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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Los falsos maestros y la justicia de Dios” basado en 2 Pedro 2:1-13. Este sermón forma parte de la serie “El espíritu de la apostasía”.

La segunda carta de Pedro y especialmente el segundo capítulo de esta carta, contienen algunas de las enseñanzas mas severas en contra de los falsos maestros.

De tiempo en tiempo, he mencionado algunos de los falsos maestros de nuestros días con nombre y apellido lo cual ha llevado a que algunas personas se acerquen para cuestionar por qué hacerlo así. La respuesta siempre ha sido la misma: porque así lo hizo el apóstol Pablo. Si tales personas no son mencionadas y comienzan a enseñar el evangelio de manera distorsionada, pudiesen causar mucho daño. Esa es la realidad del ministerio cristiano. Muchos comienzan, mucho menos terminan y unos pocos terminan bien. En el camino, muchos se desvían porque se han dejado engañar por falsos maestros, falsas enseñanzas y aún por falsos pensamientos que Satanás es capaz de introducir en nuestras mentes. El problema es que nuestros corazones son engañosos y, como dice en Jeremías 17:9, no es solo es engañoso, sino que es engañador.

Como habíamos mencionado, la segunda carta de Pedro representa una defensa del Evangelio y de los creyentes en contra de falsos maestros y falsas enseñanzas. Lo primero que quiero que veamos es el origen de estos falsos maestros. En 2 Pedro 2:1 dice, “Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falos maestros entre vosotros…” Los falsos maestros pudieran venir de afuera de la iglesia, pero frecuentemente provienen de adentro, como fue el caso de aquellos contra quienes Pedro advertía y que habían comenzado a producir estragos en el pueblo de Dios. Estos son los falsos maestros más peligrosos porque siempre lucen como hermanos en la fe. Mientras mas piadoso luce el falso maestro mas peligroso es.

La característica número uno de estos maestros es la falsedad de sus enseñanzas, pero también la falsedad de sus estilos de vidas. Aparentan ser una cosa cuando en realidad en su interior son algo completamente diferente. El primer falso maestro de la historia bíblica fue Satanás mismo quien, cuando en el jardín del Edén, comenzó a cuestionar la Palabra de Dios (Génesis 3:1) para luego pasar a negar la palabra de Dios diciéndoles: “ciertamente no moriréis.” Finalmente, pasó a sustituir la Palabra de Dios, afirmando que en vez de morir ellos llegarían a ser como Dios mismo. En un comentario sobre este pasaje, Warren Wiersbe agrega que Satanás tiene falsos cristianos o seguidores, un falso evangelio e incluso una falsa piedad; eventualmente él le presentará al mundo un falso Cristo.

Si hay algo que caracteriza nuestro enemigo, además de su falsedad, es la habilidad que él tiene para disfrazarse (2 Corintios 11:13-15). Satanás se disfraza como ángel de luz, sus falsos apóstoles se disfrazan como apóstoles de Cristo y sus servidores se disfrazan como servidores de justicia. La meta del falso maestro es el desvío, el instrumento es la mentira o el engaño y la metodología es el disfraz. La segunda mitad de 2 Pedro 2:1 dice, “los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró”. O sea, se introducen de forma encubierta, comienzan estado de acuerdo con la verdad—la predican, enseñan, la afirman. Luego introducen sus falsas enseñanzas al lado de la verdad, a la par, de manera que la gente oye la verdad y el error al mismo tiempo. Con el paso del tiempo, solo enseñan su falsedad sin decir nada de la verdad, llevando a que las personas terminen olvidándose de Dios a favor de seguir a un dios de su propia imaginación.

Pedro continúa caracterizando a estos falsos maestros en lo versículos 2-3 diciendo, “Muchos seguirán su sensualidad, y Por Causa De Ellos, El camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.” Los falsos maestros no tienen el carácter piadoso del verdadero maestro. Estos falsos maestros promovían la sensualidad de la misma manera que los falsos discípulos viven en la sensualidad y la disfrutan. La manera como lo hacen es apelando todo el tiempo al amor y a la misericordia de Dios, olvidando en todo el tiempo Su justicia.

Además, estos falsos maestros eran (y frecuentemente son) avaros llevándolos a eventualmente explotar ante sus seguidores. El evangelio de la prosperidad solo llena el bolsillo de sus exponentes, mientras vacía el bolsillo de sus seguidores.

Aquellos que no entienden porqué denunciamos a los falsos maestros por nombre, no entienden las consecuencias que tienen las falsas enseñanzas sobre el Evangelio. 2 Pedro 2:2 nos dice que “por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado.” Lamentablemente millones de personas alrededor del mundo hablan mal de la fe cristiana por el mal testimonio de los hijos de Dios. Esa es la consecuencia de permitir que las falsas enseñanzas se propaguen; da lugar a un estilo de vida lleno de mentiras.

Al final del versículo uno se nos dice que sobre ellos vendría destrucción repentina. Una de las características de las mentiras es que son destructoras por definición. A los falsos maestros, y aún a muchos de los falsos seguidores o falsos discípulos, parece irle bien y muchas veces por un largo tiempo; pero luego Dios ejecuta Su juicio y repentinamente y les llega la destrucción. Así ocurre con todo aquel que elige seguir el camino de la mentira.

La verdad no es negociable; si negocias la verdad, negocias tu alma. Si andas en la verdad, andas con Dios; pero si andas en la mentira, andas con Satanás. Y, ¿qué tienen en común Cristo con Belial? (2 Corintios 6:15) Nada… ¡sal corriendo! 2 Pedro 2:3 dice, “El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida.” Dios es lento para la ira, pero no es un Dios sin ira. Dios está lleno de misericordia, pero no es lo único con lo cual Dios está lleno (1 Pedro 4:17).

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La importancia de recordar lo aprendido” basado en 2 Pedro 1:12-21.

Lamentablemente esta generación de “cristianos” ha redefinido lo que es el pecado y, como dice, David Wells, en su libro, “God in the Wasteland” (Dios en la Tierra Abandonada), “La mundanalidad es cualquier cosa que hace lucir al pecado como normal y a la piedad como algo extraño.” Por otro lado, Susana Wesley, la mamá de John y Charles Wesley nos dejó la mejor definición práctica de lo que es pecado: “Pecado es cualquier cosa que debilite tu razonamiento, altere la sensibilidad de tu conciencia, oscurezca tu apreciación de Dios, o te quite la pasión por las cosas espirituales; en pocas palabras, cualquier cosa que aumente el poder o la autoridad de la carne sobre tu espíritu... eso para ti, se convierte en pecado, independientemente de cuan bueno sea en sí mismo.”

Menciono todo esto conectando el mensaje anterior acerca de cómo terminar bien la carrera es tan relevante hoy como lo fue hace 2000 años. El apóstol Pedro estaba preocupado por la suerte que correrían sus seguidores en el futuro, sobre todo después de su partida. Es por esto que, en 1 Pedro 1:12-21, vemos como Pedro pretendía ayudarlos para que pudieran terminar bien la carrera cristiana que habían iniciado honrosamente.

Lamentablemente en medio de una generación que no conoce lo que es el honor, la lealtad, la fidelidad y la veracidad, muchos están contentos con solo terminar, aunque en el camino hayan cosechado consecuencias enormes a nivel personal, familiar, eclesiástico y aún a nivel de la sociedad en general. Parte de la problemática del cristiano cuando se desvía del camino es que ha olvidado o ignorado muchas de las verdades que él mismo enseñó, predicó y práctico y hoy en día se encuentra en medio de prácticas pecaminosas que violan las mismas verdades que el antes creyó.

De acuerdo con las mismas palabras de Pedro en 2 Pedro 1:14, su muerte era inminente; el Señor le había revelado a Pedro que después de esta carta, el partiría a la presencia del Señor. Esta segunda carta de Pedro ha sido considerada por algunos como el testamento del apóstol Pedro ya que es obvio que Pedro escribió esto a sus seguidores en vista de su partida inminente.

En esta carta/testamento, el apóstol Pedro comienza ayudando a sus seguidores a ver la importancia que tiene el recordar lo que ellos ya habían aprendido. Pedro está consciente de que muchos de los tropiezos del cristiano se deben a que, pasado un tiempo en la fe cristiana, aquellas cosas que antes eran muy preciadas ahora han perdido su brillo. Por esta razón existe una necesidad de recordar lo que antes era de tanta prioridad.

17 de Noviembre de 2019

La clave para terminar bien

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La clave para terminar bien” basado en 2 Pedro 1:1-11.

Con este sermón, le damos inicio oficial a una nueva serie que va a cubrir la segunda carta de Pedro y la carta de Judas. Después de estudiar ambas cartas en detalle y su temática, resultó de manera providencial que el mejor título para esta serie es también El espíritu de la apostasía. En ambas ocasiones las epístolas están lidiando con falsas enseñanzas y herejías que están siendo introducidas al corazón de la iglesia.

En el caso de la epístola de Judas, los falsos maestros habían estado llegando a la iglesia desde afuera y la herejía principal que estaban tratando de introducir eran falsas doctrinas.

En el caso de la iglesia o de los creyentes a quienes Pedro se está refiriendo en su segunda carta, los falsos maestros se levantaron desde adentro de la iglesia y las falsas enseñanzas no se limitaban al plano puramente doctrinal.

En el día de hoy estaremos dando inicio a la segunda epístola de Pedro. De inicio, quisiera mencionar cuales eran los errores que Pedro estaba tratando de corregir en sus seguidores o por lo menos de advertir. De acuerdo con lo que leemos en la segunda carta de Pedro en 2:2 una de las herejías a las que Pedro se dirige era tanto de origen teológico, sino de origen moral. Esa es la razón por la que Pedro inicia el capítulo uno de su carta ayudándonos a ver cómo terminar bien la carrera. Lo hace con cierto tono de urgencia e intensidad. Como en todos los casos de falsos maestros, estos estaban tratando de arrastrar verdaderos discípulos hacia sus enseñanzas erróneas.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó la segunda parte del sermón “El espíritu de la apostasía” basado en Gálatas 1:1-10 & 2:11-14.

La semana pasada hablamos sobre el espíritu de la apostasía e hicimos referencia a aquellos como Judas, Simón el mago y Demas quienes apostataban de la fe de manera individual. También vimos como esto no ha ocurrido solo con ovejas, sino con múltiples pastores a través de la historia. Hablamos, incluso, de las personas que, de acuerdo con Hebreos 6, no tienen la posibilidad de arrepentimiento después de haber abandonado la fe aún habiendo sido iluminados y de habiendo gustado de la Buena Palabra (1 Juan 2:19).

Hoy estaremos hablando de espíritu de la apostasía a nivel eclesiástico. ¿Cual es el peligro de una iglesia que comienza a alejarse de la verdad o del evangelio?

En el Nuevo Testamento, las iglesias de Gálatas tipificaron como una iglesia comienza a alejarse del evangelio. En Gálatas 1:6-10 podemos ver la reacción de Pablo al distanciamiento de los creyentes de la verdad del evangelio. Pablo está escandalizado, alarmado y asombrado porque veía que las iglesias de Gálatas estaban dejando a un lado al Dios que los llamó por la gracia de Cristo. Comenzaron por gracia y querían seguir por las obras de la ley—fueron de la gracia al legalismo.

En su carta, Pablo consciente que lo importante es el mensaje del evangelio; el mensajero, ya sea él o un ángel del cielo, deben ser malditos si cambian ese mensaje. Pervertir el evangelio no es una falta pequeña, es traicionar a Cristo como Judas lo hizo. Por eso es que Pablo habla de que “Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.” Para Pablo, abandonar el evangelio era traicionar a Cristo mismo… ¡por eso le duele tanto!

El problema en las iglesias de Gálatas inició cuando unos Judíos salieron de la iglesia y comenzaron a convencer a los Gálatas de que la salvación no era solo por gracia, sino que incluía obras de la ley. Esto, como sabemos, es totalmente contrario a las enseñanzas del Nuevo Testamento. De hecho, esto es una herejía.

Ireno, una figura que vivió del 130-202 aC dice esto de cómo se prolifera la herejía: “De hecho, el error nunca se expone de forma desnuda, no sea que, una vez expuesto, pueda ser detectado de inmediato. Sino que está elegantemente adornado con su apariencia exterior, le haga parecer a los inexperto (por ridículo que parezca la expresión) más verdadero que la verdad misma.” Nadie está exento de esto; cualquiera puede ser arrastrado. La sana doctrina siempre ha estado bajo asedio. Sabemos esto por el número de veces a la que Pablo se refirió a la necesidad de tener una predicación doctrinal.

La doctrina importa porque el alejamiento de la Palabra…

  • produce inmadurez espiritual (Hebreos 5:11-14; 1 Corintios 3:3-5),
  • enfría mi amor por Dios (Apocalipsis 2:1-4),
  • permite que doctrinas falsas penetren el interior de la iglesia (Apocalipsis 2:13-16),
  • mata la iglesia (Apocalipsis 3:1-3), y
  • Nos hace confiar en nuestra suficiencia (Apocalipsis 3:4; Apocalipsis 4:14-19).

Entonces, ¿cómo mantengo una sana doctrina? 2 Timoteo 1:14 dice, “Guarda, mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros, el tesoro que te ha sido encomendado.” Necesitamos la llenura del Espíritu Santo para discernir la verdad del error, ver los peligros y piedras de tropiezos, mantener encendida la llama de mi fe, y tener el querer como el hacer. El Espíritu de Dios nos da las palabras para defender el Evangelio cuando sea necesario y la gracia en el momento oportuno para enfrentar las amenazas.

27 de Octubre de 2019

El espíritu de la apostasía

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El espíritu de la apostasía basado en Hebreos 6:4-10.

La apostasía puede darse de parte de un individuo, de una iglesia y de toda una denominación y así ha ocurrido a lo largo de la historia de la iglesia. Es un concepto importante por más de una razón. Lo podemos ver desde el punto de vista escatológico (o de las últimas cosas): con relación al Anti-Cristo, Pablo dice en 2 Tesalonisenses 2:3, “Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y se ha revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición.” En este contexto, Pablo hace una revelación monumental: el Anti Cristo no va a aparecer en la escena hasta que esta gran apostasía se de.

Desde el punto de vista práctico, la apostasía es un concepto también sumamente importante en vista de que aquellos que apostatarán de la fe no tendrán otra oportunidad de arrepentirse y regresar al camino. Esto no quiere decir que todo el que se enfría o se aleja de la fe es inmediatamente un apóstata. Básicamente, lo único que diferencia la apostasía y el enfriamiento espiritual es la prueba del tiempo.

En esencia un apóstata es alguien que se aleja y divorcia de la fe verdadera y que llega a abandonar aquellas creencias que el profesó creer en un momento dado. Apostasía pudiera definirse como un desafío a un sistema establecido o a una autoridad; una rebelión; un abandono de la fe.

El pasaje principal de hoy es Hebreos 6:4-6. Sin embargo, para poder entender todo el contexto y la preocupación del autor de esta carta con la posible apostasía de algunos, necesitamos leer más ampliamente, leyendo Hebreos 5:11-14 y Hebreos 6:1-12.

El autor del libro de Hebreos 5 está preocupado primeramente por un grupo de creyentes que, de acuerdo con su estimación, debían ya ser maestros de la palabra y, sin embargo, se habían estancado hasta el punto que volvieron a tener necesidad de que alguien volviera enseñarle las cosas elementales acerca de Dios. Luego, el autor continúa al inicio del capítulo 6 haciendo las mismas advertencias acerca de la necesidad de avanzar hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe hacia Dios. Ese estancamiento usualmente es una primera señal de que algo no anda bien en la vida de alguien que dice ser creyente. Menciono eso porque tan pronto él enfatiza de manera significativa la falta de madurez en el creyente, inmediatamente él pasa a la advertencia de la posibilidad de que algunos se convertirán en apóstatas de la fe.

En Hebreos 6:4-6, el autor primero habla de aquellos que fueron una vez iluminados. Para algunos, esta expresión “iluminados” implica convertidos pero, en realidad, ese no es el caso. Cualquier persona que oye el evangelio y lo entiende—e incluso pudiera memorizarlo y repetirlo —es una persona que ha recibido luz y puede ser considerada iluminada (Juan 1:9).

El segundo término con el que tenemos que lidiar es cuando el autor habla de aquellos que probaron el don celestial. Aunque no está claro lo que significa la palabra “probar”, si es muy posible que el autor se está refiriendo simplemente aquellos que han recibido bendición de parte de Dios porque en ese sentido probaron el don o dones celestiales (Salmo 34:8).

El tercer término que se hace difícil de interpretar es cuando el texto habla de aquellos que fueron partícipes del Espíritu Santo. Algunos han tomado esto de ser partícipes del Espíritu Santo como si estas personas fueran creyentes en quienes moraba el espíritu. Wayne Gruden, trabajando con el lenguaje original, muestra como realmente el ser partícipe del Espíritu Santo, en esencia, significa el estar asociado con la obra del espíritu de una manera cercana. Pudiéramos decir como aquellos que estuvieron alrededor de Jesús y que vieron la expulsión de demonios que Cristo hacía por medio del poder del espíritu ellos tuvieron una experiencia cercana con el poder del Espíritu de Dios y, sin embargo, en vez de creer dicho poder los rechazaron. Por eso es que, Cristo habla de que la blasfemia contra el Espíritu Santo no sería perdonada ni en esta vida ni en el siglo venidero. Si tú ves el Espíritu en acción, obrando milagros y tú rechazas lo que ves, pues en esencia has sido un participante de la obra del Espíritu, pero no has creído. De manera que esta gente no tiene que haber sido creyente, pero si debió haber estado expuesta a la obra del Espíritu.

Luego el autor habla de aquellos que gustaron la buena palabra. En la parábola del sembrador en Mateo 13:20, Jesús habla de un grupo de personas que recibieron la palabra con gozo, pero que esa semilla cayó en pedregales. Como no tenía raíz profunda, cuando llegó la aflicción y la persecución, enseguida tropezaron y cayeron. Esos gustaron de la buena palabra, pero el hecho de caer con la persecución puso de manifiesto que ellos no llegaron a creer la palabra que gustaron. Precisamente las personas a quienes el autor de Hebreos le escribe fueron personas bajo persecución.

Finalmente, el autor habla de que esta gente gustó de los poderes del siglo venidero. Esto suena a como que estas personas no eran creyentes, pero parecían serlo (Mateo 7:22-23). El día que el señor Jesús envió a los 70 de dos en dos y ellos regresaron diciendo “Señor hasta los espíritus se nos someten”, ese día, Judas formó parte de una de esas parejas de manera que él pudo “probar” los poderes del siglo venidero. El autor de Hebreos dice en Hebreos 6:6 que aquellos que disfrutaron de tan grandes bendiciones si después de esos privilegios ellos caen, “es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al hijo de Dios y le expone a la ignominia pública.”

El punto que el autor de hebreos está tratando de hacer no es que Cristo no tiene la suficiente misericordia para perdonar este tipo de pecadores, sino que estos hombres profesaron la fe, pudieron gustar de la buena palabra, fueron partícipes de la obra del Espíritu Santo y hasta llegaron a ser partícipes de los poderes del siglo venidero al ser testigos oculares de la obra del Espíritu. Si terminan rechazando lo que ellos una vez creyeron, lo están haciendo porque han endurecido sus corazones que no los permite regresar a Cristo a pedir perdón porque ya no les interesa. Han preferido elegir un estilo de vida que en el aquí y en el ahora le produce más placer o satisfacción, sin tomar en consideración el mundo venidero y entonces abandonan la fe completamente.

20 de Octubre de 2019

La oración de Daniel

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La oración de Daniel” basado en Daniel 9.

El capítulo 9 del libro de Daniel contiene una de las oraciones más impresionantes de toda la Biblia. Al leerla, puedes sentir el palpitar del corazón de un hombre que no solo oraba, sino que adoraba a su Dios. Hay dos cosas que están presentes en la oración de este hombre:

- un alto conocimiento y sentido de reverencia hacia el Dios del cielo y de la tierra

- una preocupación genuina por la condición del pueblo de Su Dios.

En el Antiguo testamento, podemos encontrar un corazón similar en la persona de Nehemías. Al igual que Daniel, Nehemías estuvo en Babilonia, solo que años después de Daniel. Estando en el exilio, Nehemías preguntó por la condición del pueblo hebreo (Nehemías 1:3-4). Menciono esto porque lo que cargó el corazón de Nehemías, cargó también el corazón de Daniel. Nehemías lloró, hizo duelo, ayunó y oró. Daniel ayunó y se cubrió de cilicio y ceniza como señal de tristeza, arrepentimiento y humillación ante la condición espiritual de su gente. Nehemías se cargó por la condición de deterioro de la ciudad sobre la cual se invocaba el nombre de Dios al igual que Daniel quien se dolió por la condición espiritual del pueblo.

¿Tienes tú una carga o preocupación genuina por la condición de la iglesia local y aún por la iglesia en Latinoamérica? ¿Y por la iglesia alrededor del mundo? ¿Oras por esa iglesia universal y por sus pastores? Que Dios cargue el corazón de cada uno de nosotros hasta llevarnos a ayunar y orar por el pueblo de Dios.

La oración de Daniel pone de manifiesto como ora un hombre, que sabe humillarse ante un Dios grande y que conoce nuestra necesidad continua de arrepentimiento…. De hecho, a diario. Daniel reconoció que el pecado tiene consecuencias que Dios impone y que son justas y conocía el carácter de Dios y que sabe que la mejor forma de orar es apelando al carácter de nuestro Dios. Todo lo anterior sale a relucir en esta oración de Daniel.

29 de Septiembre de 2019

Un corazón compasivo

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Un corazón compasivo basado en Miqueas 6:8.

El tema de la compasión es vital para la iglesia de Cristo. A nosotros frecuentemente nos faltan ojos para ver el dolor del otro, corazón para sentir el sufrimiento del otro y la voluntad para acudir en ayuda de aquel que está en necesidad. La verdad es que hay múltiples pasajes en la Biblia donde se habla de la compasión de alguna u otra manera, pero raramente se predica mensajes dedicados a la compasión. Quizás la palabra en si está en el texto el cual estamos hablamos y simplemente usamos 5 a 10 minutos para hablar de ella. Entonces, en este sermón, nos enfocaremos solamente en una frase de un versículo: “amar la misericordia”.

22 de Septiembre de 2019

Misión cumplida

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Misión cumplida basado en Hechos 28. Este sermón es el último de la serie sobre el libro de Hechos, Hasta los confines de la tierra. Hechos 28 es el último capítulo de una detallada historia del nacimiento, crecimiento y expansión de la iglesia.

La semana anterior estuvimos viendo lecciones espirituales aprendidas a partir del naufragio del apóstol Pablo durante la travesía que él hizo desde Cesarea, donde estuvo preso por dos años, hasta llegar a nado junto con sus compañeros a una isla desconocida para ellos como fruto de un naufragio. El barco se echó a perder y toda la carga también; pero las vidas fueron preservadas.

En el texto de hoy, conocemos el nombre de la isla a donde Pablo y sus compañeros arribaron y algunos de los acontecimientos ocurridos en dicho lugar. Al mismo tiempo veremos como Pablo finalmente llega a Roma, que era la promesa que Pablo había escuchado de parte de Dios. Sin embargo, Cristo prometió enviar el Espíritu Santo para darles poder de forma tal que el mensaje de Dios pudiera llegar hasta los confines de la tierra y para que gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación pudiera llegar a conocerle. Esto nos deja ver que, a la luz de la Gran Comisión, Roma no era la meta final porque no representaba dichos confines; Roma mas bien era el centro—mas que los confines del mundo, era el centro geopolítico de ese entonces.

Al principio del libro de Los Hechos, el movimiento cristiano estaba limitado a Jerusalén y a unos pocos hombres y algunas mujeres. Pero al final del libro, apenas 30 años después, la fe cristiana ya había pasado a ser una religión mundial, con raíces e influencias destinadas a cambiar el curso de la civilización. La llegada de Pablo a Roma representó el paso del evangelio de Jerusalén a Roma y de los judíos a los gentiles.

En Hechos 28:1-15, aprendemos que el nombre de la Isla donde arribaron era Malta, una isla pequeña al sur de Italia. De acuerdo con el Hechos 28:2, los que naufragaron recibieron “toda clase de atenciones” hasta el punto de hacerles una hoguera a causa de la lluvia y del frío que hacía ese día. En esas atenciones recibidas vemos la providencia de Dios a favor de Pablo que pasó de ser un prisionero a ser el líder principal del grupo durante la tormenta y aún después. Pero al mismo tiempo, vemos la imagen de Dios a través de personas como las de Malta, quienes no eran cristianas mostrando cuidado por estos recién llegados. Eso es parte de lo que llamamos la gracia común de Dios que está disponible para todos los hombres.

Pero hay algo mas en este texto que vemos del ser humano y es que la caída nos convirtió en hombres poco objetivos, fácilmente impresionables e idólatras. Lo vemos cuando Pablo comienza a recoger leña para el fuego y de repente en medio de la lluvia sale una víbora que lo muerde y se queda pegada de su mano. Al ver esto, inmediatamente la gente concluyó: “Sin duda que este hombre es un asesino, pues aunque fue salvado del mar, Justicia no le ha concedido vivir.” (v.2) Una sola mordida de la víbora fue suficiente para concluir que Pablo era un asesino sin que ellos hubiesen escuchado nada malo acerca de él.

Despues Pablo sacude la serpiente en el fuego y los isleños se ponen a observar a Pablo esperando verlo hincharse o morir. “…Pero después de esperar por largo rato, y de no observar nada anormal en él, cambiaron de parecer y decían que era un dios.” (Hechos 28:5) En un rato, Pablo pasó de ser un náufrago bien recibido, a ser un asesino, a ser un dios. Así es la mente caída del hombre: altamente impresionable y nada objetiva.

La generosidad de estos isleños se mostró también en la manera como un hombre llamado Publio, reconocido como el hombre principal de la isla, los acogió en unas tierras que él poseía. El padre de este hombre estaba enfermo y Pablo impuso sus manos y lo sanó y luego vinieron otros que también fueron sanados. Dios siguió mostrando su cuidado providencial como vemos en el versículo 10, “También nos honraron con muchas demostraciones de respeto, y cuando estábamos para zarpar, nos suplieron con todo lo necesario.”

Pablo y el resto de los naufragados pasaron tres meses en la isla de Malta. Y luego zarparon para Roma pasando por Siracusa, Regio y Puteoli (Hechos 28: 11-14). Finalmente, Pablo llega a Roma (Hechos 28:15-22). El versículo 15 dice, “Cuando los hermanos tuvieron noticia de nuestra llegada, vinieron desde allá a recibirnos hasta el Foro de Apio y Las Tres Tabernas; y cuando Pablo los vio, dio gracias a Dios y cobró ánimo.” Cómo los hermanos se enteraron de que Pablo había llegado a Roma, no sabemos. Pero evidentemente Pablo era tan amado que, al enterarse de su llegada al puerto, algunos no esperaron para recibirlo en la ciudad, sino que salieron a su encuentro y algunos se encontraron con él.

El ver a estos hermanos produjo en Pablo agradecimiento a Dios y le llevó a cobrar ánimo. El hecho de que Lucas anotara que Pablo cobró ánimo al ver a los hermanos nos deja ver que Pablo llegó a Roma en necesidad de ser levantado y a la verdad que sus experiencias no fueron para menos (2 Corintios 11). Pablo llega a Roma después de años de dolor y sufrimiento (Hechos 28:23-27). Pablo llega a Roma lleno de cicatrices físicas y emocionales. No debe extrañarnos que Lucas hable de que, al ver a los hermanos cobró ánimo.

La providencia de Dios hizo posible que Pablo recibiera un trato especial... no un trato de prisionero, sino mas bien un trato distinguido. “Cuando entramos en Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con el soldado que lo custodiaba.” (v.16).

Ahora, uno esperaría que después de un viaje que duró varios meses para completarse, Pablo se tomaría un mes para descansar… pero no lo hizo. Tres días, después, ya estaba ministrando. Pablo reúne a los representantes de los judíos en Roma y les resume su problema:

• No he hecho nada “contra nuestro pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres”… (Hechos 28:17).

• Me acusaron frente a los romanos, pero estos me encontraron inocente y “quisieron ponerme en libertad, pues no encontraron causa para condenarme a muerte” (Hechos 28:18).

• Pero los judíos estuvieron en mi contra y entonces “me vi obligado a apelar al César” (Hechos 28:19).

• Pero mi apelación al César, “no se debió a que guardara una contra-acusación contra mi pueblo” (Hechos 28:19).

Los líderes judíos informaron que ellos no habían escuchado nada malo en contra de él y expresaron el deseo de escuchar mas de Pablo y de la secta de los cristianos, ya que por todas partes se habla mal de ella (Hechos 28:23-24). Acordaron un día desde la mañana hasta la tarde, Pablo trató de “persuadirlos acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.” (v.23) Pablo trató de hacer con ellos lo mismo que Jesús trató de hacer con los dos discípulos que iban camino a Emaús: usar el Antiguo Testamento para mostrarles que Jesús era el Cristo o el Mesías. Ese día, “Algunos eran persuadidos con lo que se decía, pero otros no creían.” (v.24)

Creo que en este momento, Pablo estaba un poco cansado de ver el rechazo de los judíos al mensaje de salvación de nuestro Dios. Y por eso pronuncia la palabras de Hechos 28:25-27. Dios pronunció estas palabras a Isaías el día en que el profeta fuera llamado al ministerio como una manera de hacerle ver que Israel había sido juzgado por su rechazo continuo a la revelación de Dios. Cuando a Cristo le preguntaron que porqué les hablaba en parábolas, el pronunció exactamente las mismas palabras del profeta Isaías: las parábolas revelaban cosas y escondían cosas. Revelaban verdades a aquellos a quienes Dios les estaba abriendo el entendimiento, pero escondían las mismas verdades para aquellos que estaban siendo juzgados.

Un mensaje no entendible fue la primera parte del juicio y la segunda está expresada en Hechos 28:28-29: “Sabed, por tanto, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles. Ellos sí oirán. Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.”

A partir de ahí, Pablo queda en prisión por dos años completos, con total libertad para recibir a todo aquel que quisiera visitarlo. De hecho, a Pablo se le permitió que alquilara una habitación donde estaría él y el guarda al cual estaba atado (Hechos 28:30-31).

Pablo se enfocó en dos tópicos de acuerdo con lo que leímos: el reino de Dios y todo lo concerniente al Señor Jesucristo. Eso hizo Jesús con los dos discípulos que iban camino a Emaús. Una vez mas la providencia de Dios permitió que Pablo viviera esos dos años, en prisión, pero como libre. Todo el mundo podía visitarlo y él predicó libremente sin estorbo. Pablo se mantuvo muy activo durante sus dos años: el escribió la carta a los Filipenses, Efesios, Colosenses y a Filemón. Parecería que durante este tiempo Pablo tuvo a Timoteo porque cuando él escribe la carta a los filipenses desde Roma, la escribe de parte de él y de Timoteo.

El libro de Los Hechos termina en el capítulo 28 pero el evangelio no ha llegado a los confines de la tierra. El resto de la tarea nos toca a nosotros. Nosotros tenemos que imitar el ministerio de Pablo y seguir escribiendo el libro de Los Hechos. Si la autoridad de Cristo es absoluta y se extiende desde la tierra hasta los cielos, cuando vayamos por todo el mundo no tenemos nada que temer—ni a gobiernos terrenales, ni a los desastres naturales, ni a la oposición de Satanás y la guerra espiritual, ni a las enfermedades… ni a la muerte (Mateo 10:28).

En Cristo tenemos Sus promesas y en el evangelio tenemos Su poder. Cuando Su mensaje de vida intercepta mi muerte espiritual, yo comienzo a vivir. Cuando Su mensaje penetra la mente humana, la ilumina y al corazón, lo sensibiliza. Cuando Su mensaje encuentra mi falta de rumbo en la vida, le da dirección y cuando las Buenas Nuevas encuentran mis heridas, las sanan.

La Gran comisión es la manera de traer a las naciones al señorío de Cristo y de destruir los ídolos y dioses paganos que las esclavizan. 2.8 billones de personas aún viven en las regiones denominadas como “no alcanzadas por el Evangelio”—allí mueren 50,000 personas diarias sin nunca haber experimentado el gozo de las naciones, la redención de su alma y de su condición.

Romanos 10:14-15 dice, “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡CUAN HERMOSOS SON LOS PIES DE LOS QUE ANUNCIAN EL EVANGELIO DEL BIEN!” Ve en nombre de Cristo y proclama Su evangelio y sé de aquellos que están escribiendo a Hechos 29.

15 de Septiembre de 2019

Un naufragio bajo Su providencia

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón Un naufragio bajo Su providencia basado en Hechos 27. Este sermón forma parte de la serie de Hechos, Hasta los confines de la tierra.

01 de Septiembre de 2019

El hombre y su resistencia a Dios

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie Hasta los confines de la tierra predicando el sermón El hombre y su resistencia a Dios basado en Hechos 26.

 

En el último mensaje, vimos a Pablo siendo acusado ante el gobernador Félix, quien no encontró faltas con él, pero no tuvo el coraje para dejarlo libre y decidió mantenerlo en prisión. En la espera transcurrieron dos años y, al final de ese período, Félix fue llamado a Roma para rendir cuentas y fue sustituido por Festo. Las autoridades judías no se hicieron esperar y tan pronto Festo ocupó su posición como gobernador, volvieron a presentar sus cargos.

Festo había querido trasladar a Pablo a Jerusalén para que este fuera enjuiciado allí, pero como Pablo conocía que los judíos estaban prejuiciados contra él, decidió apelar al César. Ahora Pablo tenía que esperar la próxima oportunidad para viajar hasta la ciudad de Roma y ser juzgado por el Emperador. En el ínterin, el rey Agripa y su hermana Berenice deciden visitar al gobernador para presentar sus respetos (Hechos 25:23-26). Al día siguiente de su llegada, “Agripa y Berenice entraron al auditorio en medio de gran pompa, acompañados por los comandantes y los hombres importantes de la ciudad, por orden de Festo, fue traído Pablo.” Pablo está frente al gobernador Festo, el rey Agripa, autoridades religiosas y oficiales romanos. Las autoridades judías estaban allí en su afán de perseguir a Pablo para hacerlo desaparecer del mapa y hacer desaparecer el movimiento cristiano.

Agripa era de descendencia judía y pertenecía a la dinastía de los Herodes. El fundador de la dinastía fue Herodes el grande, quien trato eliminar a Jesús cuando tenía unos dos años edad, causando la gran masacre de la que nos hablan los evangelios. Su hijo fue Herodes Anticipas, tetrarca de Galilea quien decapitó a Juan el Bautista. El nieto de Herodes el grande fue Agripa I, quién mató a Jacobo el hermano de Juan a espadas (Hechos 12). El bisnieto de Herodes el grande fue el Agripa II, el que aparece en este relato, que también fue un degenerado. Por otro lado, Berenice, la compañera de Agripa II en este relato era hermana de Agripa II. Ella se casó a la edad de 11 o 12 años y luego se volvió a casar a la edad de 13 con su tío. De acuerdo con algunos escritores romanos de la época, a partir de ese momento, ella comenzó a vivir una relación incestuosa con su propio hermano Agripa II, el mismo que estaba supuesto a dar una opinión al gobernador Festo con relación al caso de Pablo.

Imagínense presentar un caso ante personas tan moralmente corruptas como estas. Sin embargo, al final de la historia, Agripa no encontró ninguna falta en el apóstol Pablo—Félix, Festo y Agripa concluyeron que Pablo era inocente. Ya Pablo había apelado al César, por tanto, ya tenía que viajar a Roma a presentar su caso. Así comienza el relato de este capítulo 26. Pablo hace una breve introducción (Hechos 26:1-3) donde menciona que se siente afortunado de presentar su defensa ante el rey Agripa. Más que una defensa personal de su caso, esto es más bien un testimonio de su conversión. Pablo pide paciencia a Agripa para ser escuchado y luego pasa a dar testimonio.

En esta ocasión, la defensa de Pablo puede ser dividida en 4 partes:

1. Su pasado como fariseo

2. Su conversión

3. La respuesta de Pablo a su llamado

4. La resistencia a Dios en las respuestas de Festo y Agripa

 

1. Su pasado como fariseo (Hechos 26:4-11)

Al dar nuestro testimonio, nuestro pasado es importante porque este se puede contrastar con nuestro presente lo cual ilustra el poder de Dios en nuestras vidas. Como enseñanza, recuerda que al testificar, tu testimonio no es tanto acerca de ti sino de la gracia de Dios que te alcanzó y del poder de Dios que te cambió. Tu testimonio debe ilustrar el evangelio de Cristo.

Cuando Pablo recuenta su pasado, podemos ver que, aparentemente, él fue muy conocido desde su juventud en Jerusalén ya que fue alumno de Gamaliel, uno de los maestros mas conocidos en esa época. Pablo también perteneció al grupo de los fariseos, conocedores de la ley para juzgar a los demás sin gracia ni misericordia. De ellos dijo Jesús en Mateo 23:3, “De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen.” Pablo era de ese grupo.

Esa ausencia de gracia y misericordia en los fariseos se vio reflejada en la vida religiosa que Pablo llevaba. En esa época, Pablo no llevaba una vida de creyente, sino una vida religiosa. El corazón de Pablo se había endurecido con pecado sin arrepentimiento. En el versículo 9 y 10 él dice, “Yo ciertamente había creído que debía hacer muchos males en contra del nombre de Jesús de Nazaret. Y esto es precisamente lo que hice en Jerusalén”. Cuando Pablo acusó y persiguió a los cristianos, pensaba que estaba sirviendo a Dios cuando en realidad estaba resistiendo a Dios.

Mientras su corazón se endurecía durante la persecución, Pablo encerró en cárceles a muchos de los santos con la aprobación de las autoridades religiosas, dio su voto para dar muerte a cristianos y los sometió a castigos, obligó a muchos a blasfemar y fue hasta ciudades extranjeras persiguiéndolos. Pablo y las autoridades judías estaban resistiendo a Dios, oponiéndose a lo que Dios estaba haciendo. Ahora, hay otra manera como Pablo se opuso a la acción de Dios; después de que Pablo habla de su pasado como fariseo, entonces el habla acerca de…

2. Su conversión (Hechos 26:12-18)

En esta tercera ocasión, al presentar su testimonio, Pablo nos da algunos detalles no dados en las dos ocasiones anteriores. Cuando Cristo interceptó a Pablo llegando a la ciudad de Damasco, él no sólo cayó al suelo, como parecería indicar en las narraciones anteriores, sino que todo los que andaban con Pablo también cayeron. También nos dice que la voz que Pablo escuchó decir, “Saulo, Saulo ¿por que me persigues?”, la escuchó en hebreo. Además, Saulo escuchó la voz decir también, “Dura cosa te es dar coces contra el aguijón,” una expresión que aparentemente era muy conocida en el mundo greco-romano para hacer referencia a oposición a la divinidad. En este caso, el animal de carga estaba representado por Pablo y el aguijón, no era otro que Cristo mismo que aparentemente había estado cargando la conciencia de Pablo mientras este perseguía a los cristianos, buscando su arrepentimiento, pero sin resultados. Pablo resistió a Dios por lo menos de dos maneras: resistió el movimiento cristiano persiguiéndolo y resistió la acción de Dios en su propia vida. Cristo probablemente venía hablando a la conciencia de Pablo desde que él dio su aprobación para matar a Esteban a pedradas como vimos al inicio del capítulo 8.

En este recuento de su conversión no se dice nada de que Pablo había quedado ciego y qué Ananías había ido a orar por él para quitar su ceguera y encomendarlo a la obra del ministerio (Hechos 9). En el primer relato de su testimonio, vimos que Dios advirtió a Pablo a través de Ananías que el sufriría mucho a causa de su nombre. Pero ahora se nos dice algo mas que Cristo le dijo: “Pero levántate y ponte en pie; porque te he aparecido con el fin de designarte como ministro y testigo, no sólo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti; librándote del pueblo judío y de los gentiles, a los cuales yo te envío.” (v.16-17)

Con esto Pablo entendió su responsabilidad: ser ministro y testigo. Ser ministro implicaba la obligación del proclamar el mensaje del evangelio tanto a judíos como a gentiles. Ser testigoimplicaba dar testimonio de la obra de la vida de Cristo en la vida de Pablo como una manera de ilustrar el mensaje de salvación que él mismo proclamaba. Junto con su llamado, Pablo recibió una promesa: el de ser librado de la persecución del pueblo judío y de los gentiles como hemos estado viendo.Esto no implicó inmunidad contra el sufrimiento, pero si implicó que Pablo no sería silenciado hasta qué el trabajo que Dios le había encomendado fuese completado.

La última revelación importante de este relato de la conversión de Pablo que no aparece en relatos anteriores tiene que ver con Hechos 26:18 el cual es relativo a la misión que Dios le estaba encomendando. Dios llamó a Pablo, al ministerio de la evangelización de los incrédulos y esto iba a implicar el abrir los ojos de los no creyentes, lo cual ocurre por medio de la predicación del evangelio.

El estado de rebelión del hombre caído es comparado con la ceguera; un hombre ciego puede tener algo en su frente y no verlo. Así es la ceguera espiritual del hombre inconverso: ese hombre escucha el mensaje de salvación y no lo entiende y escucha la promesa de vida eterna y no le interesa. En ese estado el hombre no puede ver que está perdido ni puede ver la gravedad de su pecado porque su mente le ha convencido de que tiene la razón y que el resto del mundo está equivocado.

El hombre inconverso llama al bien mal y al mal, bien; él no quiere venir a Dios porque desea permanecer en libertad cuando en realidad no es libre sino esclavo del pecado y de Satanás (2 Timoteo 2:25-26).

3. La respuesta de Pablo a su llamado (Hechos 26:19-23)

La aparición de Cristo echa a Pablo de camino a Damasco parece un cuento de hadas al hombre que está ciego espiritualmente. Pero Pablo estaba confiando en el obrar del Espíritu esperanzado en que el rey Agripa y a Festo pudieran llegar a creer el mensaje de salvación y que Pablo estaba siendo obediente a una obra encomendaba por Dios mismo.

Pablo especifica que inició predicando a judíos en Damasco y Jerusalén, pero que luego pasó a testificar a los gentiles—tanto judíos como gentiles tenían y tienen la necesidad de arrepentimiento. Esto era motivo de irritación para los judíos por dos razones. Primero, los judíos no creían que ellos necesitaban arrepentimiento sino que al ser descendientes de Abraham, ya tenían salvación. No habían entendido que la circuncisión de la carne no implica circuncisión de corazón. La segunda razón de su ira fue que Pablo estaba llamando a los gentiles hacer parte de la familia de Dios, lo cual ellos nunca hubiesen aceptado ya que pensaban que los gentiles no eran dignos de formar parte de una misma familia con ellos.

Pero Pablo explica que lo que él predicaba era consistente con el mensaje que Moisés y los profetas habían predicado (Hechos 26:21-23). Ya en el Antiguo Testamento se había profetizado que el Cristo debía de padecer y que resucitaría. Ese era el mensaje de la predicación de Pablo y como Agripa era de descendencia judía, Pablo estaba tratando de hacer conexión entre lo que ya se sabía y lo que él ahora conocía.

4. La resistencia a Dios en las respuestas de Festo y Agripa (Hechos 26:24-29)

El hombre tiende a resistir a Dios; lo vimos en la vida de Pablo mientras daba coces contra el aguijón, en las autoridades judías que acusaban a Pablo y resistían su mensaje y ahora la vemos en la vida de un gobernador y un rey (Hechos 26:24-25). La ceguera espiritual del hombre lo lleva a pensar que el mensaje de salvación de Jesús, el Cristo, es un mensaje que solo un loco puede creer (1 Corintios 1:18; 2:14). Eso pensó Festo de Pablo lo cual lo llevó a resistir a Dios.

Pablo entonces vuelve su atención al rey Agripa en los versículos 26-29 y parece que el rey recibió cierta luz. Quizás por eso Pablo le dice: “Rey Agripa, ¿crees en los profetas? Yo sé que crees.” Pero parece que Agripa se asustó y en vez de invitar a Pablo a que continuara su explicación, terminó cuestionándole de esta manera: ¿Crees que en poco tiempo me vas a persuadir de ser cristiano? A lo que Pablo responde que él quisiera que todos los que le escuchen se convirtieran y fueran como él, excepto por las cadenas.

Ciertamente Pablo tenía una pasión por los perdidos; sentía un gran peso por su condenación y tenía un gran deseo por su salvación. Lamentablemente, a nosotros nos falta esa pasión por querer alcanzar a los perdidos, no sentimos el dolor por su condenación y muchas veces tampoco nos gozamos y deleitamos en su salvación.

El relato concluye de esta manera: “Entonces el rey, el gobernador, Berenice y los que estaban sentados con ellos se levantaron, y mientras se retiraban, hablaban entre ellos, diciendo: Este hombre no ha hecho nada que merezca muerte o prisión. Y Agripa dijo a Festo: Podría ser puesto en libertad este hombre, si no hubiera apelado al César.” (v.30-32) Festo y Agripa tenían la autoridad para dejar a Pablo libre pero no tenían ni la convicción ni el coraje o el valor; temían a los judíos… temían al hombre.

¿Por qué no dejar libre a un hombre que había sido encontrado como inocente? Lo mismo ocurrió con Jesús: Pilato lo encontró inocente; la mujer de Pilato tuvo un sueño y le recomendó que lo dejara libre porque era inocente; Herodes también lo encontró inocente. Dios tenía el poder para haber liberado tanto al uno como al otro, pero no lo hizo. Jesucristo tenía que ir a la cruz para escribir el Evangelio con Su sangre; ahora, Pablo tenía que ir a Roma para seguir testificando de dicho evangelio.

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