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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

15 de Julio de 2018

La Idolatría del Hombre

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie “Hasta los confines de la tierra” con el sermón basado en Hechos 14:1-21, “La Idolatría del Hombre”.

La idolatría es cualquier cosa, pensamiento, idea, o persona que desplaza Dios a un segundo lugar para confiar en aquello que ponemos en el primer lugar. Eso fue exactamente lo que Adán y Eva hicieron en el jardín del Edén: lo que la serpiente les comunicó fue más confiable para ellos que lo que Dios ya había revelado. Allí surgió el primer ídolo del hombre y desde entonces hemos estado construyendo ídolos en nuestros corazones de diferentes formas, tamaños, esplendores y funcionalidades. Mientras más necesitamos la aprobación de los hombres, mayor será el número de ídolos en quienes encontraremos identificación.

El libro de los Hechos tiene un patrón recurrente que aparece en el pasaje de hoy. En Icono, al igual que en otras ciudades hubo predicación seguido de división. Luego confirmación del Señor con señales y prodigios, seguido de persecución y finalizando con la expansión del evangelio. Evidentemente, la predicación apostólica fue altamente efectiva. El Espíritu de Dios continuaba con Pablo y Bernabé ya que ellos hablaron de tal manera que una gran multitud, tanto de judíos como griegos, creyó (Hechos 14:1). Pero la predicación de la Palabra no siempre cae en terreno fértil. Hechos 14:2 dice que hubo un grupo de judíos que no creyeron entonces llenaron de odio los ánimos de los gentiles contra los Pablo y Bernabé.

En toda predicación o evangelización existe una división entre los que creyeron y los que no; así ocurrió en Icono (Hechos 14:4). Es interesante notar que en esa época judíos y gentiles normalmente no tenían trato el uno con el otro. Sin embargo, a la hora de hacer oposición, se juntaron tal como ocurrió en el juicio contra Cristo. Pero a pesar de esta división y del odio contra ellos, el texto nos dice que Pablo y Bernabé “se quedaron allí mucho tiempo hablando la palabra valientemente confiados en el Señor” y que Dios confirmaba la Palabra de Su gracia, concediendo que se hicieran señales y prodigios por medio de sus manos (Hechos 14:3).

Si hay algo que vemos en la vida de los apóstoles es que un verdadero ministro de Dios está dispuesto a sufrir por causa del evangelio; el sufrimiento experimentado no hace detener su predicación. En Hechos 14:5 vemos que los gentiles y judíos, con sus gobernantes, prepararon un atentado para maltratar y apedrear a los apóstoles quienes se vieron obligados a huir. Pero esto no detuvo la expansión del evangelio. Al huir, los apóstoles se vieron obligados a ir a como “Licaonia, Listra, Derbe, y sus alrededores; y allí continuaron anunciando el evangelio.” La persecución del evangelio resultó en la expansión del evangelio a otras ciudades.

En Listra, ocurrió un evento muy singular que pone en evidencia la idolatría del hombre. Hechos 14:8-13 habla de un paralítico desde nacimiento que escuchó a Pablo hablar. De repente Pablo fija la mirada en este hombre y se percata de que tenía fe para ser sanado (Hechos 14:9) y le dijo “con fuerte voz levántate derecho sobre tus pies. Y el dio un salto y anduvo.” Esto hizo que los que vieron el milagro concluyera inmediatamente que los dioses Júpiter y Mercurio, en los cuales ellos creían, se habían hecho semejantes a los hombres en la forma de Pablo y Bernabé. El sacerdote de Júpiter de la ciudad inmediatamente trajo toros y guirnaldas para ofrecerles sacrificios. Este hecho pone de manifiesto una realidad: la idolatría del hombre es incurable.

Romanos 1:25 explica la idolatría de esta manera:“porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos.”Los habitantes de Listra estaban listos para adorar a Pablo y Bernabé antes que a el Creador. Por eso, ellos reaccionaron rasgando su ropa lo cual era una forma judía para expresar que lo que acababan de ver y oír era una blasfemia. Ellos trataron entonces de voltear sus miradas para que dejaran de ponerla en la criatura y la volvieran al Creador (Hechos 14:15). Pablo comenzó hablándole del Creador porque justamente es el abandono del Creador lo que lleva a la adoración de la criatura. Perola gente insistía en adorarle (Hechos 14:18).

Eclesiastés 3:11 nos dice que Dios puso la eternidad en el corazón del hombre. Dios hizo esto precisamente para que el hombre pudiera buscarlo. Nuestro Padre conoce algo que el hombre no conoce y es que el pecado es auto destructivo, de manera que cuando nuestras aspiraciones son llenadas por Dios al buscar de Él, terminamos siendo protegidos. La realidad es que de la forma que tú concibas a Dios, así tú adorarás. Si pensamos en Dios como alguien que existe para resolver problemas, entonces le adoraremos como tal, lo que implica que cuando no tengo dificultades, no le busco y no me acuerdo de Él. La solución a los ídolos la encontramos en Mateo 22:37-40. La clave no es tanto odiar el pecado sino amar a Dios lo cual nos mantiene lejos del pecado.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón La redención: de judíos a gentiles basado en Hechos 13:42-52, como una continuación a la serie Hasta los confines de la tierra.

En este pasaje, vemos la reacción de la audiencia que fue expuesta a la Palabra de Dios con el sermón de Pablo en Antioquía. Es evidente que Pablo predicó bajo la unción del Espíritu de Dios ya que el v.42 afirma que la gente les rogaba tanto a Pablo como a Bernabé que se reunieron de nuevo durante el próximo día de reposo para que volvieran a predicar. El hambre por la palabra es el fruto del obrar del Espíritu de Dios y es el estado natural de aquel que ha nacido de nuevo, ha escuchado la voz de Dios y está caminando en el Espíritu de Dios.

Pero el hambre por la palabra en ese grupo era tal, que no pudieron ni siquiera esperar al próximo día de reposo, sino que siguieron a Pablo y a Bernabé para que ellos continuarán hablando de las verdades que acababan de escuchar (v.43). Casi toda la ciudad, ambos judíos y gentiles que habían comenzado a seguir al Dios de Israel, se reunió para escuchar La palabra del Señor (v.44). El Señor estaba obrando en este lugar.

Pero cuando seguimos leyendo, vemos que, como con la expansión de la fe cristiana, surgió también una oposición. Uno de los grandes misterios de Dios es que, Él, siendo soberano y omnipotente, permite que el movimiento cristiano crezca en medio de oposición.

Muchos creyeron y tenían hambre por la palabra, pero los judíos, dice Lucas, vieron el tamaño de la muchedumbre y se llenaron de celo. No hay nada que cause más celo que ver a otros tener éxito. Esta gente estaba tan airada que blasfemaron contra Dios; probablemente contra el Hijo más que contra el Padre.

Pero ni Pablo ni de Bernabé sintieron intimidación por la crítica ya que ellos fueron enviados por el Espíritu, habiendo sido llenados por el Espíritu (v.46-47). Reaccionaron con valor porque el temor es el fruto de la carne, pero el valor es el fruto del Espíritu. Al igual, el temor es el fruto de ver las circunstancias, pero el valor es el fruto de ver al Dios que controla las circunstancias.

Pablo explica que, por diseño de Dios, era necesario predicar la palabra de Dios a ellos, los judíos, primero porque yo eran los descendientes directos de la promesa hecha a Abraham. Sin embargo, ya que rechazaron la Palabra, de ahí en adelante fueron a predicarle a los gentiles. El rechazo del pueblo judío hizo natural que Dios quisiera llevar el mensaje a otros que aún no lo habían escuchado. Es cierto que Dios lo había decidido de ante manos que así ocurriera, pero hubo un factor humano que jugó un rol en la decisión.

El segundo sábado de Pablo estar en aquella localidad el día de reposo, fue para ellos (v.48). En esa ocasión había gentiles y judíos presentes que escucharon el evangelio, pero quienes respondieron fueron los gentiles. Los que creyeron, no creyeron debido a la oratoria o brillantez de la apologética de Pablo, sino debido al poder de Dios puesto en operación para traer a la fe a todo aquel que ya Él había elegido desde la eternidad pasada.

El texto no dice que aquellos que creyeron, fueron ordenados a vida eterna; sino “que los que habían sido ordenados a vida eterna previamente, esos fueron los que creyeron."

La palabra del Señor se difundía por toda la región; eso indica un avivamiento. Pero como siempre ocurre, hubo oposición otra vez. En esta ocasión la oposición vino de parte de mujeres piadosas y distinguidas y de los hombres más prominentes de la ciudad. Instigaron a hombres y mujeres, provocaron, persiguieron y expulsaron a Pablo y a Bernabé. Dios podía evitar que estas cosas ocurrieran, pero no lo hizo. La iglesia que se forma bajo presión, persecución y hostigamiento es una iglesia menos contaminada. Estas personas expulsaron a Pablo y Bernabé, pero no pudieron expulsar la Palabra que fue sembrada por el Espíritu de Dios en el corazón de los hombres.

En esta ocasión la persecución resultó en un cierto juicio de parte de Dios (v.51). Pablo y Bernabé se “sacudieron el polvo de sus pies contra ellos y se fueron a Ícono.” Esta era una forma de expresar cierto juicio contra aquellos que habían rechazado el evangelio de Dios. También era una forma visible de dejar ver que el juicio que viniera sobre ellos, era responsabilidad de ellos.

A pesar de la persecución, el versículo 52 nos dice que “los discípulos estaban continuamente llenos de gozo y del Espíritu Santo.” La palabra de Dios habla de que el gozo del Señor es nuestra fortaleza. Dios lo dice de esa manera conociendo que lo opuesto también es cierto: la falta del gozo del Señor es nuestra debilidad. Cuando nos falta gozo, nos falta llenura; cuando nos falta llenura, nos falta gozo.

 

24 de Junio de 2018

Jesús es el Evangelio

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó con la serie “Hasta los confines de la tierra” predicando el sermón “Jesús es el Evangelio” basado en Hechos 13:22-41.

En el pasaje de hoy vemos la continuación del sermón de Pablo en su primer viaje misionero. Pablo comenzó revisando la historia del pueblo hebreo desde su salida de Egipto a través del desierto hasta el surgimiento del primer rey, Saúl y luego David. Durante esta primera parte de su mensaje, Pablo expone la bondad de Dios en contraste a la rebelión del pueblo. El recorre y resume una larga historia con la intención expresa de llegar a la persona de Jesús como descendiente de David. El clímax del sermón de Pablo fue la vida y obra del señor Jesucristo ya que el clímax de la historia redentora es la vida y la obra de nuestro Señor.

El Antiguo Testamento entero apunta a la persona de Jesús y el Nuevo Testamento por completo, gira alrededor de Su vida. De hecho, sin el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en la persona de Jesús, el Nuevo Testamento no tendría sentido y tendría que ser considerado como una historia completamente falsa. Los evangelios cuentan la historia de la vida y las enseñanzas de Jesús y las epístolas explican y aplican la vida y las enseñanzas del mismo Jesús.

El texto que tenemos por delante comienza con la muerte de Saúl y el surgimiento de David como Rey. A partir de la vida de David, Pablo da un salto de unos mil años y llega a la vida de Jesús. Hechos 13:23 dice que, de la descendencia de David, Dios “ha dado a Israel un Salvador, Jesús…”. La historia en el mensaje de Pablo ilustra a muchos grandes hombres que fueron lideres para el pueblo judío, pero también fueron pecadores. El pueblo de Israel, al igual que nosotros, necesitaba no simplemente un rey, sino un salvador; alguien que los sacara y nos saque de la condición caída en la que nos encontramos y alguien que pudiera cumplir la ley que nadie cumplió antes y que nadie ha cumplido desde entonces.

El texto continúa en el con Juan el Bautista como el introductor del Mesías (v.24). Cuando este hace su aparición en la escena, el pueblo lo reconoció como profeta que no solo deja claro que él no era el Mesías, sino que deja claro también que él no tenía manera de compararse con Jesús. Pablo pasa a explicar cómo el pueblo judío y sus gobernantes fallaron en reconocer que Jesús era el Mesías como tampoco reconocieron a los profetas que vinieron antes que él, llevándolos a clavarlo a un madero. Lo increíble es que al pueblo clavar al Mesías, simplemente estaba cumpliendo con las profecías anunciadas de que el Mesías padecería en manos de las autoridades. La crucifixión de Cristo, el evento mas malvado de toda la historia del hombre, no ocurrió sin el permiso y la orquestación del Padre (Hechos 4:27-28).

Las autoridades religiosas y no religiosos de Israel habían escuchado las profecías del Antiguo Testamento, pero, sin embargo, al llegar el Mesías, no entendieron lo que habían escuchado una y otra vez, hasta el punto de llegar a darle muerte a Dios encarnado sin motivo. No basta con conocer las escrituras y doctrinas, o enseñar lo que la Biblia dice. Si no podemos ver las implicaciones de cada texto bíblico, podríamos hacer lo mismo que hicieron los fariseos que conocían las escrituras, pero no entendieron lo que decían.

Detrás de la narración de cada evento de la biblia, además de la historia hay sabiduría de Dios, implicaciones para mi relación con Él, implicaciones para la vida diaria y revelación de la gloria de Dios que escribe la historia y controla la historia. Por eso Cristo dice, escudriñad las escrituras es más que leerlas; es más que recitarla. Es pasar de la lectura del texto a las implicaciones del mismo texto, tanto las implicaciones espirituales como las prácticas.

En Hechos 13:30-37, Pablo presenta los eventos mas importantes del mensaje del evangelio: la vida, la muerte y resurrección de Cristo como eventos históricos que ocurrieron en el tiempo y en el espacio con la presencia de testigos oculares. Pablo deja claro el contraste entre el gran rey David que murió, fue sepultado y vio corrupción y Jesús que fue sepultado, pero cuyo cuerpo no vio corrupción porque Dios lo levantó de entre los muertos.

Presentado el evangelio en los versos anteriores, Pablo pasa a ver las tres implicaciones del evangelio (Hechos 13:38-39):

1. El perdón de pecados es anunciado por medio de Cristo que venció el pecado y la muerte.

2. La Ley no justificó a nadie. Todo el que confió o confía en la ley ha terminado en la condenación eterna.

3. La justificación llega al incrédulo cuando el deposita su confianza en la obra de nuestro Señor Jesús.

A través de las obras de la ley no era ni es posible obtener salvación porque al revelar el carácter de Dios, la ley solo me permite conocer mi pecado, pero no perdona mi pecado. El apóstol Pablo califica la ley como santa, justa y buena (Romanos 7:12); pero en el texto de hoy, enseña que, aun así, la ley no me permite obtener salvación.

La ley es un reflejo del carácter de Dios como dijimos; de manera que cada vez que la violo estoy violando el carácter de Dios. Si voy a ser salvo tendrá que ser a través de otra vía: “por medio de Él, todo aquel que cree es justificado” (v.39). Nuestro juez no nos declara inocentes porque somos culpables, pero sí nos declara “no culpable” sin serlo y salimos del tribunal habiendo sido declarado libres a pesar de merecer la condenación. Cuando Dios te declara “no culpable,” eso implica que serás tratado como si no hubieras cometido el pecado. Tanto es así que vas a compartir el trono con la única persona que nunca ha pecado que es el unigénito de Dios y heredarás las cosas que Cristo herede porque Dios te ha hecho coheredero con Su hijo. La razón por la que Dios nos declara “no culpables” es simplemente por Su gracia, a ningún costo a mi persona (Romanos 3:24). Ahora, el hecho de que mi justificación sea gratuita no dice que a nadie le ha costado nada; sino que a ningún pecador le ha costado nada. Cristo pagó para que yo fuera liberado y por tanto ahora Su pago hizo posible mi declaración de “no culpable” de manera gratuita.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Dios: El autor de toda la historia” basado en Hechos 13:13-52. Este sermón es una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra” sobre el libro de los Hechos.

A la primera ocasión que Pablo tuvo en la sinagoga, se le dio una tremenda oportunidad de trazar toda la historia del pueblo de Israel desde que salieron de Egipto hasta llegar a la persona de Jesús, enfatizando en la provisión de Dios. En la historia de Dios con Su pueblo, los planes de Dios han sido indetenibles y la fortaleza de Dios ha sido capaz de vencer la mayor debilidad del hombre (Romanos 4:17).

Pablo relata que, pasado el tiempo de la esclavitud, Dios oyó el clamor del pueblo y lo sacó de Egipto con brazo levantado. De allí, Dios lo sacó al desierto por 40 años, de camino a la tierra prometida, la cual estaba ocupada por siete naciones más grandes y poderosas (Deuteronomio 7:1; Isaías 43:4). Estas naciones eran tan pecaminosas que Dios permitió que Su pueblo llegara y las desplazara de la tierra como parte de Su juicio contra ellas (v.19). Luego, Dios les dio jueces (v. 19 y 20) que servían como líderes militares. Eran buenos al principio, pero fueron decayendo, llevando el pueblo a idolatría y pecado.Como consecuencia, Dios permitió que fueran oprimidos por pueblos paganos. Israel entonces clamó a Dios, se arrepintió y Dios levantó a otro juez que los sacó de su condición. Ese mismo ciclo se repitió siete veces por más de cuatro siglos; el pueblo hebreo se caracterizó más por la rebelión que por la obediencia.El último de estos jueces fue Samuel quien también actuó como profeta. El pueblo le pidió a Samuel que les diera un rey para ser como las demás naciones porque no querían ser gobernados por los hijos Samuel quienes eran corruptos. Esto desagradó a Dios porque hasta ese momento Dios había sido su rey. Como consecuencia, Dios les dio a Saúl quien los gobernó con mano dura por 40 años. Luego de Saúl, David subió al trono, un hombre caracterizado por ser conforme al corazón de Dios, pero que también tuvo sus propias debilidades.

La historia que Pablo narra del Antiguo Testamento culmina con el personaje David y de ahí Pablo hace un salto para llegar a la persona de Jesús (v.23), introducida por Juan el Bautista. Jesús es introducido como hijo o descendiente de David.

El versículo 36 tiene tres palabras claves: “después”, “propósito” y “generación”. El texto habla de la muerte de David: por un lado, nos deja ver que fue como la de cualquier mortal porque su cuerpo vio corrupción; pero también nos deja ver que su muerte ocurrió después del cumplimiento de su propósito en la vida. La palabra “después” no aparece aquí de manera accidental; Dios nos deja ver que David permaneció con vida hasta que Dios culminara su propósito en esta tierra y después murió (Mateo 6:27; Salmo 139:16).

La segunda palabra destacada es “propósito”. Dios hizo nacer a David en su momento porque su vida tenía un propósito dentro de su propia generación. Los propósitos de Dios son “tiempo-específico” (Gálatas 4:4) y “generación-específico”. Dios nos ha puesto en esta tierra para impactar y cambiar la historia bajo Su dirección y señorío, y para Su honor y gloria.

Nuestra satisfacción en la vida depende de que hayamos encontrado y estemos viviendo el propósito para el cual Dios nos creó. La insatisfacción con la que vive mucha gente hoy en día se debe a que no está viviendo el propósito de Dios en su vida, no lo está llevando a cabo a su manera o no lo está realizando en el tiempo del Señor. Dios es la única persona que puede enfocar todos mis dones, talentos, oportunidades y energías en una sola dirección. Fuimos creados para vivir en relación con Dios, en total dependencia del Señor. Una vida enfocada en Dios y enfocada por Dios es una vida que marca su generación porque es vivida con sentido de la eternidad. Si no encuentras el propósito de Dios para tu vida, Satanás suplirá uno para que lo lleves a cabo que lucirá atractivo, pero pronto pierde su brillo. Son propósitos son temporales, engañosos y son de vergüenza al final; los de Dios son eternos, veraces y están llenos de gloria.

“Generación” es la tercera palabra clave en este pasaje. Una generación es el conjunto de personas que viven más o menos en una misma época. Unos sirven a su generación como David lo hizo y otros se sirven de ella. Muchas veces no estamos satisfechos porque no estamos sirviendo. Nuestro Dios no es un Dios pasivo; Cristo dijo, mi Padre trabaja hasta hoy y yo también trabajo (Juan 5:17). Mi propósito está íntimamente relacionado a mi servicio.

En conclusión, usando la vida de David como ejemplo, recuerda que fuiste creado para conocer y amar a Dios y para llenar ciertas metas dentro de Su plan redentor. El conocer tu propósito determina tus prioridades y el realizar tu propósito es la clave de tu vida.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie “Hasta los confines de la tierra” con el sermón “El reino de las tinieblas se opone al reino de la luz” basado en Hechos 13:1-12.

Cuando escudriñamos la palabra de Dios, descubrimos que la teología o la revelación de Dios en Su palabra, ha sido progresiva a lo largo de la historia redentora. Poco a poco, Dios nos fue dando cada vez más conocimiento y más entendimiento de aquellas cosas que hoy se encuentran todas agrupadas en un solo libro que llamamos la biblia. De esas cosas reveladas, yo diría que una de las doctrinas más tempranamente reveladas y más claramente discernibles es el hecho de que el reino de las tinieblas continuamente se ha opuesto y continúa oponiéndose al reino de la luz.

Si abrimos la Biblia, apenas en Génesis 3 nos encontramos con Satanás personalmente oponiéndose al plan de Dios; el reino de la luz apenas había sido inaugurado en la tierra cuando Satanás lo penetró y trajo maldiciones convirtiéndolo en un mundo de tinieblas tan densas y extensas que llegaron a penetrar hasta la mente y el corazón del hombre que quedó en oscuridad espiritual. Cuando avanzas y comienzas a ver la historia del pueblo de Israel, vemos que desde muy temprano surgen los falsos profetas con falsas enseñanzas y aquí vemos el mismo mecanismo de oposición; el uso de seres humanos, llamados maestros y profetas que traen enseñanzas falsas para desviar al pueblo de Dios de su camino. Y cuando llegamos a los evangelios, nos encontramos a Jesús librando una batalla cuerpo a cuerpo quien trata de distorsionar las escrituras para desviar a Jesús del camino que Él tenía atrasado por parte del Padre.

La mayor parte de esta batalla no se libra vía demonios, sino vía mentiras programadas a través de personas que usan el nombre de Jesús para ocultar el camino de la verdad. En Hechos 13:1-12 vemos esta oposición claramente. La iglesia de Antioquía estaba comenzando a tomar preponderancia sobre la iglesia de Jerusalén, dando origen al movimiento misionero. Pero esta iglesia no se involucra en la gran comisión hasta que Dios la hace crecer y madurar. Fue una iglesia grandemente bendecida; para este tiempo ya tenía profetas y maestros. Se nos mencionan cinco nombres distintos, lo cual nos habla de la riqueza de dones y talentos: Bernabé, Simeón llamado Níger, Lucio de Cirene, Manaén, y Saulo o Pablo. La iglesia había comenzado a orar y ayunar y mientras oraban (v. 2), el Espíritu Santo dijo apartadme a Bernabé y Saulo para la evangelización de los gentiles. Fueron obedientes y volvieron a orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron.

El movimiento comenzó por medio del Espíritu apartando a Bernabé y Saulo y tendría que continuar hasta llegar a su final bajo la unción del mismo Espíritu (v. 4). Bernabé era un hombre lleno del Espíritu, Pablo era un hombre lleno del Espíritu y ambos fueron apartados y enviados por medio del Espíritu. Nosotros podemos ordenar y enviar misioneros, pero no tenemos poder; si el Espíritu de Dios no unge a la persona para la misión, estamos enviando a los obreros a recoger la mies con una predicción de fracaso.

Descendieron a Seleucia, un puerto de mar a unas 16 millas de Antioquía, y de ahí navegaron hasta Chipre. Una vez en la isla, llegaron a Salamina y allí comenzaron a predicar el mensaje del evangelio en las sinagogas de los judíos. Tenía sentido porque los judíos eran los que conocían el Antiguo Testamento y sería fácil mostrar qué Jesús cumplía las promesas. Parece que en las sinagogas no encontraron oposición, pero no podemos olvidar que Satanás crea oposición o a la entrada o a la salida. Los problemas comienzan al llagar a Pafos donde se encuentran con dos personajes: un cierto mago y falso profeta, de origen judío, llamado Barjesús (V6) y el procónsul de la isla, Sergio Paulo, un varón prudente. El mago estaba con el procónsul ya que era una persona de influencia. De alguna manera, Dios movió el corazón del procónsul: él deseaba oír la palabra de Dios así que llamó a Bernabé y a Saulo.

Bernabé y Saulo estaban llevando a cabo la evangelización, pero no sin oposición. El versículo 8 dice, “Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.” Bernabé y Pablo eran representantes del reino de la luz y el mago era un representante del reino de las tinieblas. Estos dos enviados de Dios estaban tratando de hacer brillar la luz del evangelio en medio de la oscuridad de la magia y la brujería. Barjesús resistía la evangelización, quizás contradiciendo lo que Pablo anunciaba con la meta de apartar al procónsul de la fe. La resistencia del mago no era física, sino de ideas contrarias. Es muy posible que el procónsul le proporcionara al mago beneficios económicos, pero quien estaba detrás del mago era Satanás a quien no le interesaban los beneficios económicos, sino que el procónsul no conozca la verdad.

Otra forma muy usada por Satanás para ganar acceso a nuestra mente es vía los sistemas seculares que abundan a nuestro alrededor como una educación que enseña que Dios no creó al hombre o legislaciones que favorecen el aborto y el matrimonio homosexual. Él gana acceso a nuestra mente a través sistemas de comunicación tales como la TV y el Internet, no porque estos sistemas sean pecaminosos en sí, sino porque es a través de estos sistemas que él puede ofrecernos una amplia gama de mentiras para hacernos caer (1 Timoteo 4:1).

Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, dijo: !Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?” (v. 9-10). La llenura del Espíritu le dio a Pablo el discernimiento para ver lo que este hombre era y le dio la valentía para fijar sus ojos en este hombre. Bernabé y Pablo eran hombres llenos del Espíritu de Dios; pero eso no impidió que Satanás tratará de engañarlos. La iglesia de Antioquía que los había enviado era una iglesia llena del Espíritu que seguro estaba orando por sus dos misioneros; pero eso no evitó que Satanás se opusiera a ellos.

“Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano.” (v. 11). El mago era un hombre ciego espiritualmente hablando; pero ahora como resultado de su juicio ha quedado ciego físicamente. Sabemos que los planes de Dios no fueron estorbados (v. 12); El procónsul no quedó maravillado de los poderes de Bernabé y Pablo, sino de la doctrina del Señor.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Aprendiendo a orar y esperar con la iglesia primitiva” basado en Hechos 11:27-30 / 12:25 / 13: 1-3. Este sermón es una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

En el capítulo 13 del libro de los Hechos comienza toda una nueva etapa de desarrollo de la iglesia y la expansión del Evangelio, lo cual da cumplimiento a la promesa del Señor Jesús en Hechos 1:8. A partir de aquí, el apóstol por excelencia para llevar a cabo la última etapa de la gran comisión hasta los confines de la tierra fue el apóstol Pablo.

Como vimos la semana pasada, la iglesia de Antioquía había comenzado a tomar lo cual lleva a algunos profetas de Jerusalén a descender hacia esa ciudad. Uno de estos profetas se llamaba Agabo; es por medio de él que el Espíritu de Dios reveló que había una gran hambre que vendría sobre toda la tierra. Los hermanos que ya se reunían en la iglesia de Antioquía decidieron tomar una ofrenda para ayudar a los hermanos que habitaban en Judea lo cual nos habla del espíritu dadivoso y servicial de la iglesia primitiva que debe permear en toda iglesia que es llena del Espíritu de Dios. La llenura del espíritu puede ser una disposición interna del creyente, pero tiene una manifestación externa hacia los demás. Según Hechos 11:30, esta contribución fue enviada a Jerusalén con Bernabé y Saulo (o Pablo).

Es durante el tiempo que Saulo y Bernabé pasaron en Jerusalén que ocurre el apresamiento y liberación milagrosa de Pedro. También es durante ese tiempo que el rey Herodes cae muerto por no haber dado la gloria a Dios (Hechos 12). Después de haber llevado a cabo su misión ellos regresaron a Antioquía y llevaron consigo a Juan (o Marcos), el autor del libro de Marcos.

Hechos 13 nos da cinco nombres de profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén y Saulo. Había una gran necesidad de llevar el evangelio de Jerusalén hasta el último rincón de la tierra y no sabían cómo. Por tanto, en vez dedicarse a estudiar el problema, la iglesia se dedicó a orar y ayunar hasta que el Espíritu de Dios les habló de apartar a Bernabé y a Saulo para la obra a la que Dios los había llamado.

Todos queremos ser guiados por el Espíritu como esta iglesia, pero no sabemos cómo ser guiados por el Espíritu. Romanos 8:14 dice que todos los hijos de Dios somos guiados por el Espíritu de manera que no necesitas hacer algo para que el Espíritu te guíe. Sin embargo, no todas las vidas de los hijos de Dios están siendo guiadas por el Espíritu, lo cual es una paradoja. Esto se debe a la oposición que ofrecemos a la guía del Espíritu. Dios usa la oración para ayudarme a rendir la voluntad a los propósitos de Dios y así dejar que el Espíritu tome control de mis acciones. El impulso primario de nuestra oración no debe ser lo que está en nuestro corazón, sino lo que está en el corazón de Dios. Si no pedimos conforme a Su voluntad, Él no nos oye (1 Juan 5:14) y si vivimos violando Su voluntad, mucho menos (Salmos 66:18). La voluntad tiene que ser rendida al Señor como requisito para la oración efectiva. Mientras menos oración tengo en mi vida, más oposición ofrezco a la dirección del Espíritu, por ende, menos llenura disfruto y más desobediencia caracteriza mi vida.

Cuando el Espíritu comunicó a la iglesia de Antioquía que separara a Bernabé y Saulo, no fue una decisión fácil: Dios estaba sacando de la iglesia de Antioquía a sus dos mejores maestros. Entonces, la Iglesia respondió con más oración (versículo 3). La oración engendra oración y la falta de oración da lugar a más tiempo sin oración. La oración, mi obediencia y la concesión de mis peticiones van de la mano (Hebreos 5:7).

Vemos que ellos al enviar a Bernabé y a Saulo, combinaron la oración con el ayuno. El ayuno nos ayuda a emplear tiempo extendido en oración y reflexión acerca de los propósitos de Dios. También nos ayuda a rendir la voluntad porque estamos ejerciendo el dominio propio al negarnos una de las necesidades más imperiosas: el ingerir alimentos.

Si Dios abre su trono para recibirnos en oración, más vale que respondamos a su invitación. Tú no rechazas la invitación del autor de la vida y el autor y consumador de nuestra fe. Si Cristo no envió a la iglesia al campo misionero, sin ponerla a orar primero, no nos atrevamos nosotros a plantar una próxima iglesia sin ponernos de rodillas. Si la iglesia primitiva, fue dirigida a apartar a Bernabé y a Saulo, para la obra misionera, pongámonos a orar para ver a quienes quiere apartar Dios.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El dolor, la oración y la soberanía de Dios… todos inescrutables” basado en Hechos 12:1-19. Esta predica es una continuación de la serie de Hechos titulada “Hasta los confines de la tierra”.

El dolor es la hormona de crecimiento del cristiano y el abono de la vida de oración.La iglesia de nuestros días está enferma porque quiere planificar sin oración, quiere milagros sin fe y quiere triunfar sin glorificar a su Dios. Mientras que nuestro Dios es inescrutable, los medio a través de los cuales Él obra son claramente discernibles en Su palabra.

Jesús promete gozo a pesar de dolor, amenazas sin intimidación y tribulación continua, algo que vemos en que la tristeza de la persecución de la iglesia de Jerusalén se dio de manera paralela y con el gozo de Samaria. Poco tiempo después vimos la conversión de Cornelio y la entrada del evangelio al mundo gentil, lo cual produjo un gran gozo (Cap. 10 y 11). Ahora, en el capítulo 12, comenzamos a ver la muerte de Jacobo, el primero de los 12 que fue martirizado. En esta misma historia, Pedro, quien también formó parte de los 12, es apresado, pero es libertado de la cárcel por medio de la intervención de un ángel.

El texto de hoy comienza diciéndonos que, “por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos que pertenecían a la iglesia para maltratarlos” (Hechos 12:1). Este Herodes era Herodes Agripa I, nieto del Herodes responsable de la matanza de los niños cuando Jesús nació. Este Herodes era un individuo muy astuto e hipócrita, cuando estaba con los romanos, hacía como los romanos y cuando estaba con los judíos quería congraciarse con ellos. Cuando vio que los judíos se alegraron con la muerte de Jacobo, les echó manos a Pedro con la idea de matarlo también. En este momento, la iglesia pudo haber adoptado una actitud pesimista. Pero en vez, la iglesia primitiva oró. Ya habían perdido a muchos de sus hombres valiosos, pero no habían perdido su fe ni su confianza en el poder de la oración (v.5).

Herodes apresó a Pedro, PERO la iglesia estaba libre y reunida. Herodes, silenció la predicación de Pedro al apresarlo, PERO no a la iglesia que oraba fervientemente. La oración no garantiza los resultados: Jesús oró para que pasara esa copa amarga y después de orar lo clavaron a un madero. Pero la oración le permitió morir perdonando a sus acusadores y proyectando una sombra grande de lo grande que es la misericordia de Dios. Sin orar no puedes hacer eso; la oración nos prepara para el dolor y nos enseña a hacer lucir grande a mi Dios.

El versículo 7 nos dice que el ángel que se le apareció a Pedro le tocó en el costado, lo despertó y le dijo levántate pronto y que de inmediato las cadenas cayeron de sus manos. Pedro pasó las dos guardias y cuando llegaron a la puerta de hierro que conducía a la ciudad, se abrió por sí misma, salieron y siguieron por una calle (v.10). Es en ese momento, dice Lucas que Pedro volvió en sí y se percató de que el Señor le había enviado un ángel para rescatarlo de la mano de Herodes. En ese momento, se dirigió a la casa de María y al llegar allí, Pedro se encontró con muchos que estaban reunidos y orando (v.12). Pedro toca la puerta y sale una criada llamada Rode y al reconocer la voz de Pedro, corrió adentro y anunció que Pedro estaba a la puerta (v.14). Uno pensaría que, si estaban orando por la liberación de Pedro, al escuchar la noticia ellos la hubiesen interpretado como una respuesta a sus oraciones; pero no fue así (v.15). Esto nos da una idea de hasta dónde llega la incredulidad del humano: antes de creer que era Pedro, prefirieron creer que este era su ángel después que éste había muerto.

Cuando finalmente comprobaron que si era Pedro, el gozo produjo una gran algarabía entre ellos hasta que Pedro los hizo guardar silencio ya que no lo podían descubrir. Por esa razón, Pedro se fue a oro lugar después que él les diera instrucción de contar de contar estas cosas a Jacobo, o Santiago, y a los demás hermanos.

La sangre de los mártires es la semilla de la iglesia. Las lágrimas de la iglesia es el agua que moja la tierra donde la semilla es plantada. La oración del pueblo de Dios es el poder en medio de la debilidad. La gracia de Dios es el sustento en el desierto. El gozo de Sus hijos es experimentado en medio del gemido de toda la creación. La fe en el presente alimenta la esperanza venidera. Y el carácter de Dios, santo, bondadoso, justo, fiel, amoroso, soberano, omnipotente, es nuestra garantía.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “La gran comisión en ejecución” basado en Hechos 11 como una continuación de la serie “Hasta los confines de la tierra”.

El libro de los Hechos es un libro acerca de la iglesia: su nacimiento, su crecimiento y su expansión. Nosotros vimos en capítulos anteriores como la Iglesia inició en Jerusalén y cómo se expandió hasta Judea y Samaria a partir de una persecución (Hechos 8). Aquellos que iban huyendo, iban compartiendo el evangelio con las personas con quienes ellos entraban en contacto. De manera que la expansión de la fe cristiana, no ocurrió tanto por la predicación “profesional” de los apóstoles, sino por el testimonio personal de la obra extraordinaria del Espíritu de Dios en personas ordinarias. 

La unión de judíos y gentiles era algo que Dios estaba amalgamando. Mientras tanto, los judíos que quedaron en Jerusalén estaban en total desconocimiento de esta nueva revelación de Dios para Pedro y, en último caso, para el resto de la iglesia. Esto que le aconteció a Pedro, comenzó a correr y la noticia llegó a Jerusalén. El chisme llegó a Jerusalén primero que Pedro y eso creó un problema. Pedro no había tenido una sola oportunidad de explicar lo que Dios estaba haciendo como parte de la Gran Comisión que había iniciado, y ya estaba condenado. Al explicar lo ocurrido con Cornelio, finalmente hubo un cambio de actitud (v.18) al entender que Dios estaba haciendo algo nuevo.

Si quieres unirte a Dios en su plan de redención, primero tienes que estar dispuesto a someterte a los planes de Dios—Pedro obedeció a la visión y a la voz de Dios. Segundo, necesitas estar dispuesto a tomar riesgos—Pedro comió con gentiles. Tercero, tienes que estar dispuesto a ser rechazado y condenado como pasó con Pedro en Jerusalén. Finalmente, necesitas reconocer que Dios nunca nos pedirá permiso para saber si puede salvar a alguien de una manera que a nosotros no nos parece adecuada—como Pedro comiendo con gentiles siendo judío.

Cuando se desató la persecución, hubo creyentes que salieron corriendo yllegaron hasta ciudades que no eran predominantemente judías como Fenicia, Chipre y Antioquía. Antioquía era una ciudad crucial; era la tercera ciudad en importancia en todo el imperio romano después de Roma y de Alejandría. En aquella ciudad había 5 culturas diferentes representadas lo cual lo hacía el lugar ideal para el desarrollo de la Gran Comisión. Era una ciudad cosmopolita de mucha perversión, pero, en medio de esa corrupción, Dios planta una de las iglesias más importantes y exitosas (v.21) de toda la historia; allí nació el movimiento misionero. Estas grandes conversiones no ocurrieron por vía de la predicación de los apóstoles, ni líderes conocidos, sino por cristianos que huían de la persecución y compartían sus testimonios. Dios no necesita de grandes nombres para hacer grandes cosas porque Él por si solo es más grande que cualquier circunstancia u oposición.

A la iglesia en Jerusalén se le hacía difícil creer que una ciudad tan corrupta como la de Antioquía pudiera ser la receptora de la gracia de Dios entonces eligieron a la persona ideal para investigar: Bernabé. Al llegar, Bernabé no vio simplemente una gran cantidad de personas convirtiéndose al Señor, sino a “la gracia de Dios y al verla se regocijó” y luego “animaba a todos para que con corazón firme permanecieron fieles al Señor” (v.23). Dios estaba alcanzando a aquella población moralmente corrupta con Su gracia. Hay una sola forma de cómo esto podía ocurrir y es a través de la gracia de Dios que abre el entendimiento de los incrédulos para que puedan entender el evangelio.  

Todos quisiéramos ser como Bernabé, ya que “era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” (v.24). Romanos 3 dice que no hay nadie bueno, pero en múltiples ocasiones la Palabra habla de hombres que fueron justos, humildes y en este caso incluso, buenos para hablar de personas que, aunque fuesen pecadores estaban caminando irreprochablemente en la vida cristiana delante de los hombres. La clave de Bernabé para llegar a ser un hombre bueno era porque estaba lleno del espíritu Santo y de fe, rendido a la acción del Espíritu que mora en él. Todo cristiano tiene la plenitud del Espíritu de Dios morando en su interior, pero algunos tienen más rebelión, resistencia y menos grado de rendición a su acción. Mientras que otros han llegado a ser hombres y mujeres rendidos a los propósitos de Dios, a través de quienes Dios se complace en hacer fluir Su gracia y Su poder hacia los demás.

Bernabé, en su humildad, al ver a tanta gente convertida en la iglesia de Antioquía, se percató de que no tenía los dones y talentos requeridos para disimular a toda esta gente entonces salió rumbo a Tarso para buscar a Saulo, o Pablo (v.25). Llegó a Tarso y tan pronto se encontró a Saulo lo trajo a Antioquía; se reunieron con la iglesia por todo un año enseñándole a las multitudes (v.26). El texto que leímos hoy concluye diciendo que a los discípulos se les denominó cristianos por primera vez en Antioquia.

Esta semana, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Una nueva visión para una nueva misión (parte II)” basado en Hechos 10:24-48, como una continuación a la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Cuando Pedro finalmente llega a donde Cornelio, él explica como vio un hombre con vestiduras resplandecientes quien le instruyó a buscar a Pedro quien tenía un mensaje que necesitaba escuchar: el evangelio. Hasta ese momento Pedro creía que la salvación pertenecía solamente a los judíos; pero ahora entendía que Dios no hacia acepción de personas. El mensaje que Pedro le predicó giró en torno a la persona de Jesús, exponiendo seis aspectos principales acerca de El:

1. El Señorío de Cristo

El señorío de Cristo implica que Dios Padre ha delegado en el Hijo todos los derechos de propiedad de toda la creación, los derechos de gobierno tanto en el cielo y en la tierra como debajo de la tierra. Como propietario de la creación, Él posee autoridad ilimitada sobre ángeles, potestades, poderes y dominios, caídos y no caídos junto con el poder de juzgar a todas las criaturas. Esto implica que nuestra desobediencia representa un desafío a la autoridad de Aquel que no solo murió por mí para comprar mi libertad, sino de Aquel que tiene completa autoridad para juzgarme hasta el punto de poder ejercer dicha autoridad para salvarme o condenarme.

2. El mensaje del evangelio que termina la enemistad entre Dios y el hombre (v.36)

La palabra de Dios establece que el hombre que no conoce a Cristo está en enemistad contra él (Romanos 5:10) y que el único mensaje que puede poner fin a dicha enemistad es el mensaje del evangelio que trae convicción de pecado al hombre y lo llama arrepentirse y buscar el perdón de Dios. Cuando ese hombre hace eso, él debe entender que al mismo tiempo necesita hacer entrega de su vida al Jesús reconociéndolo como su Salvador y Señor. Ese mensaje que conocemos como el evangelio está directamente relacionado a la vida, crucifixión y resurrección y aún la ascensión de Cristo a los cielos desde donde Él gobierna.

3. La vida de Cristo (v.37-39)

La vida de Jesús es importante para tu salvación y la mía porque para entrar al reino de los cielos es necesario cumplir a cabalidad con la ley de Dios y ninguna persona ha podido hacerlo, excepto Jesús. Es la obediencia de Cristo que es contada a mi favor. Durante Su vida, Jesús cumplió la ley de principio a fin, desde que nació hasta que murió: esto es lo que ha sido llamado la obediencia activa de Jesús.

4. La crucifixión de Cristo (v.39b)

Jesús termina en la cruz porque Él vino a tomar mi lugar; tomó mi lugar cuando vivió la vida de obediencia y tomó mi lugar cuando fue crucificado en un madero. Cuando El obedeció, el Padre contó Su obediencia como si fuera la mía y cuando Jesús murió cruelmente, el Padre contó el juicio que cayó sobre Él como si hubiese caído sobre mí. Esta es la razón por la que entramos al reino de los cielos. Como Jesús ya sufrió en la cruz por mis pecados, ya yo no tengo que sufrir; cada vez que pido perdón al Padre por ellos, soy perdonado.

5. La resurrección de Cristo (v.40-41)

La resurrección de Jesús al tercer día, es la evidencia de que Cristo había cumplido con la ley de Dios a cabalidad y que, por tanto, había complacido al Padre en la misión que se le había encomendado. La resurrección fue el amén del padre a un sacrificio perfecto. Esta confirma que Él es quien dijo que era: Dios encarnado y testifica acerca del hecho que Su sacrificio fue encontrado perfecto y suficiente para perdonar los pecados de aquellos por quienes Él vino a morir. Un Cristo sin resurrección representaría una humanidad sin esperanza. Hubiese debilitado Su mensaje y hubiese desacreditado toda Su vida; pero no fue así.

6. Cristo como juez de los vivos y de los muertos (v.42) 

El hombre tendrá que rendir cuentas ante Jesús al final de sus días en la tierra porque Él ha sido designado como juez de los vivos y de los muertos. Si el señorío de Cristo es completo, Él es juez al final de los tiempos (Juan 5:22-23; 2 Corintios 5:10).

 

Pedro concluye su mensaje de una manera que suena como una invitación a recibir salvación de parte de Jesús (v.43).Todo el que cree en Él, su vida, muerte, resurrección y señorío recibe perdón de pecados.

Esta semana, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Una nueva visión para una nueva misión” basado en Hechos 10:1-23 como una continuación a la serie “Hasta los confines de la tierra”.

Al pensar en la evangelización, se pudiese decir que la gran comisión ha sido la más grande visión que Dios le haya dado a Su iglesia. El evangelio había comenzado a expandirse a partir del día de Pentecostés y Dios comienza a moverse para expandir el evangelio al mundo gentil; pero primero había que cambiar a Pedro y había que tumbar la barrera de separación que existía entre judíos y gentiles.

La visión descrita en Hechos 10:1-23 fue sumamente chocante para Pedro porque, después de cientos de años de restricción alimenticia de parte de Dios, una voz proveniente del cielo le ordenó comer de todo tipo de animales. La eliminación de ciertos alimentos era una forma de Dios mantener a Su pueblo separado de la corrupción moral durante el período en que Israel estuvo rodeado de naciones paganas. Ahora que la era de la ley había quedado atrás, Dios estaba removiendo la limitación de los alimentos, usando ese evento para dar a entender que ya no habría ni judíos ni gentiles, sino que todos seríamos un mismo pueblo ante Dios.

La historia nos habla de un hombre llamado Cornelio que vivía en Cesarea. Era un centurión romano piadoso y temeroso de Dios; daba muchas limosnas y oraba continuamente. A pesar de su buena moralidad, sus obras de bien y de su creencia en el Dios creador, este hombre no tenía salvación. De este hombre y de su historia, podemos aprender varias lecciones:  

1. La moralidad, religiosidad, y buenas intenciones del hombre no pueden salvar (Hechos 10:4-8).

Se requiere un encuentro personal con la persona de Jesús; un arrepentimiento y pedida de perdón en base a la cruz de Cristo y una aceptación de Cristo como Señor y Salvador.

2. Dios escucha todas las oraciones, pero las responde conforme a Sus propósitos.

Cornelio oraba y dichas oraciones subieron hasta los cielos las cuales Dios respondió revelando el instrumento que le predicaría el evangelio a él y su familia: Pedro. 

3. La labor de predicación del evangelio nos toca a nosotros y eso es un gran privilegio.

Hubiese sido más fácil y mas rápido que el mismo ángel le predicara a Cornelio el evangelio. ¡Pero no! 2 Corintios 5:18 dice que Dios nos ha dado a los redimidos el ministerio de la reconciliación, no a los ángeles. ¡Qué enorme privilegio!

Cornelio no sabe porque el ángel le estaba pidiendo que enviara a buscar a Pedro, pero como buen soldado, él inmediatamente obedeció la orden y envió a dos de sus criados.

4. Una persona con verdadero temor de Dios busca obedecer a Dios independientemente de las circunstancias y del costo, como lo hizo Cornelio.

5. Usualmente, Dios está trabajando en mas de una persona al mismo tiempo para la realización de sus propósitos.

Dios le estaba hablando a Cornelio y a Pedro al mismo tiempo por medio de dos visiones distintas, pero unidas en propósito. Dios estaba trabajando en Cornelio para salvación y en Pedro para derribar una berrera de cientos de años (v.11-16).

6. Dios no acepta “un no” por respuesta.

En la visión, Dios ordena a Pedro a matar y a comer de los animales mostrados y Pedro responde con negación. El ángel tuvo que insistir con Pedro tres veces para que no llamara impuro lo que Dios había limpiado.

Dios no solo estaba trayendo una nueva visión para Su iglesia, sino que estaba formando un nuevo corazón en Pedro.

7. No llamemos impuro aquello que Dios ha limpiado.

En el caso de Pedro, estaba mal que llamara impuro a los alimentos que ya Dios se había declarado como limpios porque la aplicación iba más allá de la superficie: tenía que ver con no considerar a los gentiles como personas indignas.

Cuando los enviados de Cornelio llegan a Jope, se puede notar que Pedro ya había comenzado a cambiar porque él los invitó a entrar y los hospedó—algo que un judío jamás hubiese hecho. Muchas veces lo que nos impide ser hospitalario son prejuicios y una inversión de valores incorrectas con las cuales terminamos apreciando cosas que Dios no valora y rechazando a personas y relaciones que Dios ama profundamente.

8. Nuestra inversión de valores origina nuestros prejuicios como los tenía Pedro y el resto del pueblo judío contra el pueblo gentil.

Dios estaba rompiendo de una vez y para siempre con el prejuicio racial. Los judíos tenían sus valores invertidos. Ellos y nosotros tenemos que poseer una escala de valores radicalmente diferente a la del mundo o dejemos de llamarnos “el pueblo de Dios.”

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