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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Tu sufrimiento y el carácter de Dios” basado en Filipenses 3:10.

En múltiples naciones, se siente una quietud durante esta época navideña. Aprovechemos este tiempo para reflexionar acerca de por qué, año tras año, recordamos este tiempo. Durante diez días, reflexionaremos acerca de diez personajes bíblicos y de cómo ellos anhelaban  la llegada de un salvador.

Nuestro deseo es que podamos tener la misma intencionalidad de esperar por la segunda venida del Mesías que tuvieron estos personajes la primera vez.

Sigue la serie de devocionales con el pastor Miguel Núñez todos los días de la semana hasta el 25 de diciembre aquí → https://buff.ly/3motAO5

06 de Diciembre de 2020

Un fiscal y un juez a favor tuyo

Este domingo, el pastor Miguel Núñez concluyó la serie “Llamados, justificados, preservados y glorificados” predicando el sermón “Un fiscal y un juez a favor tuyo” basado en Romanos 8:31-39.

En el mensaje anterior vimos que aquellos que Dios de antemano conoció, a esos Él llamó, predestinó, justificó y glorificó (Romanos 8:28-30). Inmediatamente después, en los versículos 31-39, el apóstol Pablo, hace siete preguntas en vista de las grandes acciones de Dios a favor nuestro.

1. ¿Qué diremos a esto?

Con esta primera pregunta, Pablo está ayudándonos a reflexionar sobre las increíbles verdades de Romanos 8:28-30. Lo que Pablo quiso decir con esta primera pregunta era, ¿Como responderemos  a esta enorme gracia de parte de nuestro Dios? En cierta manera lo que sigue es parte de la respuesta: para Pablo es inconcebible que Dios nos haya conocido, predestinado, llamado, justificado y glorificado y que nosotros no respondamos de manera apropiada a lo que Dios ya hizo por personas mortales y pecadoras, que, en un principio, eran enemigas de Dios.

2. Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

Si el creador del universo, Señor de toda la creación, soberano sobre todo lo creado en el mundo material y espiritual y la persona en control de todas las cosas que existen y se mueven está a favor de nosotros los que hemos creído, ¿quien podría estar contra nosotros?

Pudiéramos decir que Satanás y el mundo está contra nosotros… hasta nuestra propia carne está contra nosotros. Entonces, la pregunta no es, ¿quien podrá estar contra nosotros? Sino, si el mayor poder y autoridad que existe en toda la creación está a favor nuestro, ¿Quién podría vencernos? No hay fuerza opositora que pueda competir o compararse con el Dios que es nuestro defensor.

De Satanás y sus seguidores, la palabra establece que Cristo desarmó los poderes de las tinieblas; del mundo, Jesús, dijo: “…confiad en mi, pues yo he vencido el mundo” (Juan 16:33); y la carne fue vencida en la cruz cuando Cristo logró morir sin pecado. Pablo está tratando de establecer el hecho de que el que está en Cristo no tiene nada que temer porque nada lo puede vencer.

3. El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?

Pablo tiene una tercera pregunta; pero antes de hacer la pregunta él establece un hecho: Dios Padre nos dio a Su propio Hijo. No creo que nosotros hemos considerado lo suficiente el hecho de que Dios Padre entregó a Su unigénito, sin pecado, para ser maltratado para que hombres que han maltratado Su ley puedan recibir el trato de hijos de parte de Dios. Lo que Pablo está tratando de hacer, es remover de nuestra mente toda duda de que Dios pueda estar ausente en nuestros momentos de dificultad.

Después que Dios ha hecho eso, ¿qué es lo que Dios no estaría dispuesto a hacer por los suyos. De ahí la tercera pregunta: Si nos dio al Hijo, ¿como no nos va a dar todas las cosas? 

4. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

En una corte judicial, la persona que trae la acusación contra los acusados es el fiscal. Pablo está haciendo la pregunta, ¿cuál es el fiscal acusador que se levantará contra los elegidos de Dios? Satanás es el acusador por excelencia, pero Satanás no tiene derecho a hacer tal cosa. El derecho para acusar o el derecho para actuar como fiscal solo lo tiene Cristo porque como Él mismo declaró, “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra…”

Pero resulta que El Fiscal Celestial no traería una acusación contra nosotros porque nosotros somos los elegidos de Dios y Dios es quien justifica. En la corte celestial, el único posible fiscal es Cristo y Él está a favor de nosotros porque Él murió en nuestro lugar justamente para poder actuar como nuestro abogado defensor.

5. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

En una corte judicial, no solamente hay un acusado y un fiscal sino que también hay un Juez. En el Antiguo Testamento vemos a Dios Padre actuando como  como juez todo el tiempo, pero luego, al llegar al Nuevo Testamento, nos encontramos en Juan 5:22 con lo siguiente, “El Padre a nadie juzga, sino que ha dado todo juicio al Hijo.”

De manera que ante la pregunta: ¿Quién es el que condena? Pablo, responde que Cristo no lo hará porque Él fue quien murió por nosotros, por nuestros pecados, en sustitución nuestra. Él es también quien resucitó lo cual hizo también a favor nuestro porque con Su resurrección conquistó la muerte que reinaba desde el tiempo de Adán.

Romanos 8:34 termina recordándonos que Cristo está a la derecha del Padre desde donde intercede por nosotros. Desde aquí en la tierra, el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles, y en los cielos, el Hijo intercede por nosotros ante el padre como abogado defensor. En la corte celestial el Hijo está en control de todo el proceso judicial y eso es bueno para nosotros. Porque como se nos dice en 2 Corintios 5:10, todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para rendir cuentas de todo cuanto hayamos hecho sea bueno o sea malo. Pero en el tribunal de Cristo, el fiscal, el juez y la persona que intercede por nosotros es la misma… CRISTO.

6. ¿Quién nos separará del amor de Cristo?

Esta pregunta obedece al hecho, de la inseguridad que muchos experimentan, pensando ¿y que si cuando yo llegue al reino de los cielos resulta que yo no llené el estándar para pasar el escrutinio de la justicia de Dios y al final soy condenado? Si Dios, desde la eternidad pasada, te conoció, te llamó, te predestinó, te justificó y te glorificó… ¿quién podría separarte del amor de Padre en Cristo? Esta pregunta es innecesaria considerando el hecho de que Dios no tiene rival.

Antes de contestar la pregunta, Pablo hace su pregunta final en términos de cosas que él ha considerado en su mente que pudieran separarnos del amor de Cristo.   

7. ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Pablo considera siete circunstancias que pudieran actuar como enemigos nuestros para separarnos de Dios.

  • ¿Tribulación? ¿Pudiera el creyente pasar por una tribulación tan grande qué pueda vencer su fe y terminar apartándolo de Dios? Imposible, porque Pablo nos dice en 2 Corintios 1:3-4 que Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo es quien nos consuela en toda tribulación nuestra para enseñarnos a consolar a otros con el mismo consuelo que hemos recibido.
  • ¿Angustia?  No va a ocurrir. Dios me dice qué hacer en la angustia en el salmo 50:15, “Invoca Mi nombre en el día de la angustia; Yo te libraré, y tú me honrarás.” En la angustia, Dios dice “cuenta conmigo, llámame y yo te libraré.”
  • ¿Persecución? ¿Podría desatarse un persecución tal en el futuro que un hijo de Dios pudiera perderse? ¡NO! Pablo nos dice que somos perseguidos, pero no abandonados.
  • ¿Hambre? Ya Dios nos enseñó que no solo de pan vive el hombre. El apóstol Pablo también nos enseñó que él aprendió a estar contento en la abundancia y a la escasez (Filipenses 4:12).
  • ¿Desnudez? Una vez tú has sido vestido con la rectitud de Cristo, la desnudez física te importa poco.
  • ¿Peligro?  Estas calamidades se parecen a los peligros de Pablo descrito en 2 Corintios 11:26-27. En toda circunstancia, Dios le dijo a Pablo, “mi gracia te será suficiente.”
  • ¿Espada? Esta última es similar a las persecuciones de las cuales ya hablamos.

Ante todas esas circunstancias tenemos un Sumo Sacerdote ante el Padre que es capaz de compadecerse por nosotros porque Él fue tentado en todo. El que nos llamó nos da el poder para pasar por las mismas vicisitudes que el pasó cuando se encarnó y fue perseguido por los hombres… ¡Por eso vencemos!

A veces pensamos lo que significa la Navidad para nosotros, lo que significó para María, para José, para los pastores; pero quisiéramos irnos un poquito más arriba de la ecuación si pudiéramos decirlo, ¿Qué significó para Dios el cumplimiento de la promesa de la llegada del Salvador? ¿Qué significó la encarnación de la segunda persona de la Trinidad para Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo?

El pueblo de Israel tenía cientos de años esperando un Mesías. Sin embargo, el Mesías que ellos estaban esperando no era exactamente el Mesías que les llegó. Ellos estaban esperando un libertador militar que los sacara de la situación sociopolítica en la que ellos estaban porque eran esclavos bajo Roma. Este era un anuncio que se había hecho tan temprano como en Génesis 3:15 donde se habla de que la simiente de la mujer le aplastaría la cabeza a Satanás y que Satanás le heriría en el calcañar (para hacer referencia al momento de la cruz donde Cristo es herido) pero que Cristo resucitaría al tercer día así terminando de aplastar la cabeza de Satanás. Entonces, el pueblo de Israel estaba en espera de esto cuando los ángeles se aparecieron a los pastores haciendo el anuncio de que el tiempo había llegado.

Sin embargo, la segunda persona de la trinidad lo está viendo desde otro ángulo. Dios vino a engendrarse como hombre y a entrar en un útero por nueve meses. Dios Creador, que los cielos no pueden contener, ahora decide ser contenido en un útero por nueve meses para luego nacer. En Filipenses 2 vemos lo que implicó para Él cuando habla de que Él se vació a sí mismo, no de Sus atributos, pero sí dejó Su gloria a un lado, dejó Su alta posición, dejó la adoración de ángeles, serafines, arcángeles. Él dejó todo eso a un lado, se hizo hombre y eventualmente se hizo siervo: nos sirve, cumple la ley y termina en la cruz.

Cristo nació con una misión muy clara: nació para morir. Él vino a dar Su vida en rescate por muchos. Por eso es por lo que la gloria de Dios resplandeció aun cuando la gloria de Dios había partido de Israel como vemos en el libro de Ezequiel. Después de 400 años de silencio regresa la gloria de Dios porque Jesús nació. Eso es un hecho trascendental y digno de ser recordado y celebrado. Por eso es por lo que esta noticia de los ángeles es tan extraordinaria para los pastores.

Esto también había sido profetizado 700 años antes cuando el profeta Isaías había hablado de este nacimiento, que habría de venir un niño. Ahí vemos la maravillosa obra de Dios en el cumplimiento de Sus promesas, no solamente en lo glorioso de esa noche, sino que afirmaba que Dios es veraz y cada palabra que Él ha pronunciado y cada propósito que Él ha establecido ha de cumplirse. Como dicen Gálatas 4:4, “Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”.

Pastor Miguel Núñez

*Tomado de la sesión de «Pregúntale tu pastor» en la Iglesia Bautista Internacional (La IBI) con la participación de los pastores Miguel Núñez y Luis Núñez.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Su propósito: La imagen de Su Hijo en nosotros” basado en Romanos 8:28-30.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El sufrimiento presente a la luz de la gloria venidera” basado en Romanos 8:18-27.

15 de Noviembre de 2020

Viviendo en el Espíritu

Este domingo, el pastor Miguel Núñez continuó la serie “Llamados, justificados, preservados y glorificados” con el sermón “Viviendo en el Espíritu” basado en Romanos 8:7-14.

 

Hace un par de semanas atrás que Jairo predicó un mensaje acerca de el espíritu de adopción basado en la epístola de Pablo a los Romanos del 8:15-17. El mensaje fue extremadamente relevante para la iglesia de hoy que se encuentra en medio de grandes dificultades y por eso me sentí movido a predicar el mensaje siguiente del domingo pasado basado en el mismo capítulo 8 de Romanos que es probablemente uno de los capítulos más ricos teológicamente hablando. Habiendo predicado dicho mensaje que titulamos “no condenación”, me sentí motivado a continuar en el mismo capítulo y predicar una miniserie de Romanos 8. De manera que hoy continuamos desarrollando las enseñanzas empacadas allí.

En su comentario, Warren Weirsbe menciona que si hay un lugar de la Palabra donde hay una declaración de libertad es aquí en este capítulo. Aquí podemos encontrar cuatro libertades proclamados:

1. Libertad de juicio (v.1-4)

2. Libertad de posibles derrotas o fracasos (v.5-17)

3. Libertad del desánimo (v.18-30)

4. Libertad del temor (v.31-39)

Cuando Wiersbe habla de libertad de posibles derrotas o fracasos, no está haciendo referencia a que el cristiano no puede tropezar en incluso caer a lo largo de su caminar, sino más bien al hecho de que aquel que es hijo de Dios va a perseverar en el camino hasta que entre en gloria a pesar de sus tropiezos y desaciertos.

La perseverancia del cristiano se debe a la fidelidad de Dios quien ha hecho morar Su espíritu en nosotros para ayudarnos a vivir una vida distinta. Menciono esto porque mi mensaje en el día de hoy ha sido titulado “Viviendo en el Espíritu”, algo que solamente es posible para el cristiano debido a la morada de dicho Espíritu. Cómo vamos a ver en el texto de hoy, y como mencionamos la semana pasada, la población mundial pudiera ser dividida en dos grandes grupos: Creyentes y no creyentes.

Los no creyentes son caracterizados de esta manera en Romanos 8:

• Están en la carne (v.8-9)
• Tienen la mente puesta en la carne (v.5b-7)
• Viven un estilo de vida de acuerdo a la carne (v.4b-5a)

Los creyentes son caracterizados de esta otra manera:

• Están en el Espíritu (v.8-9)
• Tienen la mente puesta en las cosas del Espíritu (v.5b-7)
• Viven por el Espíritu (v.4b-5a)

El Espíritu nos empoderada para hacer morir las obras de la carne y para ayunar la carne con todos sus deseos hasta que ésta termine sofocada. Esa responsabilidad nos toca a nosotros porque hemos sido empoderados para hacer tal cosa.

La santificación no es pasiva; es mi responsabilidad.

 

Es nuestra responsabilidad hacer uso del poder del Espíritu que vive en nosotros, la iluminación que Él provee y del “querer y el hacer el hacer” que el Espíritu pone en nosotros para debilitar las obras de la carne.

La conclusión de Pablo es la siguiente: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.” Si has nacido de nuevo, el Espíritu de Dios guía tu vida día tras día. Cuando desobedeces, simplemente estás ignorando la guía, los impulsos, los frenos, la sabiduría, los recordatorios y las advertencias del Espíritu, y aún niegas el poder del Espíritu que mora en ti. Ciertamente, nosotros no somos deudores de la carne, sino deudores del Espíritu.

08 de Noviembre de 2020

No hay condenación

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “No hay condenación” basado en Romanos 8:1-6.

La semana pasada Jairo Namnúm, predicó acerca de Romanos 8:15-17 que habla acerca de nuestra adopción como hijos legítimos del Dios Creador y Redentor. En el día de hoy pensé traer un mensaje que conectara con el anterior que escucharon acerca de nuestra adopción como parte de la familia de Dios. Por tanto, seleccione un texto de la epístola de Pablo a los romanos, en el mismo capítulo ocho; es un texto que precede a los versículos expuestos por Jairo la semana pasada. Veremos cuantos versículos podemos descubrir ya que este capítulo es extraordinariamente rico en teología.

Este capítulo comienza con la frase “por tanto”, lo cual conecta su contenido con el capítulo inmediatamente anterior a éste, el capítulo siete, y con todos los capítulos anteriores (Romanos 1-sii7). Esto es un gran reto, pero al mismo tiempo, es una gran necesidad.

Mi tema en el día de hoy es básicamente el primero encerrado en estas 4 frases: libertad de juicio.

En los primeros 7 capítulos de Romanos, hay una serie de malas noticias hasta que llegas a Romanos 8:1, donde leemos “ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.” Romanos 8 nos habla de 4 grandes libertades de las cuales goza el cristiano:

1. Libertad de juicio (v.1-4)

2. Libertad de la derrota (v.5-17)

3. Libertad del desánimo (v.18-30)

4. Libertad del temor (v.31-39)

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Cristo regresará y la maldad se detendrá” basado en Apocalipsis 19.

Hoy estamos terminando la serie, "Él es, el Cristo que predicamos" y como era de esperarse, estamos cerrando la serie con un mensaje acerca de la segunda venida de nuestro Señor.

Hoy en día hay una gran cantidad de creyentes poco interesados en los eventos por venir y aún con poco interés en la llegada del Señor. Es bueno volver a recordar algo que Calvino dijo unos 500 años atrás: cuando el cristiano pierde interés en la venida del Señor, su tendencia es a enfriarse y a desenfrenarse. La falta de interés en el mundo venidero implica un alto interés en las cosas y los placeres de este mundo.

En los últimos años, y aún meses, el mundo ha dado un giro de una manera tan radical que los acontecimientos mundiales han llevado a muchos de nosotros a preguntarnos si no estamos viviendo en la antesala de la segunda de Cristo. Las consecuencias de la pandemia del COVID-19 palidecen ante las consecuencias que veremos en los próximos años como resultado de la descomposición moral y social que el mundo está viviendo. La pandemia de este virus pudiera desaparecer potencialmente en unos meses si la vacuna y los medicamentos que se desarrollan tienen los efectos deseados, pero la espiral descendente que el mundo ha emprendido en términos morales es imparable y lo único que la detendrá es el regreso de nuestro Señor Jesucristo.

Creo que muchos estamos familiarizados con las palabras del apóstol Pablo en 2 Timoteo 3:1-5. Ahí, Pablo anticipa que en la medida que los tiempos avancen y en la medida en que nos acercamos al retorno de Cristo, las cosas empeorarían porque la condición de los hombres también empeoraría. 2 Timoteo 3:13 dice, “Pero los hombres malos e impostores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.” En otras palabras, Dios, por medio del apóstol Pablo, nos advierte que en la medida que el tiempo pase, ese hombre irá corrompiéndose moralmente en una espiral descendente. La razón de este descenso no es mas que una lejanía de Dios.

Cuando abrimos el libro de Apocalipsis nos encontramos con esa fase final que culmina en la segunda venida del Señor y en el establecimiento de nuevos cielos y nueva tierra. Sabemos que el libro de Apocalipsis ha tenido diferentes interpretaciones y obviamente este no es el momento para entrar en las diferentes posiciones. Pero de la manera como nosotros lo entendemos, el capítulo 18 de Apocalipsis describe el final de la gran tribulación de la cual habló tanto el profeta Daniel como el Señor Jesucristo. Y el capítulo 19 entonces abre con esta frase: “Después de esto oí como una gran voz de una gran multitud en el cielo, que decía: ‘¡Aleluya! La salvación y la gloria y el poder pertenecen a nuestro Dios…’”

Al final del período de la tribulación, los cielos comienzan a celebrar y anticipar un evento final. Lo que continua después de Apocalipsis 19:1 es una serie de alabanzas a nuestro Dios porque ha llegado la hora final, la hora de Su regreso, la hora de poner fin a la maldad y la hora de las bodas del cordero.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Cristo, crucificado como culpable, resucitado como Señor” basado en Apocalipsis 1&5 como continuación de la serie “Él es, el Cristo que predicamos”.

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