Esta semana, uno de nuestros diáconos, Jairo Namnún, predicó el sermón “Job: aprendiendo a sufrir bien” basado en el libro de Job.
En Job 1:1-7 vemos el ejemplo de la verdadera buena vida en Job. No era perfecto, pero sí era un hombre intachable y digno de imitar. Era conocido por todo el mundo por sus riquezas, pero también por ser un cristiano devoto e íntegro. Además, tenía 10 hijos que vivían en armonía.
Job 1:8-12 relata la conversación entre Dios y Satanás que desata una serie de miserias en la vida de Job. Dios sabe que Satanás es terrible: Él lo conoce mejor que nadie. Sin embargo, Dios le dice a Satanás, “Te has fijado en mi siervo Job…”. Desde este punto comenzamos a ver siete lecciones sobre el sufrimiento:
- Nuestras vidas siempre están en las manos de Dios.
Satanás le dice a Dios que Job era fiel a Dios, pero era porque Él siempre lo bendecía materialmente. Satanás estaba diciendo que lo que Dios da es más importante que lo que Dios es y que Él no es tan glorioso como dice ser.
- La gloria de Dios es más importante que nuestra comodidad.
- No siempre podemos explicar el sufrimiento humano.
- Nuestra reacción ante el dolor es más importante que el dolor mismo.
El sufrimiento saca lo peor de nosotros, pero el sufrimiento también saca lo mejor de nosotros. Nos reorienta hacia el cielo, nos muestra qué es lo verdaderamente importante, nos lleva a amar a otros que han sufrido también. El sufrimiento saca lo que realmente somos por dentro.
Job ya ha sufrido suficiente, pero este no es el final. En el capítulo 2 vemos que Dios hiere “a Job con llagas malignas desde la planta del pie hasta la coronilla”. Es difícil de imaginárselo, pero las formas de Dios no son las nuestras; Dios no había terminado ni con Job, ni Satanás y ni con nosotros. Él quería que no hubiera ni un rastro de dudas de cuán glorioso Él es, y de cuán enamorado y sometido estaba Job a Su majestad.
- Pasar la prueba no significa que el sufrimiento va a parar.
Pero no es fácil resistir; lo vemos en Job 2:9-10. El texto nos muestra que la mujer de Job sobrevivió la primera prueba. Pero en esta segunda ocasión, al ver que todavía no había terminado y que Dios seguía callado, ella no soportó más. A todo el dolor que ya sentía Job, ahora tenía que añadírsele una mujer hablando como blasfema.
- Pongamos guarda a nuestras palabras mientras sufrimos.
- El sufrimiento nos prepara para el servicio.
Vimos en Job que es posible sufrir bien, trayendo gloria a Dios. Pero en Cristo Jesús nosotros vemos un Dios que sufre por nosotros, trayendo salvación a Su pueblo. En los sufrimientos de Jesús nosotros aprendemos a no dudar nunca de la bondad de nuestro Padre amoroso.