de las acciones inmodestas de hoy en día, pero no es menos cierto que la palabra está repleta de advertencias en contra de la inmoralidad en todas sus formas.

Cuando alguien menciona lo que Dios juzga es el corazón, y que por tanto no debiéramos juzgarle, creo que muchas veces esa persona ha olvidado lo que Dios dice a través de Jeremías 17:9 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. De manera que si el corazón es engañoso, entonces el corazón por sí solo no puede ser algo confiable para dirigir mi conducta.

Otros hablan de que nosotros tenemos una libertad de conciencia para actuar en aquellas áreas donde la palabra no nos da lineamientos claros de prohibición. Pero aquí también tenemos que hacer una observación, y es que la conciencia por sí sola tampoco es algo confiable para yo determinar el curso que he de seguir. La conciencia puede ayudar, pero recordemos que la conciencia puede ser corrompida (Tito 1:15), cauterizada (1 Timoteo 4:2), puede ser débil (1 Corintios 4:8), y finalmente nuestra conciencia pudiera incluso ser mala (Hebreos 10:22).

Cuando pensamos en la inmodestia a la hora de hablar, no podemos olvidar lo que el Señor Jesús nos ordenó hace mucho tiempo atrás, cuando nos dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). De esa misma manera, podemos afirmar que de la abundancia del corazón se viste el cuerpo. Nosotros nos vestimos según los dictámenes de nuestra conciencia. Cuando nuestra conciencia es adormecida, precisamente como fruto de haber vivido expuesto al pecado desde muy temprano, estamos frente a un individuo que más temprano que tarde va a terminar perdiendo su sentido de culpa, su sentido de vergüenza y su sentido del deber. Estas tres cosas contribuyen al llenado de nuestras responsabilidades morales.

Decía que la conciencia no puede ser la única determinante de cómo nos vamos a comportar, porque pudiera no estar bien informada. Mi conciencia puede ser informada, y necesita ser informada, por la palabra de Dios, de tal manera que pueda ayudarme a tomar decisiones en momentos de necesidad. Por otro lado, esa conciencia pudiera ser iluminada por el Espíritu Santo cuando Él mora en mí, y más aún cuando Él nos da su llenura. Tampoco podemos negar el hecho de que nuestra conciencia puede ser deformada, cuando es expuesta a malas enseñanzas. Por tanto, una conciencia deformada me va a llevar a patrones de inmoralidad y de inmodestia en múltiples áreas del quehacer diario.

En un próximo post estaremos analizando qué cosas debiéramos tener presente a la hora de determinar si algo es modesto o prudente.

 

 

Miguel Núñez

*Originalmente publicado en integridadysabiduria.org

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó con la serie “Hasta los confines de la tierra” con el sermón “La providencia de Dios obra a través de la persecución” basado en Hechos 8:1-8.

Como un Dios omnipotente, interesado más en salvar a pecadores que nosotros, es fácil pensar que El orquestaría que sus hijos prediquen el evangelio sin oposición o peligro. Pero la verdad es que parece que pasa lo opuesto con frecuencia: que a los mejores de Dios les ocurren las peores cosas. A través de los años, Dios ha usado la persecución para aumentar el tamaño y la fortaleza de Su iglesia.

¿Por qué Dios permite la maldad, incluso en contra de Sus planes? ¿Por qué las bendiciones no son iguales para todos? ¿Por qué prosperan los malvados? Si Dios es bueno, ¿por qué no minimizado el sufrimiento y maximizado el gozo?

Las respuestas a estas preguntas se escapan de nuestro entendimiento. Aun así, si vemos la Biblia, podemos ver que Dios ha usado el mal y el sufrimiento como instrumentos para llevar a cabo Sus propósitos. En el versículo de hoy, vemos que es a través del dolor y el sufrimiento que el Evangelio comienza a salir de Jerusalén. La encomienda de Cristo era que la Palabra de Dios saliera a las naciones, algo que no ocurrió hasta después que Esteban, un hijo fiel de Dios fue apedreado por confrontar a otros con sus pecados.

La Biblia dice que eventos y actividades humanas tienen detrás fuerzas espirituales de maldad, lo cual significa que constantemente estamos en una guerra espiritual. El incrédulo es cautivo del diablo para hacer su voluntad por que el incrédulo tiene una naturaleza carnal que Satanás sabe controlar. El diablo usa a seres humanos para el mal, pero Dios lo permite para probar nuestra fe. La fe es probada por el fuego; la fe es modificada, mejorada, enriquecida por la tribulación. No tenemos las respuestas de porque Dios permite el dolor y el sufrimiento. Aun así, sabemos que quizás Dios permite la persecución en la vida de sus hijos para demostrarle a las fuerzas de las tinieblas que aun en la condición más débil que podamos llegar, Satanás es incapaz de destrozar y oponerse a Sus propósitos.

31 de Diciembre de 2017

En espera de Su segunda venida

A la luz del Nuevo Testamento, debiéramos levantarnos todos los días expectantes, pensando si hoy pudiera ser el día de su regreso, no con temor, sino con espíritu de gozo. Sin embargo, la realidad es que queremos que el Señor altere Su programa hasta que yo pueda ver el mío realizado. Por esto, necesitamos escudriñar aquellas cosas que Dios ha revelado del futuro y también las escrituras para saber qué debemos hacer en la espera.

En 2 Pedro 3:10-14, Pedro nos habla de 3 enseñanzas:

1. La espera del Señor

A nosotros nos parece que Dios ha tardado tiempo para regresar, porque lo que a nosotros nos parece mucho tiempo, en realidad para el Señor es un abrir y cerrar de ojos. Por otro lado, vemos que el Señor está a la espera para regresar y Él no ha olvidado Sus promesas, sino que las ha retrasado por Su deseo de salvar la mayor cantidad de personas. Sin embargo, el hombre en vez de dar gracias a Dios por Su misericordia al esperar, lo que ha hecho es burlarse de Su espera (2 Pedro 3: 3-4).

Falsos maestros cuestionan el cumplimiento de lo que aún no ha ocurrido ignorando o pasando por alto el cumplimiento de lo que ya sí ocurrió. Pedro nos recuerda que Dios destruyó el mundo una vez y, aunque prometió no volver a destruirlo con agua (Gen 9:11), nunca prometió no volver a destruirlo de ninguna manera. En el texto de hoy Pedro nos recuerda que sí habrá otra destrucción, pero que esta otra no será por agua, sino por fuego que visitará la tierra en el día del juicio y que será para la destrucción de los impíos (versículos 6 y 7).

2. Lo que le espera a este universo material

El día del Señor del que habla Pedro en el versículo 10 es el día del regreso de Cristo para juzgar a los habitantes de la tierra y recompensar a los suyos así marcando el fin de la era de la misericordia. Pedro nos habla de que Su venida será súbita como un ladrón en la noche; por tanto, debemos estar preparados. Ese día, el Señor pagará a los hombres de acuerdo a sus obras (1 Corintos 5:10) y en ese día del Señor Dios terminará cumpliendo todas Sus promesas. Será intimidante porque Su llegada sonará como un gran estruendo. Los hijos de Dios recordarán ese día porque verán Sus promesas cumplidas y los que le rechazaron lo recordarán porque será el día de mayor dolor y desesperanza de su historia.

3. La espera del creyente.

Pedro afirma en el versículo 11, “Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad!”. La expresión aparece con signo de admiración en nuestras traducciones por el énfasis que la expresión tiene en el original. En vista de lo anunciado, la destrucción masiva de la tierra y aparentemente de todo el universo, nuestra manera de vivir debería ser excepcionalmente santa. Pedro está usando aquí dos motivaciones estrechamente relacionadas para la vida de santidad y de piedad: la venida del Señor y el día del juicio. Esta motivación es necesaria porque cuando no tenemos en mente la venida del Señor, la carne se entrega a sus propias pasiones. Después de Génesis 3 cuando El hombre cayó, el siempre necesita múltiples recordatorios y motivaciones para vivir una vida de santidad y piedad. 1 Juan 3:3 lo dice: “Y todo el que tiene esta esperanza puesta en El, se purifica, así como Él es puro.” Esto significa que yo puedo santificarme separado o independientemente de Dios, pero Él no te santifica sin tu participación activa en el proceso y sin ninguna contribución de tu parte. Nosotros tenemos la responsabilidad de negarnos los deseos mundanos, capacitados por Su gracia.

24 de Diciembre de 2017

Un niño como señal de Su venida

Isaías 9:6-7 es un texto con el cual todos estamos familiarizados, pero al mismo tiempo, no conocemos su contexto, ni sus implicaciones. Este texto habla de que el mesías vendría en forma de un ser humano porque nacería como un niño; que tendría características de un ser divino por los nombres que posee y que tendría como meta restablecer el orden aquí en la tierra con la instauración de su reino. Este nacimiento fue peculiar: nació de una virgen, pero como todo ser humano, tuvo una genealogía humana la cual contenía personas no piadosas (Mateo 1). De manera que este niño nacido de una virgen, vendría a salvar a sus propios familiares del pecado.

El texto que leímos en Isaías nos dice que este niño nos fue dado como un regalo sagrado—que los hombres profanarían—en una envoltura ordinaria de una naturaleza humana (Juan 3:16). Dios amó el mundo; no las obras pecaminosas de los hombres del mundo a tal manera que nos dio el evangelio en persona: a Su Hijo.

El día que Cristo nació la población de todo el imperio Romano había sido movilizada para ir a su lugar de nacimiento debido a un decreto de César Augusto quien quería realizar un censo. Cuando José y María llegaron a una aldea de la ciudad de Belén, el área estaba tan abarrotada de gente que no se encontró espacio para ellos quedarse. Es decir, Dios creó el mundo y cuando fue a ese mundo, no tenían espacio para El. Dios, lleno de gracia, vino a un mundo ingrato. Ese día Jesús hizo entrada al mundo, pero los suyos no le recibieron por varias razones:

1. Porque vino de una forma inesperada—sin anunciarse, prácticamente. Vino a un pesebre en una aldea desconocida, en vez de llegar a Roma, Atenas o a Jerusalén. Muchos esperaban una especie de Mesías político que los liberara del yugo de la opresión de Roma, desconociendo que su mayor yugo es el yugo del pecado.  

2. Porque la mayoría estaba contenta con su forma de vivir y por tanto la llegada del Mesías era casi una intromisión en sus planes.

3. Porque al llegar Jesús, cada cual estaba ocupado haciendo “su propia cosa”; nadie tenía tiempo para prestarle atención a este niño.

Isaías 9:6 nos dice de este niño que su nombre será: “Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” El niño que nos fue dado, hoy gobierna toda la creación y es Admirable en sí mismo. Sirvió sin prejuicios y cuando le rechazaron siguió sirviendo porque cuando le sirves al hombre, le sirves a Dios. El hombre que solo sirve a los que le sirven, pues no sirve para ser discípulo de Jesús.

El texto de Isaías que estamos considerando hoy nos dice en el versículo 6 “la soberanía reposará sobre sus hombros”. De manera que el reino de este Príncipe de Paz será exclusivo de Él y Él será soberano en Sus decisiones, las cuales aumentarán poco a poco (Isaías 9:7). Cristo no estableció Su gobierno de inmediato y, por tanto, habría un período cuando pudiera parecer que no estaba en control y no podríamos ver la paz sobre la tierra. Pero llegaría el momento en que Su gobierno y paz serían establecidos. El texto nos dice que Su gobierno será sostenido con el derecho y la justicia. El vino una vez y ha prometido regresar por Su iglesia… el reino de los hombres tendrá fin y el reino de Cristo será instaurado.

En el texto de hoy, Esteban confronta a los sanedrines con otro pecado: la sobre-glorificación del templo. A pesar de que Esteban entendía los orígenes increíbles del tabernáculo, el parece insinuar que el templo no era tan importante como ellos piensan. Dios habitaba ahí simbólicamente pero ningún lugar o templo lo podría contener, tal como le reveló a Salomón, el constructor del templo. Dios usó el tabernáculo como un lugar importante de revelación y adoración; fue en este tiempo que el templo de Dios tuvo su era de oro: cuando aún era solo un tabernáculo.

Esteban no estaba comentaba en contra del templo, pero del uso que se le estaba dando. El problema surge en que glorificaban el templo del Señor mientras que maltrataban al prójimo y despreciaban el altar. En Malaquías 1:6 vemos como Dios confrontaba al pueblo por dar ofrendas despreciables—pan inmundo y animales enfermos—algo que vemos reflejado en los descendientes de este pueblo: los miembros del sanedrín. Esteban expresaba el maltrato hacia el templo en glorificarlo en sus palabras, pero depreciarlo en sus acciones y su diario vivir. Esta relación, entre la persona y la iglesia—incluyendo el prójimo—demuestra cómo está el corazón. En esto, Esteban demostró que los corazones de los miembros del sanedrín no estaban.

En fin, el problema no surge del templo ni de la violación de la ley, sino de la glorificación de la ley de parte del pueblo judío y la practica de legalismo mientras que francamente violaban la ley. Esteban les acusa de ser duros de cerviz y tercos, negándose a ceder y glorificar a Dios. Además, Esteban los llama “incircuncisos de corazón”, lo cual implica para el pueblo judío que tenían el corazón de un pagano.

En los versículos 51-53, Esteban confronta al pueblo judío, demostrándole que no se estaban dejando guiar por Dios, algo que Romanos 8 dice que es evidencia de la fe. En vez, se estaban dejando guiar por sus propios deseos y su carne, al igual que sus ancestros lo hicieron cuando acusaban a todos los profetas que anunciaron la venida de Cristo.

Al escuchar estas acusaciones los sanedrines revelan el contenido de su corazón al reaccionar con ira (v.54). Pero Esteban no se dejó mover; al estar lleno del Espíritu fija sus ojos en el cielo. Al hacer esto pudo ver “la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios” (v.55-56). En este momento, cuando Esteban está lleno del Espíritu, los sanedrines se llenaron de ira, gritando y tapándose los oídos, apedrearon a Esteban.

El cristiano con la imagen de Cristo bien formada, es un hombre perdonando que ha aprendido a perdonar. Es un hombre juzgado que ha aprendido a no juzgar; un hombre condenado que ha aprendido a no condenar. En el momento antes de morir, Esteban le clamó a Dios: “Señor, no tomes en cuenta este pecado” al igual que Jesús hizo en sus últimos momentos en la cruz. Este fue el primer mártir de la fe cristiana: uno que murió a las manos de los agresores a los cuales el perdonó.

Si estas escondiendo pecados, evalúa: ¿usas la ley para medir al otro y no a ti mismo simplemente porque el pecado del otro es conocido y el tuyo no? Si escuchas Su voz, no endurezcas tu corazón.

El pastor Miguel Núñez continúa la serie “Hasta los confines de la tierra” predicando la segunda parte del mensaje “La fidelidad de Dios obra a través de Su providencia” basado en Hechos 7:20-45.

El mensaje previo se basó en el resumen del periodo patriarcal de Esteban. A través de esta historia, Esteban enseña como Dios se reveló como un Dios soberano. Los próximos versículos (Hechos 7:20-30) demuestran la providencia de Dios en la era de Moisés, específicamente, en su vida temprana.

Esteban comienza este pasaje describiendo a Moisés como hermoso a la vista de Dios porque era un instrumento escogido y especial. En el tiempo del nacimiento de Moisés, el rey implementó un edicto ordenando la matanza de niños judíos para controlar la población. En esto podemos ver el reino de las tinieblas intentando detener los que Dios ha prometido, algo que ocurre de nuevo antes del nacimiento de Jesús. La providencia de Dios permitió la llegada de estas amenazas con la intención de demostrar que nada ni nadie puede ir contra los planes del Señor. Dios salva la vida de Moisés y lo lleva a el palacio del faraón a través de una canasta en las aguas como un hijo adoptado. En su juventud, Moisés recibió la mejor educación en la mitología egipcia, creándolo en lo que Esteban describe como un hombre poderoso en palabras y en hechos. Aun así, en sus años tempranos, Moisés no estaba listo para la tarea que Dios tenía para él; Dios no le mueve el corazón a darle libertad al pueblo judío hasta los 40 años.

Lo que sigue en la vida en la vida de Moisés era una época de desierto, algo que nunca se escapa de la providencia de Dios. A veces el paso de Dios nos parece lento porque vivimos limitados por el tiempo, pero todo los que ocurre como Dios lo orquesta. A los 40 años, Moisés no estaba listo para la tarea de Dios, y es por esto que necesitaba tiempo en el desierto. Al igual, los desiertos espirituales en nuestras vidas son un tiempo de prueba para examinar nuestros corazones. No es un tiempo a parte de Dios, es un tiempo en el cual Dios trabaja en nosotros. Es increíble pensar que Dios comenzó a usar a Moisés a sus 80 años. Sus 40 años en el desierto eran necesarios para estar listo para los planes del Señor.

A partir del versículo 30, comenzamos a ver la providencia de Dios en el llamado inicial de Moisés. Al igual de pasó con Abraham, pasa con Moisés: Dios se le revela. En ese momento Moisés comienza a conocer a otro Dios: un Dios eterno y capaz de revelarse, a diferencia de los dioses que conocía de su educación en mitología egipcia. Este Dios que Moisés conoce, no es el que el sanedrín conoce y es por esto que estaban acusando a Esteban.

Moisés llegó a ser el gran Moisés por la providencia de Dios, orquestando momentos comunes para llegar a algo extraordinario. En esencia Dios hizo esto exponiendo a Moisés a Su carácter. Dios se demostró como un Dios santo, soberano y misericordioso. Para tener un mejor caminar, debemos conocer a muestro Dios de una forma personalmente cercana. Es la exposición al carácter de Dios que deja huellas en tu corazón y marca tu vida.

Del versículo 35 en adelante, vemos la providencia de Dios en el ministerio de Dios. Aquí Esteban recuenta como Dios levanta a Moisés y lo hace gobernante con sabiduría. Lo que Esteban está tratando de demostrar es que aún con todo lo que Dios hizo en la vida de Moisés, su pueblo lo rechazó, al igual que los sanedrines estaba haciendo. Al reclamar esto, Esteban sabía que su vida estaba en peligro, pero no le importó por que vio la verdad de Dios en juego. Prefirió dar su vida que mantenerse en silencio.

En este pasaje, continúa el mensaje de Esteban, el cual vemos aquí funcionar como una apologista de la fe. Hechos 7:1-19 habla de la historia de los patriarcas, una porción que es la primera parte del mensaje de Esteban.

La fidelidad es un término que todos conocemos: es la lealtad de Dios a Sus promesas y a los que El llama Suyos. Lo que tal vez no conozcamos tan profundamente es la providencia. Esta palabra se puede definir como la bondadosa obra de los propósitos de Dios en Cristo que se manifiesta en su trato con el hombre. Nuestras vidas e historias forman parte del rompecabezas de la providencia de Dios que concluye en Sus propósitos. Entonces, la fidelidad de Dios a Su puebla obra a través de la providencia de Dios, algo del cual Esteban está hablando en este pasaje.

Esteban comienza dirigiéndose a su público hablando sobre su Dios, el Dios de Gloria, revelado a través de una historia humana, la de Abraham. Nos dice que Dios fue atrás de Abraham aun cuando él no Lo estaba buscando (Josué 24:3). Lo primero que Dios hace cuando se revela a Abraham es darle un mandato: “Sal de tu tierra y de tu parentela, y ve a la tierra que yo te mostrare” (Hechos 7:3). Lo primero que Dios hizo fue revelarse a sí mismo, revelando Su carácter y poder. Aquí Abraham conoce a un Dios de mandatos, no de sugerencias. Lo próximo que Dios hace con Abraham es separarlo como Su hijo, al igual que hizo y siempre hace con Su pueblo.  El primer significado de la palabra “santo” es separado; es por esto que, como cristianos, no debemos estar unidos en yugo desigual en toda relación (2 Corintios 6:14-18).  La raya que Esteban está rayando en la arena es: Dios o el mundo, pero no ambos. Dios jamás será el protagonista de la historia de yo escribo. Dios es el protagonista de la historia que El escribe para mí. Dios se revela a Abraham, y eso fue suficiente para arriesgar su vida y su historia. Esteban estaba tratando de explicar esto: Dios estaba intentando escribir una historia redentora a través de ellos, pero ellos se resistían como sea, lo opuesto de lo que hizo Abraham.

Nuestra desobediencia demuestra que no creemos en el carácter de Dios. El problema es que estamos acostumbrados a esta tierra y disfrutamos demasiado este lado de la eternidad.  Esteban intenta revelarle esto a su público en estos pasajes. Dios nos creó para la eternidad, no para esta vida. 

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