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Joan Veloz

Joan Veloz

25 de Noviembre de 2018

Vestidos de Cristo

Este domingo el anciano en entrenamiento, Joan Veloz, predicó el sermón “Vestido de Cristo” basado en 3:1-5.

Zacarías se presenta en el Zacarías 1:1 como hijo de Berequías, hijo de Iddo. El era un profeta de Dios quien vivió en un tiempo cuando el pueblo del Israel estaba en el proceso de retornar de Babilonia a Jerusalén. Dios se le revela a Zacarías y le da ocho visiones relacionadas a la

futura restauración externa de Israel. En las primeras tres visiones, Dios revelo que la gente sería restaurada (Zacarías 1:3), los enemigos serían juzgados (Zacarías 1:21), y la ciudad sería reconstruida (Zacarías 1:16). ¿Pero que iba a pasar con el corazón de ellos? ¿Habían sido restaurados? La realidad es que mientras estaban en Babilonia, no hubo un gran avivamiento, aunque hubo algunos comienzos de avivamiento en ellos. Un grupo regresó y encontró el templo y la ciudad destruida. Había que comenzar el proceso de reconstrucción la cual comienzó con mucha lentitud dado el desánimo de la gente. Aquí, Dios comienza a profetizar a través de Zacarías diciéndole: en palabras mías, animases, vamos ustedes serán restaurados, sus enemigos serán destruidos y la ciudad será nuevamente edificada. Pero ellos conocían acerca del carácter de Dios y se preguntaban como un Dios santo restaurar a un pueblo pecaminoso e incrédulo y ser coherente con su propio carácter justo al mismo tiempo. Y el Señor les respondió con la cuarta visión la cual es la que vemos en el texto de enfoque.

Zacarías tuvo una visión donde vio a Josué, el sumo sacerdote, delante del ángel del Señor, quien era en realidad la pre-encarnación del mismo Jesús. Jesús estaba allí delante de Josué para

recibir la ofrenda por el pecado del pueblo. Siempre que encontramos la referencia al Ángel Del Señor en el Antiguo Testamento, se hace referencia a éste como a la segunda persona de la Trinidad (Génesis 22; Éxodos 3; Josué 5). Dios, desde la eternidad pasada, decidió revelar la segunda persona de la trinidad con el titulo del Ángel Del Señor y ahí estaba Josué ofreciendo sacrificio por el pueblo, y Satanás estaba a su derecha para acusarlo y al igual como lo hizo con Job, el comienza a cuestionar a Dios. Satanás acusa a Josué de estar delante del Señor haciendo su oficio sacerdotal con vestimentas sucias (Zacarías 3:3). Es importante recordar que Josué representa al pueblo de Israel y en sus vestidos el lleva su pecado y el del pueblo. El no era digno de acercarse a Dios, el no debía estar allí vestido así representando al pueblo; Satanás vio esta oportunidad como una de oro para destruir el plan de redención. El sabía que, si Josué era vindicado, Israel seria aceptada; pero si Josué era condenado y expulsado, Israel hubiese sido expulsado.

Uno de los principales errores que podemos cometer es no conocer a nuestro adversario. Satanás es un acusador, el anda como león rugiente buscando a quien devorar. El tergiversa la verdad y hace que no podamos ver a Dios y Su gracia. Satanás astutamente nos acusa para que no vengamos a la fuente y a aquel que es bueno y perdonador. Si nos quedamos culpándonos y alejados de Dios no volveremos mas insensibles, nos volveremos al pecado y mas doloroso será el retorno. No conocer como opera el enemigo es un gran error, pero otro error garrafal es no conocer a nuestro Dios, quien es un padre amoroso el cual se complace en salvar.

Josué no se defiende, El solo calla (Zacarías 3:2) porque podía ver sus ropas sucias; fue culpable según lo acusado. Entonces el Ángel le dice a Satanás, el Señor te reprenda. Cristo justifica a Josué, no en basé a sus méritos, si no en base a que Dios lo escogió, pero Josué no podía permanecer delante de Dios mismo en esas condiciones y no morir; su ropa sucia representaba su pecaminosidad y la del pueblo. La santidad de Dios y el pecado no pueden cohabitar así que la suciedad de Josué debía ser removida; necesitaba ropa limpia para poder estar delante del Señor (Zacarías 3:4). Josué está sucio delante de Dios, indigno de estar delante de Su presencia y Cristo es quien intercede y da instrucciones a los otros ángeles que estaban allí de que le quitaran su ropa sucia. Esto es lo que el Señor hace por nosotros, se preocupará de mantener a Sus justificados limpios porque se trata de Su reputación no la nuestra; Dios es quien escoge, justifica, y preserva. Esto no quiere decir que podemos vivir como nos plazca. El estar seguros en El nunca nos dará licencia para pecar libremente; al contrario, debemos representar a Dios bien y vivir dignamente para que otros puedan alabar Su nombre por la forma como escogemos vivir. Cristo consuma su promesa y viste con ropas de Justicia a Josué. Las vestimentas de gala que Josué recibió no fueron vestimentas baratas; estas costaron la sangre de Dios mismo.

Este domingo, Joan Veloz predicó el sermón “La mejor decisión: cambiando lo temporal por lo eterno” basado en Hebreos 11:24-26.

El pastor Miguel Núñez ha debido suspender la serie Hasta los Confines de la Tierra para cumplir con una invitación de una importante iglesia de Guatemala, para predicar sobre la doctrina de la gracia, por lo que en la IBI, en su lugar ha predicado el anciano Joan Veloz, quien trajo un mensaje basado en el Salmos 32, titulado: Bienaventurado: Instrucciones de un Pecador a Otro.

Como la mayoría de los salmos, éste fue escrito por el rey David por inspiración del Espíritu Santo. Notamos que como los demás, éste salmos es el lenguaje del corazón del creyente donde expresa lamentación por el pecado y regocijo en Dios. En su desarrollo observamos varios temas importantes, como son la felicidad del pecador perdonado, la desdicha y lamentaciones que sufrió antes del consuelo que siguió a la confesión de pecados, y las instrucciones de ese pecador a otros pecadores como estímulo para los creyentes. 

Este salmo es considerado por Martín Lutero como uno de los más sabios y con mayor aplicación de la Palabra. Su aplicación es de tal magnitud que en Israel es considerado el salmo de mayor instrucción al pueblo, y por su supuesto a cada uno de nosotros.

El predicador inició con la historia de David cuando envió a Urías al frente de las batallas para que lo mataran y así quedarse con Betsabé y encubrir su pecado, y la confrontación del profeta y amigo Natán, así como la manifestación de sus lamentaciones y cargas que sufrió por su pecado.

De este salmo el predicador extrae 4 enseñanzas, las cuales son:
1.- Somos Bienaventurados. Bienaventurados son aquellos cuyos pecados les son perdonados. Hasta que no entendamos lo que dice David, y las misericordias de Dios, el perdón no podrá brillar sobre el pecado, y por eso somos Bienaventurados. También debemos entender el costo y sacrificio de Dios para  salvarnos. Así como el que se está ahogando necesita un salvavidas, así mismo nosotros necesitamos a Cristo para que nos salve de nuestros pecados. Hoy somos Bienaventurados porque Cristo pagó por nosotros, cargó con nuestras culpas.
2.- El amor de Dios sobre el bienaventurado. David reconocía la majestad de Dios y como se sentía mientras ocultaba su pecado. Sentía un gran peso que le oprimía su cuerpo. David probó en carne propia que el pecado cuesta más que la satisfacción que ofrece. La aflicción que se siente después del pecado es una muestra de afecto de Dios para que volvamos a Él y para evitarnos mayores consecuencias, nos ofrece una vía para el arrepentimiento, la confesión y volver a Él.
3.- La instrucción de David al bienaventurado. David nos recomienda que nos arrepintamos, que confesemos nuestros pecados y volvamos al Señor libres para que no suframos como él. Es obvio que Dios no sólo es nuestro refugio y escudo, es nuestro guía y nuestro maestro, Él nos instruye a través de Su Palabra. Somos importantes para Él, tiene Sus ojos sobre nosotros. El rey David se muestra como un pecador dando instrucciones y recomendaciones a otros pecadores.
4.- La advertencia para el bienaventurado. David nos pide que dejemos la testadurez o terquedad y el orgullo que nos convierte en un animal, que nos acerquemos a Dios voluntariamente. No esperemos que las consecuencias de nuestros pecados sean mayores, vayamos a Cristo quien tiene nuestra libertad.

David cierra diciéndonos que los dolores del impío serán muchos, pero tenemos a Cristo que pagó por nuestros pecados. La misericordia y la gracia de Cristo son mayores a nuestros pecados.

Padre celestial, fortalece nuestra fe. Ayúdanos a presentarte nuestras iniquidades, confesar nuestros pecados en arrepentimiento, y permite que volvamos a Ti. Permite que podamos ver a Cristo como nuestro Señor y Salvador, y que a través de Su sacrificio fue posible nuestra salvación. Bendiciones.

Hoy estuvo como predicador invitado el anciano en formación Joan Veloz con el mensaje Lo Que Dios Me Ha Dado Y Lo Que Dios Me Ha Pedido, basado en la segunda carta del apóstol Pedro, capitulo 1, versículos del 3 al 11.

Después del saludo acostumbrado de Pedro en sus cartas, y habiendo expresado las bendiciones a que Dios llama a los cristianos, exhorta a quienes han recibido estos dones preciosos detallados aquí a proponerse a mejorar en gracia y virtud. El apóstol muestra su corazón y quiere enseñar lo que es importante al final de su vida.

En su carta, Pedro también advierte contra los impostores y los burladores, reprobando sus falsas afirmaciones, y mostrando por qué se retarda el gran día de la venida de Cristo, con la descripción de sus espantosas circunstancias y consecuencias; dando exhortaciones apropiadas a la diligencia y la santidad.

En estos versículos que vemos hoy el apóstol hace una serie de exhortaciones a agregar a la fe el ejercicio de diversas virtudes.  Nos enseña que la fe obra santidad y  produce efectos en el alma que ninguna otra gracia puede producir. También nos enseña que en Cristo habita toda la plenitud y el perdón, la paz, la gracia y el conocimiento, y los nuevos principios son así dados por medio del Espíritu Santo.

Las promesas para quienes son partícipes de la naturaleza divina nos harán inquirir si son realmente renovadas en el espíritu de nuestra mente, si somos nacidos de nuevo. El creyente debe agregar conocimiento a su virtud, incrementar la familiaridad con toda la verdad y la voluntad de Dios. Debemos agregar templanza, moderación por las cosas mundanas, paciencia o alegre sometimiento  a la voluntad de Dios. La tribulación produce paciencia, por la cual soportamos todas las calamidades y las cruces en silencio y sumisión. La paciencia incluye los santos efectos y disposiciones hallados en el verdadero adorador de Dios

Por lo tanto, los cristianos deben laborar para alcanzar la seguridad de su vocación y elección, creyendo y haciendo el bien; y esforzarse en ello cuidadosamente, es un argumento firme de la gracia y misericordia de Dios, que los sostiene para que no caigan completamente.

Los que son diligentes en la obra de la religión ( esforzarse en incrementar los dones dados por el Epíritu Santo ), tendrán una entrada triunfal en el reino eterno donde reina Cristo y ellos reinarán con Él para siempre; y es en la práctica de toda buena obra ( poner en ejecución el obrar de los dones ) donde debemos esperar entrar al cielo.

En este texto tenemos tres temas importantes que son: lo que Dios ha hecho por nosotros, lo que nos toca hacer a nosotros  y la importancia de hacer lo que Dios nos ha pedido.

Pedro nos pide que conozcamos profundamente a Dios y abracemos sus promesas para anclarnos en ellas que nos guardan de   no caer en las tentaciones. Promesas como que nuestra salvación es para siempre y no se pierde, nos promete que siempre estará con nosotros. 

Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para tener una vida piadosa. En ese sentido el creyente debe hacer todo su esfuerzo para cultivar los dones que nos ha dado y hacer lo que tenemos que hacer para mostrar dichos dones en el cuerpo de Cristo. Ser diligentes en añadir virtud a nuestra fe, añadir conocimiento para saber lo que voy hacer, añadir dominio propio para no caer en las tentaciones de este mundo, añadir  perseverancia con esperanza porque sabemos que veremos los frutos, y añadir piedad mostrando reverencia ante lo que Dios hizo por nosotros en el sacrificio de Jesús. Debemos ser diligentes en mostrar estas virtudes.

Estas virtudes nos hacen crecer en Cristo. Dios nos llama a crecer en estas virtudes. Dios se complace en vernos crecer. Estas virtudes no permitirán que seamos ociosos, nos impulsarán a ser pro-activos y dar frutos.

Pedro nos recuerda que si estas virtudes no las mostramos es porque somos ciegos o cortos de vista. El no reflejar estas virtudes es una evidencia de que hemos olvidado lo que Dios ha hecho por nosotros. Por lo que debemos pedir perdón por olvidar lo que Dios ha hecho por nosotros y pedir a Dios que nos guíe a volver a Él.

El no mostrar estas virtudes es una muestra de que posiblemente no seamos un verdadero hijo de Dios. Si mis obras y mi caminar son coherentes con lo que digo. Debo revisar mis obras y mi actuar en el mundo, la muestra de mis virtudes o frutos, para saber si realmente soy un hijo de Dios.

Al final el apóstol nos dice que si confirmamos estas virtudes en nosotros, si confirmamos que somos hijos de Dios, no tropezaremos, es una promesa que hace Pedro. Podremos alegrarnos porque nos será concedida la entrada al reino de Dios.

Padre celestial, aumenta y fortalece nuestra fe. Que podamos descansar en Tus promesas. Que permanezcamos firmes en Tus preceptos y las tentaciones no nos venzan. Bendiciones.