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Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es médico de profesión y pastor de vocación, con una maestría en Teología del Southern Baptist School for Biblical Studies. Desde el año 1998 ha sido pastor titular de la Iglesia Bautista Internacional de Santo Domingo, República Dominicana, y en la actualidad dirige su cuerpo de pastores. Adicionalmente es fundador y presidente de Ministerios Integridad Sabiduría®, una organización sin fines de lucro que tiene la visión de contribuir a cambiar la sociedad de nuestros días sembrando la Palabra de Dios por medio de recursos audiovisuales y literarios.

El Dr. Núñez es presidente y fundador del Instituto Integridad y Sabiduría, donde también es profesor de diferentes materias que componen el programa de estudios. También dirige y participa en la conducción del programa televisivo semanal Respuestas, Verdades absolutas para un mundo relativo®. Está casado con la Dra. Catherine Scheraldi.

 

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Ora, ama y sirve para la gloria de Dios” basado en 1 Pedro 4:7-11.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El triunfo de Cristo motiva mi santificación” basado en 1 Pedro 3:18-4:6.

El pasaje que estamos a punto de leer le da continuación al mensaje anterior en la primera epístola del apóstol Pedro. Es un pasaje que presenta cierta dificultad de interpretación aún para los mejores exégetas a lo largo de los años. Como hemos dicho en otras ocasiones, la Biblia es su propio intérprete, por lo que debemos interpretar los pasajes oscuros de las escrituras a la luz de pasajes más claros.

1 Pedro 3:18-22 parece hablarnos de la obra de Cristo en Su crucifixión (v.18), en Su predicación a unos espíritus encarcelados (v.19-20), en Su resurrección (v.21) y en Su sesión (se llama en teología a cuando Cristo se sentó a la diestra del Padre). Dado ese triunfo alcanzado por Cristo a favor nuestro, Pedro continuó en 1 Pedro 4:1-6 dándonos algunas enseñanzas.

Enseñanza #1: Si Cristo sufrió en la carne, con la intención de librarnos de pecado, ahora nos toca a nosotros, si es necesario, sufrir para alejarnos del pecado. 1 Pedro 4:1 dice, “Por tanto, puesto que Cristo ha padecido en la carne, ármense también ustedes con el mismo propósito, pues quien ha padecido en la carne ha terminado con el pecado.” La palabra traducida en el versículo uno como “ármense” es una metáfora militar para referirse a alguien que se viste de una manera particular para la guerra. Nosotros debiéramos armarnos con el mismo propósito, que es otra forma de decir que tengamosla misma actitud mental, el mismo valor y la misma intención hacia el sufrimiento.

Este primer versículo del capítulo cuatro cierra diciendo que ya hemos “terminado con el pecado.” Con esto, Pedro no nos está diciendo que ya no volveremos a pecar, sino que debiéramos tomar una resolución de una vez y para siempre para no querer pecar. Debiera haber una rotura con el pecado como el que rompe un pacto que se ha hecho con alguien. Muchos cristianos no han tomado una resolución de no pecar, sino que más bien viven empujando los límites para ver hasta donde pueden llegar, coqueteando con el pecado sin que su conducta sea tildada de pecado. No obstante, la realidad es que coquetear con el pecado ya es un pecado. En este texto, Pedro nos llama a romper de manera definitiva cualquier acuerdo al que hayamos llegado para continuar en pecado. Si Cristo estuvo dispuesto a sufrir en la carne para librarnos a nosotros del pecado, ¿Cuanto más debiéramos nosotros estar dispuestos a sufrir de igual manera en nuestra lucha contra el pecado?

Enseñanza #2: después de venir a Cristo, la voluntad de Dios debe ser el timón de la vida del cristiano hasta que entre en gloria. Así es como Pedro lo dice en 1 Pedro 4:2, “para vivir el tiempo que le queda en la carne, no ya para las pasiones humanas, sino para la voluntad de Dios.” Independientemente del tiempo que vayamos a vivir, el cristiano tiene un solo llamado y es vivir para la voluntad de Dios.

Nosotros afirmamos con los labios que la voluntad de Dios es buena y agradable, pero vivimos como si la voluntad de Dios fuera imperfecta y desagradable. Es por eso que, en vez de someternos, nos rebelamos; en vez de darle gracias a Dios, le cuestionamos; en vez de hacer Su voluntad hacemos la nuestra. El ser humano es tan obstinado en hacer su voluntad que cuando Dios comienza a oponerse, nosotros tratamos por todos los medios de que Él nos deje hacer la nuestra. Somos tan testarudos que aun después de haber tropezado muchas veces insistimos en hacer lo que queramos.

Si preguntáramos, cuantos queremos conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas, yo creo que la inmensa mayoría diría que si; pero conocer la voluntad es una cosa y hacerla es otra totalmente distinta. El estar listo para hacer la voluntad de Dios requiere adaptaciones y cambios. A veces tenemos que cambiar nuestra forma de pensar, nuestras circunstancias y relaciones, nuestros compromisos, nuestras acciones y a veces hasta nuestras creencias. En ocasiones hasta debemos cambiar nuestra situación geográfica para hacer la voluntad de Dios.

Enseñanza #3: Ya basta de andar en pecado. En versículo 3, Pedro hace una lista de una serie de pecados típicos de aquellos que no conocen a Dios, muchos de los cuales fueron cometidos por muchos de los hijos de Dios antes de venir a Cristo. Escucha como suena esta lista: “Porque el tiempo ya pasado les es suficiente para haber hecho lo que agrada a los gentiles, habiendo andado en sensualidad, lujurias, borracheras, orgías, embriagueces, y abominables idolatrías.” Es como si Pedro estuviera diciendo que el tiempo de divertir la carne pasó; ahora necesitamos alimentar el espíritu.

Quizás la lista que Pedro hace aquí sean formas extremas de pecado y quizás algunos de nosotros no podamos identificarnos con ellas; pero hay otras formas de pecar que practicábamos antes de venir a Cristo que no pueden continuar después de haber abrazado la cruz. Continuar en el mismo camino nos traerá consecuencias terribles.

Es una gran paradoja que estemos buscando la voluntad de Dios de la que nos habla Pedro en 1 Pedro 4:2 de esta carta y a la vez, seguir pecando como acabamos de leer en 1 Pedro 4:3. La búsqueda de la voluntad de Dios y la vida de pecado existen en polos opuestos. Dios revela Su voluntad a aquellos que buscan Su rostro, pero cuando permanecemos en la práctica de pecado, la única voluntad de Dios que pudiéramos ver es la necesidad de arrepentimiento y devolvernos a Él. Hasta que eso no sea hecho, nada más será revelado.

Enseñanza #4: Cuando tú sales del camino de pecado, tu nuevo caminar de piedad le resulta chocante al mundo que te rodea. Eso enseña Pedro en el versículo 4, “Y en todo esto, se sorprenden de que ustedes no corren con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y los insultan.” Nuestro rechazo al seguir pecando de la misma manera hace que muchos quieran hasta insultarnos. Algunos dirán que nos volvimos locos, otros nos mirarán como fanáticos. Para otros somos unos aburridos o aguafiestas; aún otros nos dirán que vivimos en el siglo pasado.

Cuando Cristo vino, los hombres amaron más las tinieblas que la luz y de esa misma manera los hombres de hoy continúan amando más la iniquidad que la piedad. Pero el texto de hoy nos recuerda que ahora nosotros hemos llegado a ser luz y que no se justifica que la luz ame las tinieblas.  

Enseñanza #5: El mundo nos juzga por vivir en santidad, pero llegará el día cuando Dios juzgará el mundo por vivir en iniquidad. 1 Pedro 4:5 dice, “Pero ellos darán cuenta a Aquel que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.”

La mayoría de los hombres temen al juicio de los hombres y por eso se conforman al estilo de vida de los demás, para lucir como ellos. No obstante, no podemos olvidar que hay un día de rendición de cuenta y todos compareceremos ante el tribunal de Cristo para dar cuentas de todo cuanto hayamos hechos sea bueno o sea malo (2 Corintios 5:10).

Por ahora, Dios parece todo benevolente, solo misericordioso, olvidadizo de las injusticias y permisivo del pecado. Pero llegará el día donde los libros serán abiertos y donde los hombres, las naciones y las instituciones que forzaron a los hombres a ir en su dirección serán juzgados y su juicio será grande.

Enseñanza #6: En vista de que hay un juicio futuro, el evangelio fue predicado aún a personas que el mundo juzgó y que hoy están muertas pero que en el día de mañana vivirán para siempre conforme a la voluntad de Dios. 1 Pedro 4:6 dice, “Porque con este fin fue predicado el evangelio aun a los muertos, para que aunque sean juzgados en la carne como hombres, vivan en el espíritu conforme a la voluntad de Dios.” Los que hoy hemos recibido el evangelio estamos destinados a morir al igual que el resto de los hombres, pero llegará el día en que viviremos con Dios en el Espíritu.

Entonces, ¿Qué hacemos en espera del día final? ¿Con qué nos quedamos?

Recordemos que la única razón por la que estamos atravesando este proceso tedioso que llamamos vida es porque un día a nuestros progenitores se les ocurrió que ellos no querían seguir obedeciendo la voluntad de Dios y decidieron desobedecer. Nunca perdamos de vista que la razón por lo que la gente va al infierno es precisamente por el ejercicio de su propia voluntad. No hay otra razón. Recordémonos unos a otros que fuimos comprados por precio y que por tanto ya no nos pertenecemos. No podemos decir que le pertenecemos a Dios y luego no querer hacer la voluntad de Aquel a quien le pertenecemos.

No olvidamos que nuestras voluntades están profundamente influenciadas por el pecado. Por tanto, alejémonos del el. Dios puso su Espíritu en nosotros para que ya no vivamos la vida en el poder de la carne, sino en el poder de su Santo Espíritu. Hemos sido “poseídos” por su Espíritu para que podamos agradar a Dios. El hecho de que Dios no nos creo para nosotros, si no que nos creo para la alabanza de su gloria debiera mover al pueblo de Dios hacia la obediencia.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Que tu sufrimiento adorne tu esperanza” basado en 1 Pedro 3:13-18.

El pastor de nuestro tiempo necesita enseñar a su iglesia a sufrir y a sufrir bien por la causa de Cristo porque no está lejano el día cuando nos toque a nosotros padecer la persecución. Por primera vez en los últimos años, hemos visto pastores en la Europa no comunista ir a la cárcel por predicar la verdad de la Biblia. La iglesia primitiva vivió por algo similar por un buen número de años y es por eso que Pedro escribe en 1 Pedro 4:12, “Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo.” Para la Iglesia de Cristo la persecución ni es nueva ni es extraña.

En 1 Pedro 3:13-18, Pedro comienza hablar de la persecución y del sufrimiento. Esta carta fue escrita precisamente para animar y fortalecer a cristianos que estaban en peligro de persecución o apunto de sufrir dicha persecución.

En el mesanje anterior, vimos como Pedro nos llama a no devolver mal por mal, ni insulto por insulto, sino más bien a bendecir (v.9). En el versículo 10 de este mismo texto, Pedro nos dice que el que quiera ver días buenos necesita refrenar su lengua del mal y sus labios no pueden hablar engaño. Finalmente, en el versículo 11 se nos llama a apartarnos del mal y hacer el bien. En esencia, Pedro está definiendo lo que debía ser el estilo de vida de un discípulo de Cristo o un discípulo de la cruz. Entonces, llevando ese estilo de vida, Pedro pregunta en el versículo 13, “¿Y quién les podrá hacer daño a ustedes si demuestran tener celo por lo bueno?”

No creemos ni por un momento que Pedro está insinuando que si llevamos una vida moral y de mansedumbre, todo el mundo nos va a tratar bien. Él sabe que eso no fue cierto ni siquiera en la vida de Cristo que vivió una vida perfecta. Es cierto que, en general, con la medida que medimos a otros somos medidos… pero Pedro está conciente de que eso no ocurre así en muchos casos y esa es la razón por la que inmediatamente el agrega en el versículo 14, “Pero aun si sufren por causa de la justicia, dichosos son. Y no tengan miedo por temor a ellos ni se turben,”

Pedro les recuerda que aquellos que padecen por hacer lo correcto o por la causa de Cristo son considerados por Dios como bienaventurados, bendecidos. De acuerdo con el apóstol Pablo en Filipenses 1:29, sufrir por la causa de Cristo, lejos de ser una maldición, es una bendición. Si eso es verdad, eso explica el sufrimiento de Job, José, Daniel, Cristo, Pablo y del resto de los mártires. Los mejores de Dios en la Biblia parecen haber sufrido lo peor.

Parte de la razón por la que el sufrimiento es visto como una bendición por Dios, en parte se debe a que nos ofrece una oportunidad de mostrar a otros que Cristo es digno de cualquier sacrificio, dolor, precariedad, persecución o de cualquier otro mal. Si no valoramos a Cristo de esa manera, los demás no lo van a hacer.

Por otro lado, sufrir para Cristo es una bención porque hay algo especial que Dios hace cuando nuestros sufrimientos aumentan. 2 Corintios 12:9 dice, “Y Él me ha dicho: «Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad». Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí.” En parte, por eso Pedro dice que si sufres por causa de la justicia, eres un bienaventurado, porque has recibido una porción aumentada de la gracia de Dios. Has recibido una visitación el Creador del cielo y la tierra que otros no han recibido.

Pedro continúa diciendo, “y no tengan miedo por temor a ellos ni se turben.” La idea es que los hijos de Dios no se atemoricen ni se intimiden cuando agentes del mal nos amenazan con perseguirnos o hacernos sufrir. No pierdas tu tiempo cargándote con esas posibilidades; Dios está por nosotros y no contra nosotros. Sus ojos están sobre los justos y Sus oídos atento al clamor de ellos. Requiere de fe para recordar estas grandes verdades en medio del dolor, pero esa es una de las formas de cómo librar esta batalla espiritual en medio de la cual nosotros nos encontramos. En vez de temer a los hombres que nos persiguen y que pueden matar el cuerpo, Cristo enseñó que debiéramos temer a Aquel que puede matar tanto el cuerpo como el alma: ese es Dios mismo.

El versículo 15 versículo nos llama a tener una cierta disposición mental, un cierto conocimiento y una experiencia para estar siempre preparados para poder hablar y defender la fe. En este solo versículo, Pedro nos da cuatro instrucciones:

  1. Santificad a Dios en vuestros corazones.
  2. Estar siempre preparados.
  3. Presentar defensa de la esperanza que hay en nosotros.
  4. Hacer todo esto con mansedumbre y reverencia.

El corazón del hombre es usado en la Biblia para representar sus pensamientos, sus emociones y aún su voluntad. Por tanto, santificar a Dios en nuestros corazones es reconocer el señorío de Cristo sobre todas las áreas de nuestras vidas, sin excepción. Cristo tiene que reinar de forma suprema sobre nuestros pensamientos e ideas, sobre nuestras emociones y sobre nuestra voluntad que tiene que estar sometida a la voluntad de Dios. Cristo tiene que ejercer señorío sobre el sufrimiento que Él ordena para mi.

Dios elige el camino que yo debo transitar y luego prescribe para nosotros la forma como debemos reaccionar: con sumisión, gozo, aceptación, glorificación de Su nombre y propósito. En resumen, como lo hizo Cristo.

Luego Pedro nos llama a estar siempre preparados para presentar defensa de la esperanza que hay en nosotros, pero especialmente de la esperanza que está en nosotros en medio del sufrimiento y el dolor. Tenemos que defender la esperanza que tenemos cuando nos preguntan, ¿Por qué bendecimos cuando nos maldicen? ¿Por qué no devolvemos mal por mal? Reaccionamos de forma distinta a como el mundo lo hace porque sabemos que tenemos una mejor vida que nos espera, una mejor morada donde vivir, un lugar donde todas mis anhelos serán satisfechos, un lugar donde no habrá más llanto, ni dolor, ni muerte y donde todo tendrá sentido. Esa es la razón de la esperanza que hay en nosotros. 

Pedro continúa diciendo en el versículo 16, “teniendo buena conciencia, para que en aquello en que son calumniados, sean avergonzados los que hablan mal de la buena conducta de ustedes en Cristo.” Él nos llama a tener una buena conciencia que necesita estar informada por la palabra de Dios o, de lo contrario, no va a funcionar bien. Necesita ser sensible al pecado para poder detectarlo y rechazarlo. Necesita estar en paz con Dios, conociendo que ha hecho todo lo que ha hecho para la gloria del mismo Dios. Necesita estar limpia el pecado de manera que, cuando se le acuse, ella pueda determinar que la acusación es falsa y permanecer en paz.

1 Pedro 3:17 dice, “Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios, que por hacer el mal.” Una vez más, estas enseñanzas nos muestran cuán contracultural es la fe cristiana. Nosotros vivimos en un mundo de maldad, entregado al pecado; pero en ese mundo, la victoria sobre el mal nunca será obtenida practicando el mismo mal. Dios honra el ejercicio del bien y se ha propuesto destruir el mal por medio del bien.

Ahora, al final de este texto, Pedro nos presenta la razón y la motivación para nosotros sufrir bien en la carrera cristiana. “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne pero vivificado en el espíritu.” (v.18) A Cristo le costó mucho dolor, sufrimiento, burla y humillación el poder llevarnos a Dios. No puede ser que el Creador esté dispuesto hacer algo por la criatura que la criatura luego no está dispuesto hacer por el Creador. 

Sufrir cuando nosotros estamos siendo maltratados habla bien de nuestro Dios que es digno de mi sufrimiento. Necesitamos valorar mucho mas a Cristo para valorar mucho mas el sufrir por Él.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “¿La buena vida o la vida buena?” basado en 1 Pedro 3:8-12.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Una esposa que exhibe el evangelio y un hombre que lidera como Cristo” basado en 1 Pedro 3:1-7.

1 Pedro 3:1-7 contiene instrucciones para la esposa y para el esposo. Si meditas, descubrirás que en el mensaje del evangelio hay un desprendimiento de sí mismo que llevó a Cristo a dejar su gloria, una humillación de parte del Hijo que se encarna y se hace hombre, y un componente de sacrificio de parte de la Segunda persona de la Trinidad que muere en lugar del pecador. Algo similar tiene que ocurrir al casarnos. La humildad es un requisito indispensable para un buen matrimonio. Sin el auto sacrificio, puedo estar casado, pero no llego a ser una sola carne. En el mensaje del evangelio, hay una sobre dosis de gracia llamada “gracia sobre gracia” de parte de Jesús para vivir y para morir para el perdón incondicional de pecados. Sin esa actitud mental, el matrimonio no sobrevivirá.

De inmediato tenemos que admitir que exhibir el evangelio en tu vida como esposa, de manera consistente, es extremadamente difícil. Al mismo tiempo, tenemos que admitir por igual, que, para un esposo, liderar como Cristo lo hizo, de manera continua, no es extremadamente difícil, es imposible. Vivir el estándar del matrimonio va a requerir un sometimiento incondicional a nuestro Dios creador y redentor.

El texto leído tiene varias enseñanzas para las mujeres que yo quisiera abordar en el orden en que aparecen para luego continuar con las enseñanzas para nosotros los hombres que estamos casados.

Enseñanza #1: “mujeres, estén sujetas a sus maridos…”

Esa instrucción, en un sentido, no es diferente a la de estar sometidos al rey o al gobernador o a cualquier otra autoridad. Al mismo tiempo, esa instrucción no es diferente a la manera como Cristo se sometió a toda autoridad humana y, de hecho, al hacerse siervo, se sometió a todos los hombres hasta el punto de lavar los pies cuando Él debió haber sido quien tuviera Sus pies lavados. El estándar para las mujeres hacia sus maridos no es distinto al estándar de sumisión requerido en otras condiciones de convivencia.

El contexto de este pedido está relacionado a las mujeres que están casadas con esposos inconversos. Eso no quiere decir que aquellas que están casadas con esposos creyentes no requieren sumisión. Pero lo menciono porque, con esta sumisión, Pedro está apuntando a un resultado cuyo instrumento para conseguirlo es el espíritu sumiso de la esposa. Pedro estaba apuntando a la evangelización del esposo no creyente por medio de una esposa que no podía predicar el evangelio a un hombre rebelde, pero que si podía vivir el mismo evangelio delante de sus ojos.

Enseñanza #2: “Que el adorno de ustedes no sea el externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.”

El ser humano siempre ha tenido una tendencia a preocuparse de manera prioritaria por la forma cómo luce, cómo habla y cómo es percibido por las personas a su alrededor. Hemos desarrollado una idolatría hacia la apariencia, la buena reputación y el buen nombre. Al mismo tiempo, el cristiano se afana por todas esas cosas de este mundo que no tienen valor eterno, mientras que descuidan de su mundo interior, el cual es el que más importancia tiene.

Pedro le dice a las esposas, si te vas a preocupar por mostrar un adorno, este debe ser lo que tú exhibes: “un espíritu tierno y sereno…” El espíritu tierno es un espíritu tranquilo, uno que no usa palabras que causen fricción o una conmoción destructiva. Eso no es distinto a cuando Cristo nos llama a todos aprender de Él para que seamos mansos y humildes de corazón… no por obligación, no para simulación y no para dar la impresión.

En la medida en que los años pasan, el físico se va apagando: la piel se arruga, los cabellos se caen y se emblanquecen, los músculos se vuelven flácidos, el abdomen tiende a crecer y el cuerpo tiende a encorvarse. Mientras eso está ocurriendo, se supone que, en el interior de todos nosotros, nuestro espíritu sea más manso, sumiso, tierno, amable, sensible, empático, amoroso, compasivo, servicial, y santo… en fin, más como Cristo.

Pedro está animando a las mujeres de estos hombres inconversos, pero por aplicación, a todas las mujeres, para que luzcan hermosas por dentro. El Señor valora cuando una esposa que cultiva su mundo interior por encima de lo que es su apariencia exterior (Proverbios 31:30).

Enseñanza #3

Ahora Pedro llama a los maridos a vivir con sus mujeres de manera comprensiva y que convivan de acuerdo con el conocimiento de su esposa. Un esposo a la manera de Cristo conoce las necesidades espirituales y emocionales de su esposa, conoce sus temores, conoce sus debilidades, conoce su necesidad de protección y de apoyo, conoce su mundo interior y conoce qué le ofende y lo que le afirma. Él tiene un llamado a liderar como Cristo y, por tanto, de la misma manera que Cristo conoce las necesidades de Su iglesia, el esposo cristiano necesita conocer las necesidades de la mujer que Dios le regaló.

Conocer o comprender nuestras esposas requerirá pasar tiempo con ellas, hablar con ellas y escuchar no solamente sus palabras, sino también escuchar su mundo interior que muchas veces no sale en las palabras. Comprender nuestras esposas requerirá poner sus necesidades por encima de las nuestras, siempre y cuando el llenado de sus necesidades no sea una demanda que viola la palabra de Dios.

A manera de aplicación, quisiera decir que el esposo conoce que su esposa ha sido llamada a someterse a su liderazgo, pero al mismo tiempo, él conoce que la sumisión a él no implica que la esposa:

  • es inferior,
  • no opina,
  • no pide cuentas a su esposo.
  • apoya la irresponsabilidad/pecado del esposo, y
  • tolera el abuso verbal/físico o el abuso de sus hijos.

Enseñanza #4

Pedro nos llama a tratar a nuestras esposas como vasos frágiles. Esto probablemente se refiere más a su debilidad física comparada con la fortaleza física del hombre. Sin embargo, creo que un hombre tallado a la imagen de Cristo también debe exhibir una fortaleza emocional y espiritual por encima de la fortaleza de la persona que él tiene que liderar.

Liderarlas como vasos frágiles implica, entre otras cosas, conocer la fragilidad de sus emociones y, por tanto, nuestra disponibilidad para amar y perdonar cuando sus emociones frágiles hayan llegado a ofendernos y a irrespetarnos. La fragilidad de nuestras esposas muchas veces las llevará a alejarse emocionalmente y la fortaleza que nosotros tenemos que exhibir nos llama a permanecer en el mismo lugar cuando ellas regresen.

Lamentablemente, y lo digo de una manera no acusatoria, sino pastoral, la mayoría de los hombres no se ha ocupado de cultivar su mundo interior y, por tanto, exhiben una fortaleza emocional y espiritual inferior a la de sus esposas. De ahí proviene la necesidad continua de necesitar que sus esposas le hagan sentirse seguros, en vez de nosotros ser los que brindan seguridad a sus parejas.

Enseñanza #5

Pedro nos recuerda que la mujer no es en nada inferior a los hombres y la manera como Pedro resalta esa realidad es enseñándonos que ella es: “heredera como ustedes de la gracia de la vida.” Mi esposa es mi coheredera en el reino de los cielos, aunque allí no será mi esposa. Es esa realidad que hace que Pedro nos llame a darle honor, por ser heredera como ustedes de la gracia de la vida.

Si tenemos que darle honor como coherederas con nosotros, eso implica cuidar de ellas como quien cuida una hija de Dios. Cuidar de ellas para ayudarles a crecer a la imagen de Cristo,

Enseñanza #6

El no llenar nuestras responsabilidades como esposos debilita nuestras oraciones. La manera como nosotros tratamos a nuestras esposas es tan importante para Dios que el no llenar nuestras responsabilidades hace que nuestras oraciones no sean escuchadas. El no llenado de mis responsabilidades para con mi esposa, es vista por Dios como rebelión y, por tanto, me disciplina dejando de responder a mis oraciones.

Hermano, no pienses que llenar pobremente tus responsabilidades con tu esposa es de poco peso frente a Dios. De hecho, es algo tan pesado que Dios decide cerrar sus oídos a tus oraciones por tu falta de cuidado hacia ella.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Jesús es tu ejemplo… ¡Sigue Sus huellas!” basado en 1 Pedro 2:18-25.

Hoy continuamos nuestra serie sobre la primera epístola de Pedro escrita a una comunidad cristiana dispersa que estaba bajo tribulación, persecución y opresión. De 1 Pedro 2:11-4:11, el apóstol Pedro continuamente instruye a los creyentes con relación a sus obligaciones en la sociedad. En otras palabras, Pedro reconoce que, en la iglesia, no hay judíos, ni gentiles, ni hombres, ni mujeres, ni esclavos, ni libres… todos somos hijos de Dios y hermanos en Cristo. En ese sentido, todos somos iguales. Pero en la sociedad, de este lado de la eternidad, hay una jerarquía que respetar. Por tanto, en esta epístola, Pedro nos habla de someternos a nuestras autoridades.

En el texto de hoy, Pedro continúa con instrucciones similares, pero amplía su explicación de por qué deberíamos someternos a las figuras de autoridad hasta llevarnos a la razón final de porqué el cristiano debe exhibir un espíritu de sumisión a lo largo de su vida. El versículo clave, el eje alrededor del cual gira todo lo que Pedro tiene que decir en 1 Pedro 2:18-25 es el versículo 21: “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos…”

La primera instrucción en este pasaje es para siervos o esclavos, pero como aplicación es para todos nosotros: “Siervos, estén sujetos a sus amos con todo respeto, no solo a los que son buenos y afables, sino también a los que son insoportables.” (v.18) En el imperio romano, había diferentes tipos de esclavos: unos trabajaban duramente en el campo y eran tratado de forma infrahumanas y otros eran esclavos que formaban parte del núcleo familiar y eran tratados de una forma más respetuosa. La palabra traducida como “esclavos” en este texto no es la usual, no es “duolos”, sino “οἰκέτης” (pronunciación: oikéteis) que significa “sirvientes de la casa”. A estos siervos, Pedro los llama a estar sujetos a sus amos con todo respeto. El llamado no es a una simple obediencia, el llamado es a la sumisión respetuosa, válida tanto para los amos buenos y afables como también para los que son insoportables. Si eso es cierto de los de los esclavos con respecto a sus amos, también lo es de los empleados con respecto a sus empleadores, de los ciudadanos con respecto a sus gobernantes, o a cualquier otra figura de autoridad.

Cuando Pedro llama a esta sumisión, él no está simplemente tratando de evitar una rebelión social en el imperio, sino que él tiene un principio y una razón mucho más elevada que esta. El espíritu de sumisión a las autoridades es visto con buenos ojos de parte de Dios (Romanos 13:1). Si las autoridades son constituidas por Dios, mi sometimiento a ellas es obediencia a Dios. De hecho Romanos 13:2 dice, “Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí.” Por eso Pedro dice que cuando nos sometemos con respeto a la autoridad, eso halla gracia ante Dios; sobre todo cuando sufro injustamente (v.19). En otras palabras, mi sufrimiento injusto no es pasado por alto en el reino de los cielos.

Cuando yo sufro como consecuencia de mi pecado y lo soporto con paciencia, esa conducta no tiene ningún mérito ante los ojos de Dios. El mérito o la gracia es encontrada ante los ojos de Dios cuando, habiendo hecho lo correcto, sufrimos injustamente y, a pesar de eso, soportamos dicho sufrimiento con paciencia.

El versículo 21 continúa diciendo, “Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos.” Aquí podemos encontrar dos lecciones. Primero, el sufrir bien como testimonio de mi fe cristiana es parte de mi llamado. Segundo, Cristo sufrió por nosotros y nos dejó un ejemplo para que podamos seguir Sus pasos o Sus huellas. Pedro no solamente nos dice que el sufrir bien cuando estamos siendo tratados injustamente es parte de nuestro llamado, sino que Cristo nos dejó un ejemplo.

La palabra traducida como ejemplo en el griego es “hupogrammos” la cual significa “un escrito para ser copiado.” Cristo no simplemente nos dejó una enseñanza escrita que podamos recordar, sino que nos dejó, además, un ejemplo o modelo que podamos seguir e imitar.

¿Cuál fue el ejemplo que Él nos dejó de acuerdo con el texto de hoy? Los versículos 22 7 23 dicen, “el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca; y quien cuando lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquel que juzga con justicia.” Cristo llevó una vida santamente ejemplar: nació, vivió y murió sin pecado y, aún así, fue ultrajado, burlado y, eventualmente, físicamente abusado. Aún en esa condición, Él no respondió ultrajando; fue llevado al matadero como oveja que no abrió su boca… Jesús sabía que Su Padre estaba al tanto y que Él fue quien ordenó ese sufrimiento (v.23).

De este lado de la eternidad, no esperes ser tratado con justicia; este es un mundo injusto por definición. Más bien debemos encomendar nuestras vidas y nuestros testimonios a Dios quien es quien juzga con justicia todo lo que nos acontece. Llegará el Día de rendición de cuentas y llegará el día cuando Dios hará justicia y dará a cada cual lo que le corresponde. La pregunta es si tenemos la fe para esperar hasta ese día.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermon “Tu vida como testimonio para los incrédulos” basado en 1 Pedro 2:11-15 & 17.

Nuestra forma de vivir ante los hombres es de vital importancia para la fe cristiana; nuestras vidas deben ser el adorno del Evangelio. La manera como obramos ante el mundo que observa debe hacer el mensaje de la cruz atractivo para los que no creen. Sabemos que el incrédulo vive buscando razones para justificar su incredulidad y es nuestra responsabilidad no darle motivos para dicha justificación. Pedro nos dice en 2 Pedro 3:11, “Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad.”

Pedro nos dice que nosotros somos linaje escogido, sacerdocio real y nación santa. Fuimos elegidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Nosotros no salimos a buscar a Dios, sino que en la libertad y en la sabiduría de Su voluntad soberana, Dios elijió a aquellos que formarían parte de Su pueblo. Dios nos separó y limpio de pecado al perdonarnos y ahora Él espera que nuestras vidas puedan reflejar la santidad de aquel que nos salvó. Somos un pueblo adquirido para posesión de Dios, pagados por la propia sangre de Cristo para sacarnos de la esclavitud del pecado en la que nos encontró.

Gran parte de el resto de lo que Pedro tiene que decirnos en esta carta tiene que ver con la manera como se supone que vivamos nuestra identidad en Cristo en el mundo en que nos encontramos. En el texto de hoy, Pedro tiene una recomendación negativa y una recomendación positiva en cuanto a la manera de vivir frente a los incrédulos.

Pedro nos recuerda que esta tierra no es nuestra residencia y, por tanto, nosotros no debiéramos pensarnos a nosotros mismos como ciudadanos terrenales sino como extranjeros y peregrinos. Luego él pasa a recomendar que el pueblo de Dios “se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma.” Si somos nuevas criaturas en Cristo, esa nueva criatura debe asumir un nuevo estilo de vida. Mi alma puede ser redimida, pero hasta que el cuerpo no sea levantado y transformado en gloria, dichos deseos no cesarán. Cuando surjan los deseos pecaminosos, tenemos dos opciones: abstenernos por medio del poder del Espíritu que mora en nosotros o ceder a dichos deseos, deshonrando a Dios y manchando la salvación que Cristo compró para nosotros.

Pedro nos llama a desplegar en la práctica la santidad como evidencia de que realmente somos los que Dios que somos. Para vivir de esa manera, Dios no nos ha dejado solos, sino que nos proveyó Su Espíritu para que por medio de Su poder, podamos vivir Su llamado. La fuerza de voluntad no es suficiente para contener nuestros deseos pecaminosos; vencer los impulsos de la carne requiere el poder del Espíritu de Dios.

La segunda recomendación que nos da Pedro es de practicar la abstención (v.12): “Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.” A Diós le importan los incrédulos porque ellos son el propósito de la gran comisión. Ellos llegan a creer por medio la predicación de la palabra, pero frequentemente comienzan a prestar atención a dicha predicación después de ver la manera de vivir de los convertidos.

¿Es tu estilo de vida atractivo para otros? ¿Quisieran otros ser como tú? ¿Desean otros copiar tu ejemplo?

Cristo nos llama a vivir de una manera tal ante los hombres que los demás puedan ver nuestras obras sin tener que hablar de ellas y así sentirse atraídos hacia el Señor de las obras, hacia Aquel quien realizó ese trabajo en tu vida. Vive tu vida delante del mundo que tu vida ejerza una influencia transformadora en la sociedad donde Dios te ha puesto.   

Sé un José, que vivió una vida de tal integridad que el faraón lo hizo su mano derecha y así preservó la nación de una hambruna de siete años, dando instrucciones de cómo guardar alimento porque esa prueba se acercaba. Sé un Daniel quien, en medio de la corte babilónica pagana, se ganó el afecto del rey hasta el punto que cuando él fue echado al foso de los leones, el rey se turbó y no pudo dormir toda la noche. Sé una Ester, cuyas acciones sirvieron para preservar la vida de toda la nación.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “Tu identidad en Cristo es un estilo de vida” basado en 1 Pedro 2:1-10 como continuación de la serie sobre 1 Pedro titulada “Viviendo con una perspectiva eterna”.

En la comunidad cristiana, no podemos hacer uso de nuestros méritos porque todos hemos sido destituidos de Su gloria y ninguno calificamos por nuestras propias fuerzas, sino que somos adoptados como hijos de Dios. Una vez adoptados, Dios nos otorga privilegios que ninguno de nosotros pudo haber concebido ni soñado. Son esos privilegios no-ganados, otorgados por gracia que constituyen nuestra identidad.

Tu identidad en Cristo no es una confesión doctrinal, ni un concepto teológico, ni algo para ser disfrutado al entrar a la eternidad… ¡Nada de eso! Tu identidad en Cristo es un estilo de vida.

1 Pedro 2:1-10 representa una continuación del capítulo uno, donde Pedro nos recuerda que somos elegidos (1 Pedro 1:1), santificados por el Espíritu (1 Pedro 1:2), aceptados ante Dios, nacidos de nuevo (1 Pedro 1:3), herederos de una herencia incorruptible (1 Pedro 1:4), protegidos por el poder de Dios (1 Pedro 1:5) y Sus siervos porque fuimos redimidos de nuestra vana manera de vivir (1:18). Todo esto es lo que Dios hizo por nosotros. Luego Pedro da varios imperativos que a nosotros nos toca hacer. Debemos preparar nuestro entendimiento para la acción (1 Pedro 1:13a), ser sobrios en espíritu (1 Pedro 1:13b) y poner nuestra esperanza completamente en la gracia que se nos traerá en la revelación de Jesucristo (1 Pedro 1:13c). Además no nos debemos conformar a los deseos que antes teníamos en nuestra ignorancia (1 Pedro 1:14) y sí debemos ser santos en toda su manera de vivir porque Él es santo (1 Pedro 1:15-16).

Si Dios nos llamó a la santidad y a amarnos entrañablemente unos a otros, en nuestro caminar no debe haber malicia, engaño, hipocresías, envidias ni difamación. Nada de eso es compatible con el amor cristiano y mucho menos con nuestro llamado a ser santos. Todos llegamos a la familia de Dios experimentando todos los sentimientos típicos de una naturaleza caída, pero no podemos seguir luciendo así. La única manera de dejar esas cosas atrás es haciendo lo que se nos dice en 1 Pedro 2:2: “deseen como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra, para que por ella crezcan para salvación”. La Palabra aplicada es el instrumento de santificación (Juan 17:17).

Habiendo dicho eso, notemos primero como Pedro caracteriza a Cristo. En 1 Pedro 2:4, Cristo es llamado “piedra viva” y nosotros, lo que hemos venido a Él, somos llamados “piedras vivas” (1 Pedro 2:5). Ahí, Pedro nos dice que Cristo, como piedra viva, fue “desechada por los hombres…" Es por esto que no debe sorprendernos cuando el mundo nos rechace y nos odie como el mismo Señor nos advirtió que lo harían (Juan 15:18; Mateo 10:22; 24:9). Lo que Cristo es, de alguna manera, nosotros somos porque estamos en Él. Los que hemos creído en Él hemos llegado a ser algo extraordinario para algo extraordinario (1 Pedro 2:9):

1. Somos linaje escogido

Dios ha escogido a un grupo de personas sin mérito alguno para pasar la eternidad con Él. Si entendiéramos completamente el estado de ruina en que la desobediencia de Adán nos dejó, viviéramos continuamente dando gracias a Dios por habernos elegido aún después de haber quedado tan corrompidos. Somos linaje escogido para salvación y para ser libres del pecado, de inseguridades y de temores; libres para amar, para ser amados y para disfrutar de las bendiciones de Dios.

2. Somos real sacerdocio

Después de la muerte de Cristo, Él nos abrió el trono de la gracia de manera que cualquiera de nosotros se puede acercar a Él con confianza. Además, con Su muerte, Cristo nos otorgó no solamente el privilegio sino también la responsabilidad de servirle mientras estamos en el mundo.

3. Somos nación santa

Nosotros somos ciudadanos de otro reino porque, como bien dijo Cristo, Su reino no es de este mundo. Por tanto, de este lado de la eternidad, debemos representar santamente al Dios que nos reconcilió con Él. Debemos representar a nuestro Dios por lo que es en cada momento, sin importar si es en privado o en público.

4. Somos pueblo adquirido para posesión de Dios

Fuimos comprados a precio de sangre, adquiridos en el mercado de esclavos; como iglesia, hemos sido esposados a Cristo y declarados libres para que el pecado no reine sobre nosotros. Antes estábamos en y éramos tinieblas, ¡Pero hoy estamos en la luz! Había oscuridad dentro de nosotros debido a nuestra iniquidad y cuando Cristo vino, Su luz brilló en nuestro interior y disipó las tinieblas.

Ahora nuestra responsabilidad es proclamar y reflejar las virtudes de Aquel que nos hizo el llamado. ¡Es un privilegio poder reflejar las excelencias de nuestro Dios!

Amados hermanos y hermanas en Cristo, vivimos en medio de un mundo en rebelión… En medio de eso, nosotros somos Su embajadores, suplicandole a los enemigos de Dios que se reconcilien con Él. El mundo es el campo de batalla, la cruz es nuestra bandera, la Palabra es nuestra arma, la iglesia es la sede donde se nos recuerdan nuestras órdenes para marchar, la oración es el lugar de descanso en medio de la batalla, el Espíritu Santo es el agente revelador y nuestro combustible, el cielo es nuestro destino y Cristo es nuestra recompensa.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “El amor genuino, la marca distintiva del cristiano” basado en 1 Pedro 1:22-25.

Este domingo, el pastor Miguel Núñez predicó el sermón “De la vanidad a la gloria via la cruz” basado en 1 Pedro 1:18-21

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